I
¿Que para su rescate —del hombre en el pecado—,
cruzaste por el himen intacto de María?
¿No engendra suspicacia salvar por esa vía?
¿No pudo tu palabra mudar el mal estado?
"¡Sin falla quede el cosmos!", hubieras exclamado.
¿Un acto así de simple no quiso tu alma "pía",
y entonces preparaste tu drama de agonía?
¿Necesitabas sangre, tu crúor derramado?
Y como Dios y ofrenda, Cordero de expiación,
¿a quién es que ofreciste tu vida en sacrificio?
¿No es esto un disparate de suma proporción?
Falaz deicidio vano, de nulo beneficio;
¿de qué sirvió tu muerte, tu propia inmolación?,
si el mundo permanece lo mismo que al inicio.
II
¿Que para liberarnos del sórdido pecado,
el útero virgíneo tomaste de María?
¿No es muy extravagante salvar por esa vía?
¿No pudo tu palabra mudar el mal estado?
"¡Sin falla quede el cosmos!", hubieras exclamado...
Al Verbo* te negaste, y para la amnistía,
"benigno", decidiste su pena y su agonía...
¿Del Hijo precisabas el crúor derramado?
Hiciste de Él ofrenda, Cordero de expiación,
y fue la cruz infame tu altar del sacrificio;
¿no es algo abominable, locura, sinrazón?
Falaz deicidio vano, de nulo beneficio;
¿de qué sirvió su muerte, su cruel inmolación?,
si el mundo permanece lo mismo que al inicio.
*Verbo en doble sentido, como palabra y como Jesucristo, el primogénito de Dios mediante el cual fue creado el mundo, por pura locución —como en el "Hágase la luz" del Génesis—, según el Evangelio atribuido a Juan, que, en palabras de Robert Ambelain, "es en realidad un ensamblaje de textos cristiano-gnósticos, que eran a su vez malos plagios del Corpus Hermeticum".
En la primera versión (soneto I), es Dios mismo quien se sacrifica; en la segunda (soneto II), el sacrificado es su Hijo.
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Autor:
Alek Hine (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de marzo de 2015 a las 19:33
- Comentario del autor sobre el poema: Robert Ambelain (1907–1997), ensayista francés, abre su obra "Jesús o el secreto mortal de los Templarios" (1982) con la siguiente cita de A. Schweitzer (1875–1965), doctor en teología, antiguo pastor y premio Nobel de la Paz en 1952: “Los defensores de la historicidad de Jesús deben considerar seriamente la importancia de su posición… Corren el riesgo de sostener los títulos históricos de una personalidad que puede resultar ser completamente diferente a aquella que imaginaban cuando emprendieron su defensa” (ib. 9). Y en una nota al final de la misma obra, cierra con estas palabras: “… durante más de quince siglos un verdadero ‘lavado de cerebro’ dogmático ha impregnado, a las buenas o a las malas, el psiquismo hereditario del hombre occidental, y a menudo, sin que este se diera cuenta, lo ha vuelto más o menos refractario a la crítica, e incluso a la lógica más evidente. ¡El propio autor reconoce no haber escapado a él antaño!” (ib. 310). Y en el capítulo sobre la redención (ib. 268), escribe: "Víctor Hugo planteó bastante bien el problema: «La Redención es 'Dios-Justo' haciendo sufrir a 'Dios-Inocente' para desagraviar a 'Dios-Bueno'...». ”Algo así como si un profesor indulgente, harto de castigar a alumnos insolentes y alborotadores, y desconsolado por esa causa, un buen día administrara delante de ellos una corrección magistral al único alumno respetuoso y dócil, a fin de poder levantar, a continuación, todos los castigos a los alumnos malos, hilarantes ante dicho espectáculo. ”Pero, argüirá el lector creyente, es Dios mismo quien, en su amor infinito, sustituye al hombre, se sacrifica y sufre en su lugar. Está bien, admitámoslo. Entonces será a sí mismo a quien el bondadoso profesor administrará la corrección, ante los ojos y el enorme regocijo de los malos alumnos, que estarán desternillándose de risa. Plantear este problema significa ya por sí solo señalar sus inverosimilitudes” (Ambelain, R. [1982]. "Jesús o el secreto mortal de los Templarios" [1ª. ed., págs. 9, 268, 310]. Barcelona: Ediciones Martínez Roca, S. A.). Después de haber leído dicha obra (más de una vez; tan emocionante es, más incluso que una novela o cualquier obra de pura ficción, por ser un trabajo investigativo) y otras que versan sobre el tema, de distintos autores, me habría sido muy difícil, si no imposible, mantenerme en la misma posición respecto al personaje de Jesús. Aquí, dos sonetos alejandrinos de mi autoría, claro reflejo de una evolución del pensamiento en alguien que nació dentro de la muy extendida cultura cristiana y que tuvo la Biblia entre sus primeras lecturas y estudio. En la primera versión (soneto I), es Dios mismo quien se sacrifica; en la segunda (soneto II), el sacrificado es su Hijo.
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LA REDENCIÓN
"Víctor Hugo planteó bastante bien el problema: «La Redención es Dios-Justo haciendo sufrir a Dios-Inocente para desagraviar a Dios-Bueno...»
Algo así como si un profesor indulgente, harto de castigar a alumnos insolentes y alborotadores, y desconsolado por esa causa, un buen día administrara delante de ellos una corrección magistral al único alumno respetuoso y dócil, a fin de poder levantar, a continuación, todos los castigos a los alumnos malos, hilarantes ante dicho espectáculo.
