Hoy recomiendo «El falso techo», de Erika Martínez

Hoy recomiendo «El falso techo», de Erika Martínez

Hay autores que te enamoran desde la primera línea. Eso me pasó con Erika Martínez. Estaba recorriendo la sección poética de la librería Proteo y me encontré con ella. “Para amar un libro NO debes leerlo desde la primera página“, es una de mis premisas. Suelo dejar que mis dedos escojan la hoja, y no mi cerebro; la poesía toca primero el nervio, después, el entendimiento.

El primer poema de Erika que leí me cautivó profundamente (ya saben: la primera impresión). Es el que encabeza este artículo. Un poema me llevó al siguiente, y ese al de más atrás; y cuando quise darme cuenta, ya nadaba sin remedio en sus letras.

Me ocurrió además algo extraño: compré el libro y escogí justo un ejemplar que estaba fallado: una de las páginas, la del poema “Decir”, estaba arrugada. ¡Alucino con las causalidades de la vida! Como soy una fetichista cuidadosa de mis tesoros, hice una seguidilla de viajes a la librería, a fin de que me lo cambiaran.

Estas idas y vueltas me condujeron a entablar una relación tan personal con esos poemas, que no dudé en escribirle a Erika para agradecerle sus letras y solicitarle una entrevista. Su respuesta me asombró tanto como su poesía: tan cercana y cálida que enriqueció todavía más mi trabajo.

¿Por qué “El falso techo”?

A simple vista el título me sugirió la idea de algo que no es del todo cierto; de una estructura débil que puede romperse de un momento a otro, dejando a la intemperie una verdad más firme, pero menos “bonita”.

Erika me cuenta que ese título está relacionado con el descubrimiento de que nada nos protege, de que hasta hace poco vivíamos en una intemperie mal disimulada (en el hogar, en el amor y en el Estado social) que se nos ha revelado ahora de forma salvaje.

“El falso techo” es un libro lleno de matices y de guiños literarios y sociales, que se encuentra dividido en tres partes. (Me ha asombrado poderosamente lo bien conseguida que está cada una de ellas).

Hoy recomiendo «El falso techo», de Erika Martínez

El hogar invadido

El libro comienza con “Primer techo”, compuesto por un conjunto de poemas que versan en torno a las relaciones entre la memoria individual y familiar, y sus repercusiones en la ciudadanía y en la historia social. Somos individuos sociales a quienes les pesa el lastre de la memoria colectiva e intentamos borrar esa huella que huele mal o que nos avergüenza. Respecto a eso, Erika expresa que la humanidad odia su propio rastro, la suciedad de su paso por el mundo y que vive instalada en la tentación de borrarlo.

Esta primera parte parece escrita desde una perspectiva anarquista; de hecho, en general todo el libro me ha resultado sumamente subversivo. Quizás esto se debe a que todos leemos lo que queremos creer y entendemos la vida de los otros proyectando nuestros propios deseos y experiencias. Después de todo ¿no dicen que reescribimos la poesía cada vez que la leemos?

Al preguntarle a Martínez su punto de vista respecto a la poesía y la anarquía, su respuesta es clara. Expresa que lo que le interesa es la intervención de la poesía en la historia. Sus palabras son: “La poesía está atravesada por el mundo e interviene en él como otros muchos discursos sociales. Su fuerza es su capacidad de poner en juego esos discursos quebrando su carácter supuestamente natural y necesario. Creo en su poder de discusión. Un buen poema es siempre a su manera contestatario.

Hay un extracto de esta primera parte que pertenece al poema “Grifo que gotea” que me gusta especialmente. Dice así:

Hoy recomiendo «El falso techo», de Erika Martínez

La ficción del Estado

El “Segundo techo” se encuentra ligado a los sistemas que ordenan nuestra vida. Hay muchos poemas que hablan sobre el Estado y sobre la forma en la que se solapan derechos y obligaciones. Es una parte muy interesante en cuanto a las contradicciones que se perfilan.

Comienza con poemas más prosaicos, que rompen totalmente con la estética impuesta en la primera parte. Se me ocurre que la explicación podría residir en que el discurso social siempre se plantea de una forma fragmentada y disonante. En esta segunda parte aparecen interesantes reflexiones sobre el peso de la historia social y la construcción de las relaciones jerárquicas.

Me gusta, sobre todo, la forma sencilla, casi coloquial de los versos y, a la vez, la profundidad que se percibe. Hay varios poemas para destacar en esta parte. Mis favoritos: “Turismo” (una situación que se presenta como una alegoría de lo políticamente correcto, de esas acciones que llevamos a cabo como autómatas por temor a cruzar la línea de lo “aceptable”) y “Urna” (donde se plasma el gesto de confianza de un ciudadano al escoger a su gobernante y el peligro que se gesta en esa determinación). Este último cierra con una imagen contundente y lúcida.

