«Sur», de Antonio Soler —Galaxia Gutenberg—

Leer a Antonio Soler es zambullirse en un terreno donde la luz pasa a través del lodo, donde la ficción es cruda y real como la vida pero como si la observásemos rodeada de una membrana de melancolía, que embellece lo que es a simple vista inocuo o incluso desagradable. El trabajo que miles de hormigas hacen para sobreponerse a la extinción: juntar trocitos de materia más o menos muerta y hacerla fermentar en el hueco profundo del hormiguero –hasta producir un hongo gigante que alcance para que todas puedan alimentarse y la vida, ahí, equilibradamente, siga a su ritmo–, eso es lo que consigue Antonio con cada novela. Con una técnica exquisita y su gran sensibilidad, junta lo inerte con lo dulce y fabrica artilugios inolvidables, de los que ayudan a sobrevivir. Y para ello se aprovecha de lo más sencillo, la pulsión del deseo, eso que a todos nos gobierna vorazmente alguna vez en la vida. “Sur” de Antonio Soler (Galaxia Gutenberg) es una novela compleja, retorcida y emocionante. La maravilla está aquí, sólo debemos abrir mejor los ojos.

Perdidos y no tan solos

Un hombre –que después sabremos que se llama Dionisio, Dioni– aparece en un descampado, inconsciente, un hombre rico que parece pobre, porque la muerte nos despoja de todo. En esa circunstancia, Dioni es un hombre sin pasado. Hasta que es reconocido. Este es el punto de partida de la novela: una catarata de hormigas masticando el cuerpo de un hombre que aún no ha muerto. De ese hilo tira Soler, para meterse hasta el fondo del hormiguero y ofrecernos una novela coral llena de personajes que se cruzan, que se aman, que se odian, que se ignoran, que se mienten. Si en una novela coral uno de sus componentes principales es el cruce de voces, en “Sur” encontramos el eco de la ciudad que rabiosamente quiere vivir, donde miles de voces (y muchos gritos) se entremezclan y se abren camino a través de callejones y callecitas.

“Sur” es una novela sobre el fracaso, y sobre cómo la vida puede retorcerse y retorcernos. Todo ocurre en una habitación gigante, con forma de ciudad de Málaga, en la que cohabitan muchas criaturas algunas más rotas que otras. Es un relato extendido que transcurre a lo largo de un sólo día y sobre la piel de un racimo de criaturas que se preguntan por ese punto en que las cosas se rompieron. Tenemos así personajes tiernos, rebeldes, perdidos, violentos, alcohólicos, fanáticos, enfermos, viejos, bipolares.

Pienso en la Penca, en su vida jodida desde la orfandad que busca contención en los cuerpos equivocados. En el Chinarro, que es uno de los que más me ha enternecido, con esa búsqueda del sitio al que van a parar las cosas, los objetos, quiere decir. ¿Y el Atleta? Lleva un diario para levantarse por sobre los otros hombres que lo miran con desprecio, mientras escucha a su abuela, que cuenta una historia de vampiros y no cree en el fracaso. Viene a mí la imagen de Céspedes, hacia quien es difícil no sentir emociones ambivalentes (o igual esto sólo sea cosa mía), con su humanidad tan a flor de piel y el corazón partido, con su cobardía y todo ese deseo. Y pienso en Carole y Julia, que parecen las dos mujeres equilibradas del conjunto, pero que también cargan lo suyo. Y después (o antes), Dioni, el hombre comido por las hormigas, dividido en dos por sus pasiones, un tipo que a fuerza de querer integrarse en la sociedad termina autodestruyéndose.

Hay aquí, en definitiva, un ramillete de personajes atribulados y perdidos. Todos, algunos de forma más intensa que otros, parecen estar haciéndose la eterna pregunta filosófica, ¿qué mierda estamos haciendo sobre este cementerio?

Decía ayer que lo que más me interesa en una novela coral es la fusión de las voces; creo que estamos ante una novela que lo consigue de forma magistral. Soler se aprovecha para eso de uso recurso extraordinario: la superposición de diversos registros que se encadenan y fluyen, contradictorios, como la vida y sus instantes. Establece así un ritmo constante que te permite seguir la historia como si se tratase de una narración oral o una película, en la que las imágenes se van sucediendo, en la que los gestos son reemplazados por el monólogo interior y las voces luchan por imponerse.

Y no sólo hay un trabajo detallista en el entramado de la historia y la aparición y presencia de todas las criaturas, sino que además, contamos al final con un glosario de personajes que nos permite comprender todavía mejor el trasfondo y el comportamiento de cada uno.

Destaco el gran realismo de los personajes masculinos, de su machismo y su miedo detrás de la violencia. Tiemblo con la gran capacidad para narrar la vulnerabilidad de las mujeres en este mundo de hombres.

Y digo que es una novela sobre el fracaso porque “Sur” cuenta la historia de personajes que caen sin poder hacer nada por evitarlo, llevados por la correntada, ese fuerte aluvión que es vivir como nos pautan, esa fuerte energía que nos impulsa y propulsa y que nos deja solos en un descampado sin saber bien por qué ni cómo hemos llegado hasta ahí. Sobre eso va “Sur”, sobre la fuerza irracional del deseo y su fuerza contraria, las buenas formas, las responsabilidades, la estructura que nos inculcan y nos meten con calzador, y a veces no nos calza, y terminamos perdidos, dando vueltas con una guitarra colgada del hombro por una ciudad en la que no terminamos de reconocernos o acercándonos a personas que nos empujan hacia abajo. Y en medio de todo ese torbellino, el terral que cae con toda su fuerza.