Pero, argüirá el lector creyente, es Dios mismo quien, en su amor infinito, sustituye al hombre, se sacrifica y sufre en su lugar. Está bien, admitámoslo. Entonces será a sí mismo a quien el bondadoso profesor administrará la corrección, ante los ojos y el enorme regocijo de los malos alumnos, que estarán desternillándose de risa.
Plantear este problema significa ya por sí solo señalar sus inverosimilitudes."
—Robert Ambelain, JESÚS O EL SECRETO MORTAL DE LOS TEMPLARIOS
Excelente como siempre, Franco. Eres un gran poeta.
Y encima amplías de nuevo mi vocabulario, y eso que, modestia aparte, creo que no es pequeño: no conocía la palabra "crúor".
Sólo lamento que no te prodigues más, pero es injusto exigir cantidad a quien nos da tanta calidad.
¿Y el dogma de la Redención?...mejor no meneallo, porque no hay por dónde cogerlo al pobrecito.
Te agradecería que leyeras mis últimos sonetos y sonetillos y los juzgaras con tu difícilmente mejorable criterio.
Un saludo muy cordial.
Agradezco tu generosidad, Osvaldo.
Sobre que no me prodigo, no lo hago pues creo que como yo, a la mayoría no le gusta leer poesía muy extensa, esa que hace uso de muchos versos. Por eso elijo las formas breves, como el soneto, que puede leerse bien en uno o dos minutos. (Si publicando brevedades tengo poquísimos lectores, tal vez nadie me leería si publicara poemas abultados de estrofas, ja, ja, ja.)
Te leeré luego, porque ahora ando con prisas. Por el momento te dejo mi saludo y un abrazo.
Gracias por tu rápida respuesta, Franco.
Lo que lamento no es que tus poemas sean cortos (yo también los prefiero a los largos) sino que publiques pocos.
Un abrazo.
Siendo que el librepensamiento no es popular ni tiene amplia acogida, no me mueve el deseo de publicar en cantidad. En esto, sigo el consejo que diera Baltasar Gracián en su "Arte de la prudencia": "Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.
Tenemos, además, en el mismo sentido, el conocido refrán: "de lo bueno, poco". 🙂
Me encantan los dos sonetos. También no sé si sea un neologismo la palabra del título... ¡Pero es genial! 🤣
Deicidio... ¿Es de dar muerte a Dios, no? Lo busqué y tal parece que eso es. Antes de buscarlo, había creado una contextualización distinta... Pensé que deicidio era el acto de un Dios suicidándose. Aunque, bien mirado, es prácticamente así.
Sí, prácticamente el suicidio de Dios. Aunque un suicidio falso, falaz, porque Dios sabe que es inmortal. Su suicidio o el asesinato de su Hijo es una burla para la Razón. Si eso no es locura, no sé qué sea. Es irrisorio y lamentoso al mismo tiempo, lo mismo que decepcionante y enojoso.
Robert Ambelain (1907–1997), ensayista francés, abre su obra "Jesús o el secreto mortal de los Templarios" (1982) con la siguiente cita de A. Schweitzer (1875–1965), doctor en teología, antiguo pastor y premio Nobel de la Paz en 1952:
“Los defensores de la historicidad de Jesús deben considerar seriamente la importancia de su posición… Corren el riesgo de sostener los títulos históricos de una personalidad que puede resultar ser completamente diferente a aquella que imaginaban cuando emprendieron su defensa” (ib. 9).
Y en una nota al final de la misma obra, cierra con estas palabras:
“… durante más de quince siglos un verdadero ‘lavado de cerebro’ dogmático ha impregnado, a las buenas o a las malas, el psiquismo hereditario del hombre occidental, y a menudo, sin que este se diera cuenta, lo ha vuelto más o menos refractario a la crítica, e incluso a la lógica más evidente. ¡El propio autor reconoce no haber escapado a él antaño!” (ib. 310).
Y en el capítulo sobre la redención (ib. 268), escribe:
"Víctor Hugo planteó bastante bien el problema: «La Redención es 'Dios-Justo' haciendo sufrir a 'Dios-Inocente' para desagraviar a 'Dios-Bueno'...».
”Algo así como si un profesor indulgente, harto de castigar a alumnos insolentes y alborotadores, y desconsolado por esa causa, un buen día administrara delante de ellos una corrección magistral al único alumno respetuoso y dócil, a fin de poder levantar, a continuación, todos los castigos a los alumnos malos, hilarantes ante dicho espectáculo.
”Pero, argüirá el lector creyente, es Dios mismo quien, en su amor infinito, sustituye al hombre, se sacrifica y sufre en su lugar. Está bien, admitámoslo. Entonces será a sí mismo a quien el bondadoso profesor administrará la corrección, ante los ojos y el enorme regocijo de los malos alumnos, que estarán desternillándose de risa. Plantear este problema significa ya por sí solo señalar sus inverosimilitudes” (Ambelain, R. [1982]. "Jesús o el secreto mortal de los Templarios" [1ª. ed., págs. 9, 268, 310]. Barcelona: Ediciones Martínez Roca, S. A.).
Después de haber leído dicha obra (más de una vez; tan emocionante es, más incluso que una novela o cualquier obra de pura ficción, por ser un trabajo investigativo) y otras que versan sobre el tema, de distintos autores, me habría sido muy difícil, si no imposible, mantenerme en la misma posición respecto al personaje de Jesús.
Aquí, dos sonetos alejandrinos de mi autoría, claro reflejo de una evolución del pensamiento en alguien que nació dentro de la muy extendida cultura cristiana y que tuvo la Biblia entre sus primeras lecturas y estudio.
En la primera versión (soneto I), es Dios mismo quien se sacrifica; en la segunda (soneto II), el sacrificado es su Hijo.
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