«Chocar con algo», de Erika Martínez —Editorial Pre-Textos—


La vida es un desierto que se extiende a lo largo de los años. Un terreno en el que la poesía nos va sirviendo de posta, para sentirnos menos solos o para explicarnos mejor. Eso creemos al principio, pero a medida que vamos avanzando cada vez somos más conscientes de que no hemos venido aquí por respuestas sino para buscar las preguntas adecuadas. Ese es el hilo conductor de “Chocar con algo” de Erika Martínez (Pre-textos), un libro que indaga en los aspectos privados y públicos de la existencia desde un punto de vista filosófico y feminista y con un alto contenido político y erótico. Después de “El falso techo”, Erika vuelve a hacerlo: a ponerme difícil el trabajo de hablar sobre un libro que me resulta humanamente imposible de escribir. ¡Lean esta maravilla!

Agitar los brazos en el desierto

Habría que empezar por el principio. El primer choque. El cuerpo saliendo del hueco materno, manchado de sangre, de ansias, y ya condicionado a ser aquello que de él se espera. Los primeros poemas de este libro se centran en esa primigenia lucha personal —cuando empezamos a entender que todas las decisiones que tomamos son políticas— entre las normas que nos imponen y nuestra búsqueda ansiosa de la libertad. Así vamos avanzando hacia lecturas como “Abolirse”, “Condicionantes genéticos”, “El mundo cabeza abajo”, “Morir en Chile” o “Cosas que brillan en el desierto” (una fantástica alusión al documental de Patricio Guzman “Nostalgia de la luz” que explora sobre la memoria histórica de Chile y que puede servir para entender el pasado reciente de Latinoamérica), que nos van desvelando el ambicioso proyecto que se ha propuesto Erika aquí: indagar sobre el misterio de las cosas-acontecimientos-lugares-representaciones para entender de qué forma puede pasar la luz a través de ellos.

Mujer, hombre, abuelo, cristal, son los elementos fundamentales (en ese orden) de cada una de las estrofas de “Mujer mirando a hombre que limpia coche”, donde nos ofrece un argumento contundente contra las diferencias de clase y su estrecho lazo con un sistema político patriarcal y sexista. Y ésta es tan sólo una mínima referencia del laborioso trabajo que se esconde en estas páginas en las que Erika choca contra el lenguaje (herramienta de comunicación pero también de poder), las instituciones (que argumentan y ordenan ese lenguaje) y las convenciones (que interpretan y perpetúan el lenguaje-norma que dictan las instituciones).

Política y erotismo

Dice Erika que un agujero es el sitio en el que caben todas las posibilidades. Me ha interesado mucho esa idea; no sólo por el punto de vista feminista que representa sino porque creo que en gran parte sobre esos muchos agujeros que planean en torno a nuestra existencia se detienen los poemas. Agujeros como destinos turísticos a los que vamos si nos dejan, y si queremos. Instituciones, lazos sanguíneos, imposiciones sociales, hacen posible “La cadena” en la que nos guste o no todos colaboramos.

Y sigo. En poemas como “La soga del pie” también se mete Martínez por otro agujero: el de la tradición de clase. Nacemos en un entorno del que debemos sentirnos parte e incluso quienes huimos de él, de alguna forma, jamás dejamos de pertenecer allí; porque cuando intentamos olvidarlo es el propio mundo el que nos lo recuerda. Un poema contundente, sobre la herencia que se mide en distancia de tiempo, pero no de clase. Porque ese miedo de infancia, que se hereda, permanece con nosotros, aunque, evidentemente, podemos moverlo o volcarlo en un poema.

En “Chocar con algo” las preguntas surgen justamente por esa ruptura de la normalidad; comenzando por la indagación de la propia identidad (con interesantes reflexiones en torno a la eterna duda sobre ¿qué es cultural y qué biológico? —aunque la pregunta se formule siempre al revés—) y arribando a la identidad colectiva (generacional y feminista). Se aprecia esa mirada torcida que se impone e intenta dar con la pregunta adecuada, revisando el pasado y buscando interpretar las señales de un presente que parece desolador. La visión heterodoxa de Erika puede ayudarnos a entender las formas que adquieren en nosotros las imposiciones cuando las torcemos, cuando después del choque nos paramos frente al abismo, confiando en que nuestras alas serán lo suficientemente fuertes para sostenernos.

Y aquí aparece el erotismo, y lo que hay de político en nuestra forma de relacionarnos con el cuerpo (con el propio y con el de los otros). El cuerpo como instrumento-herramienta de dominación y perpetuación de las convenciones de las que hablaba al principio, y a la vez como lienzo sobre el que se tatúan las experiencias. Estos poemas se pueden leer con doble aterrizaje y nos ofrecen una mirada bifocal sobre asuntos que se edifican en torno al deseo y a las relaciones carnales. En “Nulípara” —te amaré siempre por haber escrito este poema, Erika— se ocupa de la no maternidad y reflexiona en torno a la libertad que reside en esta decisión, pero lo hace con ironía y desenfado en este pequeñísimo y brutal poema.