Deseo y erotismo contra la tristeza

“Sur” es técnicamente perfecta. La forma en la que Soler consigue amalgamar las historias, enlazar objetos, reducir distancias me ha resultado fascinante. Pero es que además, creo que es también una novela compleja en cuanto al trabajo que tiene en torno al deseo: esa puntada frente a la que a veces dudamos y a veces, no.

A lo largo de la lectura encontramos numerosas escenas donde el deseo da paso al erotismo y a veces, al sexo más difícil de narrar. Sin moverse de la línea, Soler consigue una buena novela erótica que se salta todos los carteles de prohibido y confunde géneros y circunvalaciones.

Decía que es una novela sobre el fracaso, y sí, pero con luz. Una novela contra la tristeza de la pérdida, debería haber dicho. Valiéndose de una trama compleja y de personajes retorcidos nos empuja a creer en la fuerza del deseo; nos invita a mirarnos en retrospectiva y ser conscientes de las muchas voces que nos hemos perdido por estar encuadrados en una foto, por no ser capaces de pensarnos a través de la piel, siempre tan modocitos intentando cumplir con unas exigencias que al final ni siquiera pueden alcanzarse.

“Sur” es como un tango, triste, melancólica pero luminosa en cuanto que se sabe dueña de una verdad: esto es todo lo que hay, todo lo que tenemos, y de nosotros depende que no nos coman las hormigas. Sur, ese tango en el que todo es pasado y pérdida se convierte en ese sentido en una mirada hacia las mil posibilidades que podríamos tener con sólo movernos del papel e inventarnos, recrearnos en nuevas experiencias.

La fuerza de la fluidez narradora

Un montonazo de cosas, de objetos, de perfumes, de historias se cuelan en esta amplia novela de Soler. Y para unificarlas el autor se aferra al calor, a las sensaciones que trae el verano y a su superficialidad; el verano que nos descubre (quizá tenga algo que ver en ello el llevar poca ropa, el dejar al descubierto hombros, piernas, nucas). Sobre esa superficie al desnudo se apoya el escritor malagueño y nos brinda una novela colorida y realista. Mientras la leía han venido a mí sensaciones semejantes a las que me produjo en su momento “Luz de agosto” de Faulkner, en ese empeño por rescatar las sensaciones por sobre las imposiciones sociales: la mirada puesta en lo que tocamos y no tanto en lo que pensamos que piensan los otros.

Muros. Paredes. Jeringuillas. Humo… se abren camino a través de ese inmenso hormiguero que es la ciudad de Málaga, tan bien descrita, tan arquitectónica y googleable. Como un juego de naves de los años noventa, Soler se va metiendo por las calles, rodea los edificios, atraviesa las plazas, se adentra en casillas, en habitaciones oscuras, en mentes cubiertas de lodo. Y construye una inmensa y detallada pintura sobre la ciudad. Pero nos permite visitarla de otra manera: verla como una ciudad cualquiera, como la Nueva York de Dos Passos, pero con esa autenticidad que a ella le debemos. La escritura de Soler fluye por las calles de una Málaga más pintoresca que la que pisamos; una ciudad que sólo habita Soler, él y sus novelas, como la Macondo de ese tal García Márquez.

Una novela y otras novelas

Hay también en “Sur” un homenaje a la literatura. No es ésta una novela española; hace pie en las estructuras a las que se abrazaron los narradores de la generación perdida norteamericana y también en esa mirada melancólica de la literatura latinoamericana. Por supuesto, no faltan los compañeros de la Orden del Finnegan`s, ni el mismísimo Joyce, tampoco algunos de los amigos contemporáneos de Antonio, algunos nombrados y otros, invisibles. Pero no habrán leído una novela española semejante.

Soler nos demuestra aquí que en lo sórdido de la vida hay un terreno fértil para la narrativa. Y a través de esta compleja obra rinde homenaje a los que estuvieron antes, y aunque me sube un poco la bilis al notar que la mayoría de ellos son hombres, rescato la luz de tantos libros fabulosos que se traspasa a través de la narrativa precisa de Soler.

Pero vuelvo a Dioni. Todos llevamos vidas difíciles y a todos nos pesa algo (el pasado, las presiones, las expectativas que hay sobre nuestros hombros, alguna mala decisión). Y sin embargo, la vida es breve y no merece la pena desperdiciarla. Esto parece querer decirnos “Sur”, que es sin duda una novela a favor de la libertad y de la búsqueda del bienestar cueste lo que cueste y le pese a quien le pese.

“Sur” de Antonio Soler (Galaxia Gutenberg) es una novela coral auténtica y exquisita que nadie debería dejar de leer. Tenemos más oportunidades de las que aprovechamos, que no nos coman las hormigas.


 

 

SUR
Antonio Soler
Galaxia Gutenberg
978-84-17355-78-4
512 páginas
22,50 €



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