«Tríptico del desamparo», de Pablo Di Marco —Odelia Editora—


 
Hay huecos en la vida que sabemos que van a estar ahí para siempre. Por mucho que viajemos, por formas distintas que encontremos de afrontar la vida, siempre ahí, el hueco. En su novela “Tríptico del desamparo” Pablo Hernán Di Marco (Odelia Editora) se asoma a esa hendidura en nuestra identidad y la afronta, desde el punto de vista narrativo y desde el punto de vista emocional. Es ésta una novela que te deja esa mezcla de dulzura y melancolía que caracteriza a las buenas historias, esas a las que tarde o temprano volvemos. No se la pierdan.
 
 

La identidad partida en personajes

Encubierta en una historia de amor esta novela nos ofrece una mirada sobre el ocaso de la vida y el peso de los errores del pasado. Irene, una traductora de sesenta años que ha decidido abandonar Buenos Aires para regresar a Venecia, de donde ha emigrado siendo una niña, conoce a Rafael Leone quien le ayudará a recordar la fuerza del deseo. Las consecuencias de esa relación se extenderán a lo largo de décadas, en la vida de ambos y servirán para hilar el transcurso de la novela. No obstante, ese amorío será tan sólo una excusa que le servirá a Pablo para trabajar sobre cuestiones filosóficas relacionadas con la identidad, las propiedades del tiempo y las imposiciones-expectativas sociales.

Una de las características principales de “Tríptico del desamparo” es su estructura. Se divide en cuatro partes, y cada una de ellas nos ofrece una nueva mirada sobre los mismos acontecimientos.

Tenemos en primer lugar a Irene, una mujer casi anciana que está perdiendo la vista y que ha decidido regresar a su lugar de origen donde la espera su hermana. Antes tiene que terminar de resolver algunos asuntos relacionados con su casa, su trabajo y acomodar sus emociones para prepararse a ese exilio que ha escogido. Pero ¿quién ha dicho que alejarse fuera una cosa sencilla?

En segundo lugar está Nicolò Marcovich, seudónimo de un autor cuya identidad no conocemos hasta bastante avanzada la historia. Cuando su editor pide una entrevista cara a cara para que sea publicada en El Mundo, aunque este tal Marcovich parece tener algunas exigencias.

En tercer lugar tenemos a Rafael Leone, un joven cuya vida parece un sin sentido que se alimenta de un resentimiento de clase y un ramillete de sueños frustrados. Su vida cambiará, sin embargo, y eso es lo que iremos averiguando a medida que leamos la novela.

La cuarta parte nos permite conocer a Alina, una monja con un pasado y un futuro sorprendente. Y creo que no diré nada más para no desvelar lo que este fabuloso personaje ofrecerá a los lectores.

Pero hay que volver a Irene que es la voz a la que más firmemente se aferra Pablo. La presencia de un hijo que aparece en pocas ocasiones para exigir dinero y ridiculizar a su progenitora permite dejar al descubierto un pasado oscuro y uno de los fracasos mayores de Irene, el de no haber sido una buena madre. La tensión que esto le provoca atraviesa la personalidad del personaje y es una de las cosas mejor conseguidas del libro.

Una novela, “Tríptico del desamparo”, escrita por ese tal Nicolò Marcovich será el hilo conductor que le ayude a Di Marco a enlazar toda la historia. Y aquí viene uno de los puntos interesantes de esta lectura: Di Marco nos ofrece un juego metaliterario fabuloso; a tal punto cautivador que llega un momento en que no entiendes qué es real y qué pertenece a esa otra ficción.

Así “Tríptico del desamparo” se convierte en un espejo reflejando otro espejo y así… ofreciéndonos, en definitiva, una representación fantástica de lo que la literatura es: un espacio en el que mirar la realidad, para volver a ella y desde ella mirar la ficción, y llegar a confundir entre fábula y realismo, perdiendo la noción de lo que nos hemos traído de ese otro mundo.

La luz y el desamparo

Una de las lecturas que permite esta novela es acerca de cómo la vida puede joderse bien, al punto de que ni siquiera en los momentos en los que parece que hemos logrado lo que deseábamos podemos ser felices. Ahí, el hueco.

Los ojos de Irene, que han sabido pasearse por miles de historias, que han sabido encontrar las palabras adecuadas para traducir y que han visto la luz con ilusión, están ahora cansados y lentamente van dejando de buscar esa claridad, apagándose como si fueran bombillas antiguas. En esta imagen tan sencilla Di Marco nos permite entrever uno de los temas centrales que atraviesa la novela: el fracaso, y creo que sobre él nos ofrece varias perspectivas a través de sus diversos personajes.