Hoy recomiendo «El falso techo», de Erika Martínez

Escritura y proyección

Este es mi poema favorito. ¡Sí, el de la página estropeada! Pertenece a la tercera parte, el “Tercer techo”, que es alucinante: íntimo, creativo, literario

Cuando el techo se viene abajo, todo se desploma. La propia visión del mundo cambia y las emociones individuales se proyectan en las experiencias ajenas y en la escritura. Esta es la parte más rica del poemario, quizás porque plasma la repercusión del amor, del dolor y de las versátiles experiencias, en el arte. En estos poemas hay angustia, claridad, erotismo y, sobre todo, una ternura iluminada por una leve esperanza.

Uno de los mejores poemas es “Veo-veo”, donde se plasma la gran inexactitud (si cabe tamaña expresión) de la que se compone el mundo: las muchas miradas y perspectivas que existen para una misma realidad. Es otro de los poemas que terminan con frases directas. Dice:

Al leer a Erika te zambulles en una poesía fresca, donde cada palabra adquiere una dimensión única y cada página está llena de colores, de oscuridad y de luz, si fuera esto posible.

Hoy recomiendo «El falso techo», de Erika Martínez

Erika y la poesía

Esa curiosidad que la lleva a escribir es la misma que la impulsó a lanzarse a este vertiginoso mundo antes de tiempo (fue octomesina). Quizás,  por el mero placer de contrariar los planes que los demás tenían para ella o para dejar clarito de entrada que era ella quien guiaba su destino. Su potente poesía da buenas pruebas de ello.

Pasó la primera parte de su vida en un pueblo pequeño y pobre de la Andalucía profunda. Su primer contacto con la educación fue una clase en la que se juntaban niños de diferentes edades y niveles; donde aprendió a leer antes de tiempo (otra vez su curiosidad se antepuso a la norma). Poco después, se mudó a Granada, donde completó sus primeros estudios en un colegio de monjas.

La literatura se acercó a ella (creo que no somos nosotros los que la elegimos) a temprana edad. Sus padres percibieron su pasión por la lectura, y a su forma, la potenciaron. Además, tuvo la fortuna de toparse con buenos profesores que detectaron su vocación literaria, incluso antes que ella misma, y supieron apoyarla.

Hoy recomiendo «El falso techo», de Erika Martínez

César Vallejo, Eugenio Montale, Roberto Juarroz, Emily Dickinson, son algunos de los nombres que emite Erika cuando se trata de hablar de sus preferencias literarias. Esto dice bastante de su buen gusto, ¿no creen?

En lo que respecta a su creación, nos cuenta que no tiene una regularidad al escribir, ni hábito alguno. Dice que le gustaría estar escribiendo poesía todo el tiempo, pero que lo hace muy poco. Tampoco tiene manías: lo mismo escribe estando sola que, rodeada de gente; lo que sí, corrige muchísimo.

La poeta Erika Martínez (ella lo prefiere, a poetisa) viene a dejar en claro que las mujeres tenemos cosas para decir: “El falso techo” es un ejemplo concluyente de que la poesía femenina está más viva que nunca.

Termino con un poema de Óscar Hahn, que ha sido elegido por Erika para responder a la pregunta: “¿Qué significa para ti la escritura?

Hoy recomiendo «El falso techo», de Erika Martínez

Comentarios2

  • Rapsodico

    A buscar "El Falso Techo" y disfrutar con su lectura.
    Pero en este artículo me encanta todo lo que predicas de la poesía:
    "Quizás esto se debe a que todos leemos lo que queremos creer y entendemos la vida de los otros proyectando nuestros propios deseos y experiencias. Después de todo ¿no dicen que reescribimos la poesía cada vez que la leemos?" Magnífico.
    Y "la poesía toca primero el nervio, después, el entendimiento". Así es, al menos en mi caso.
    Un abrazo, Tes.

    • Tes Nehuén

      Ay, Rapsódico, ¡muchas gracias!!! En lo q a poesía atañe tenemos percepciones similares. ¡¡Fantástico!! Te agradezco x tu precioso comentario. Un besote.

    • lemcy

      Has despertado mi curiosidad, y me encantaría tener la oportunidad de leerlo; lamentablemente he buscado en las librerías y no lo consigo, al parecer no esta disponible en Colombia, pero seguiré tratando.
      Un abrazo...



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