La poesía debe reflexionar sobre el mundo

Soy una fiel defensora de la poesía como expresión colectiva en la que todos (y todas) se sientan incluidos, pero mentiría si dijera que “Chocar con algo” es un libro para cualquiera porque su lectura requiere no sólo de una actitud lectora acorde (de lentitud y reflexión para absorber toda su carga política y léxica) sino también de una cierta familiaridad con el género (porque si bien emplea un lenguaje que de a ratos se posa en lo coloquial, hace uso de un estilo que mezcla la argumentación lógica con las asociaciones pictóricas).

Por todo esto, intuyo que Martínez, que es una poeta que se asienta más en lo racional que en lo emocional de las experiencias, podría resultar incomprensible (o complicada) para alguien que no esté familiarizado con la poesía. Esto me lleva a decir que no es éste un libro para cualquiera pero sí creo que es para todos y, sobre todo, para todas. Es importante que las artes revelen el tiempo en el que se asientan-edifican y, por lo tanto, estoy convencida de que la literatura debe ser política y feminista. Dicho esto te advierto que si no compartes esta idea quizá este no sea un libro para ti, aunque voy a decirte una cosa más: necesitamos más voces así de potentes (y de esta calidad argumentativa) para construir ese mundo con el que tú sueñas.

Los buenos poemarios suelen reunir dos propiedades. Uno: contar con una uniformidad entre el lenguaje escogido y el ritmo, la cual se transparenta cuando al leerlos en voz alta no tenemos que preguntarnos en qué lugar van las comitas —el aire que entra a los pulmones para continuar la lectura—. Dos: mantenerse vivo, enérgico de principio a fin. “Chocar con algo” no carece de ninguna de ellas.

En lo que respecta al segundo punto, me quedo con la contundencia de esa última parte “Diez intemperies bajo techo” en la que pasamos por cuevas, edificios, plazas, ventanas y espacios más o menos públicos en los que la vida se ha ido tejiendo. Atravesamos el tiempo: la construcción de esos lugares, las miradas que chocaron contra el polvo con el que han sido construidas, el arte que han hecho posible. Se trata de un viaje fugaz y casi lumínico (como fotografías en color sepia) que nos permite abarcar en un chispazo toda la potencia de la vida, esa inmensidad que no somos capaces de explicar, aunque, como decía Francisco Umbral, todo deberíamos poder explicarlo con palabras; y parece que eso intenta Erika, y en muchos de estos poemas lo consigue.

Y como ocurre con los viajes de autorreconocimiento, para observar estas intemperies partimos desde el yo que observa-reflexiona y a él regresamos, para reafirmar así nuestra confianza en las mil posibilidades que empujan la vida hacia delante. ¡Esta idea me ha resultado maravillosa y creo que deja flotando al final de la lectura el eco de la luz pese a todos los males-equívocos-dolores-extravíos! Un viaje que mira de cara al futuro, como un hueco: la posibilidad de una grieta por la que pase la luz.

Y voy terminando. Colectivizamos la muerte antes que el amor, dice Martínez, y parece pretender que nos aliemos con ella en la contemplación de un mundo amalgamado al deseo antes que a las pérdidas. Resulta difícil cuestionárselo todo viviendo en un mundo en el que las cosas nos vienen masticadas y listas para el uso, en una realidad vertiginosa que nos impulsa a repetir lo que nos indican y a olvidarnos de las necesidades y anhelos íntimos, personales y vitales. Sin embargo, podemos-debemos indagar(nos). Y aquí puedo volver al principio, cuando decía que el libro se construye en la búsqueda de preguntas y partiendo de la idea de que no hay respuestas; porque, si realmente es así, ¿por qué vivir-escribir si estamos convencidos de la ausencia de certezas? Silencio. Quizá por pretender que aquellos pequeños momentos significan algo, porque es lo único con lo que contamos. Y porque la escritura, que surge después de un tiempo inmóvil, es una poderosa (en el sentido ciudadano de la palabra) herramienta de lucha, aunque intenten hacernos creer lo contrario.

Erika vuelve con la fuerza de una leona, capaz de voltearnos a trompadas con su poesía contundente, política y para nada sumisa. ¡Que vivan las mujeres como ella! Léanla, por lo que más quieran.


 
 
CHOCAR CON ALGO
Erika Martínez
Editorial Pre-Textos
978-84-16906-36-9
88 páginas
16 €
 
 
 
 
 
 
 
 
OTROS LIBROS QUE HE RESEÑADO DE ESTA AUTORA.
“El falso techo”
“Lenguaraz”



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