Las criaturas de esta novela escapan de la realidad pero ni siquiera con el deseo de crearse una nueva vida sino como quien se aferra al fracaso, conocedores de que ya no existe alternativa. Y me ha gustado que a pesar de lo pesimista que pueda resultar a simple vista esta idea Pablo se vaya por la tangente y la rodee de luz. ¿Puede haber esperanza cuando te convences de que todo está perdido? Esta podría ser la pregunta que ataca una y otra vez a lo largo de la historia.

Hay también una reflexión en torno a la decadencia del sector editorial. El derrumbe de las editoriales tradicionales y la modernidad que se come la historia de la literatura parecen dos inquietudes que alimentan la identidad de la historia. Y hay también un homenaje a todos aquellos guerreros que se mantienen en pie editando y poniéndole pasión al mundo del libro, en estos tiempos tan difíciles que vivimos.

A medida que avanzaba en la lectura no podía evitar recordar pasajes de “Las horas derramadas” (Trifaldi) en la que Pablo ya había trabajado sobre esta idea de fusión entre fábula y realidad, estableciendo conexiones metaliterarias y aferrándose a las voces de los que estuvieron antes. Posiblemente en todo lo que escribe, Pablo esté rindiendo homenaje a esos que escribieron antes, como buen lector que es. Así, leerlo es como dar un paseo a lo largo de la historia de la literatura.

En “Las horas derramadas” Pablo también había trabajado sobre esta dislocación del yo, del relato a la identidad, pero de una forma más intimista, aquí se abre un poco más para extender un mapa de lecturas y experiencias que llenan de color este tríptico, que es espejo.

Otro elemento que comparten ambos libros es el buen gusto de sus cubiertas. “Las horas derramadas” cuenta con una maravillosa ilustración de Ariel Olivetti, en la que se ve un monje en una biblioteca medieval un poco venida abajo; una imagen en la que se cuela la humedad y el paso del tiempo (dos elementos protagónicos de la novela). La cubierta de “Tríptico…” –un trabajo precioso de Che.ca diseño– presenta una casita de muñecas algo peculiar. En cada habitación podemos encontrar elementos distintivos de cada etapa del libro: la mudanza, el amor, la comunicación, el viaje, que nos permiten trasladarnos a las diversas emociones que transmite la historia y sus personajes. Los colores, además me resultan realmente cautivadores y apropiados para la narrativa de Pablo, donde la melancolía se halla presente y amenaza con echar abajo todo lo conquistado.

Merezcamos la verdad

Una de las cosas más interesantes de la lectura es la forma en la que Pablo encara a los personajes. Voy a referirme únicamente a Irene para no extenderme demasiado.

En un primer momento sentimos una especie de admiración por ella. ¿Cómo no admirar a una mujer que ha sabido hacer carrera en el mundo de la literatura, que ha emprendido viajes y que ha colaborado con la difusión de la literatura italiana en Argentina al traducir a sus más grandes escritores? Pero en poco tiempo se nos cae la ídola. Porque Pablo nos permite ver en el hueco, en su hueco, donde se esconde la verdad y enfrentarnos a sus miserias.

Entonces, esa señora perfecta resulta que tiene miserias y arrastra una humanidad que nos escuece, porque nos enfrenta a nuestro propio hueco. Y esa certeza que negamos pero amarillea, está ahí, siempre: todos somos mortales, estúpidos y cargamos con una maleta llena de errores.

Esa idea se extiende a lo largo de toda la novela y creo que representa una idea precisa de lo que la literatura debe ofrecernos: personajes en los que poder mirarnos, que estén a mitad de camino entre nuestra aburrida cotidianidad y el colorido misticismo que buscamos en los libros.

Al leer “Tríptico del desamparo” tenemos la oportunidad de zambullirnos en una historia ingeniosa donde realidad y fantasía se dan la mano para mostrarnos el camino a la verdad. ¿Seremos capaces de merecerla?

Si estás en Buenos Aires el 5 de octubre, no te pierdas la presentación del libro en la Librería Mandrágora. Debajo tienes el cartel con toda la información.


 
 
 
TRÍPTICO DEL DESAMPARO
Pablo Hernán Di Marco
Odelia Ediciones
9789874289391



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