«Volver», de Miguel Albero —Editorial Renacimiento—

Las tortugas baula viajan miles de kilómetros para desovar en la playa. Durante ese viaje, lloran. Lo que haya de ficción en la realidad quién lo sabe, lo que realmente importa es lo que una imagen, una experiencia, nos produce hasta obligarnos a regresar.

¿Podemos volver a los sitios en los que realmente fuimos felices? Esta es la pregunta fundamental que recorre el libro “Volver” de Miguel Albero (Editorial Renacimiento), una lectura a la que me he entregado con asombro y con cierto cuidado y que quiero recomendarles encarecidamente.

El viaje del héroe

“Volver” se divide en seis partes y puede leerse como un viaje hacia los confines del propio viajar-existir.

A través de los diversos poemas, Albero reflexiona sobre la necesidad que tenemos de emprender el vuelo, y las emociones que se trenzan en nosotros una vez que nos hemos puesto en camino. Ni Homero, ni Verne, ni menganito sabían al partir que ese ir era para siempre, y si lo intuían, el placer o la necesidad de levar anclas era demasiado más intensa y los llevó a no darle importancia.

Pero llega un momento del viaje en el que la distancia con el origen se intensifica, un punto en el que descubres que el sitio al que has llegado tampoco era el que imaginabas y entonces se abre la duda: ¿y si volviera? Pero volver es imposible porque aunque el mundo al que deseamos regresar siga en esencia intacto nosotros hemos mutado, y en esa transformación nos hemos dejado atrás a nosotros mismos, hemos construido una identidad que en el punto de partida habría sido imposible.

Sobre las transformaciones a las que nos expone el viaje nos enfrenta “Volver” y lo hace a través de un lenguaje cercano y cuidado al detalle , y una mirada agradecida hacia quienes han labrado de cuentos-viajes el mundo de la literatura.

Hace unos meses en una entrevista por correo con Eduardo Lago me dijo “Hay que salir del nido”. Irse, marcharse, despegarse, desprenderse, parecen verbos tan fáciles de decir y tan dolorosos en ocasiones de llevar a cabo. Verbos ciertamente impracticables desde el mismísimo nido, y que resultan imprescindibles para descubrir una vida alternativa.

La escritura que se alimenta de la extranjería cobra unos matices imposibles de reconocer en la propia tierra. Eso se nota en Albero, en su forma de mirar el mundo y de cuestionarse. Es que, posiblemente sea la extranjería la experiencia más contundente para aprender que en esta vida aquello que das por sentado no es tan cierto como crees. De alguna forma, ese vuelo del nido te obliga a poner en duda todo, partiendo de lo más natural y básico como es el lenguaje. Aprender a hablar y a través de esas primeras palabras nuevas repensar la escritura. Eso te condiciona, dice Miguel, porque entonces ya nunca puedes regresar. No puedes volver jamás porque no puedes decidir convertirte en la persona que eras antes de volar.

El viaje a la obra

La obra de un escritor ofrece atajos para arrimarse de un libro a otro, para entender la búsqueda desde las diversas perspectivas y disciplinas. Así “Volver” presenta muchos caminos que conducen a “Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera” (Páginas de Espuma). Entre la vuelta y la espera representadas en cada libro hay una mirada amplia que permite reflexionar sobre las consecuencias de cada una.

Podría decirse que mientras en el ensayo la perspectiva se posa en quien se queda: esperando esperanzadamente, sumido en la espera angustiosa, o apoyado en la espera deliberada, en “Volver” nos paramos en las piernas del que se va. Así, estas mismas historias que alimentan “Volver” tienen una segunda pieza que completa el puzzle que viene a ser desde la mirada del que guarda ausencias y que podrán descubrir si leen esa otra obra de Miguel que es muy interesante.

El libro se remata-resume en el poema “Y ahora qué”, donde se constata que nos hemos ocupado con afán y detenimiento de la ida pero poca importancia le hemos dado al regreso. Qué pensó Colón cuando volvía a España, qué Edmund Hilary cuando bajó del Everest después de haber coquistasdo tamaña hazaña. “No existen más ilíadas que tengan su Odisea”, dice Miguel. Este poema conduce sin duda a Godot por eso ambas lecturas en paralelo podrían devenir en un mágico hallazgo.

El último viaje

En algunos poemas la duda avanza como una daga, establece un punto de inflexión: la posibilidad de que aquella vida en la que jamás huimos-marchamos pudiéramos haber sido más felices, más nosotros, y en el que la soledad no se hubiera aventajado como una constante compañera, silenciosa y a ratos abrasiva.

Y allí se gesta y germina el miedo, como espacio, como casa, como sitio al que volvemos rebotando como si salir de él fuera imposible. La duda también lo abraza: de no saber si actuamos movidos por el hábito del viaje o por la necesidad de construirnos alejándonos de aquello que nos hiere.

“Volver” es, en pocas palabras, un libro sobre la forma en la que convivimos con nuestro pasado y con nuestros miedos, y también en la que trazamos nuestra esperanza, nuestro futuro. Sin lugar a dudas una lectura que puede ayudarnos a establecer ese camino de ida definitivo en el que lo que nos depara la huella es un siempre inaudito, un espacio nunca antes transitado en el que sentirnos a salvo de las imposiciones y del peso de la culpa y las tradiciones.

¡Lean “Volver” y sigan avanzando; porque nunca volverá la infancia, ni siquiera en el poema! La tortuga baula también recibe el nombre de laud: su llanto se derrama como la música, como la poesía, como la lectura.


 
 
VOLVER
Miguel Albero
Editorial Renacimiento
978-84-169810-3-8
100 páginas
9,90 €

Comentarios1

  • Rapsodico

    Qué buena pinta! Cuánto nos agrada esta labor de selección a los que nos gusta leer. Tomo nota, Tes. Un abrazo.

    • Tes Nehuén

      Muchas gracias, Rapsódico. Espero que lo disfrutes. Un abrazo!



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