«Panero y la antipsiquiatría», de Albert Kadmon —Antipersona—

No hay otro secreto que la luz. Y la luz no es nuestra. De mil maneras a lo largo de su escritura Leopoldo María Panero intentó plasmar la idea de la realidad como vacío donde el yo es una construcción y el misterio, lo que intentamos asir sin conseguirlo. En esta idea cabe asimismo la certeza de que todo muta gracias a esa luz que no podemos descifrar. Su mirada crítica respecto al tejido estructural de la sociedad capitalista y con ella, del sistema de salud mental, se alió con las voces de la antipsiquiatría para plasmar una teoría propia que sigue sin ser estudiada a fondo. En «Panero y la antipsiquiatría. Dolor, magia y locura», Albert Kadmon (Antipersona) construye con empeño un análisis sino profundo, al menos claro, sobre este aspecto de la poética de Panero. Estamos frente a un libro necesario y exquisito en referencias (su bibliografía detallada permite llegar a muchos y diversos pensadores) que nos invita a zambullirnos en una nueva lectura sobre la obra del mediano de los Panero.

La ciencia que todo lo ve

Este libro comienza con una breve sinopsis sobre la historia de la psiquiatría, y creo que este pequeño prólogo es interesante porque nos permite adentrarnos de forma contundente en los temas principales del pensamiento de Panero para poder, a partir de ahí, llegar a su poesía, que es en definitiva lo que más nos interesa.

Cuando en los años cincuenta Henri Laborit propuso el uso de la clorpromazina para tratar desórdenes psíquicos como la esquizofrenia, se creyó que el empleo de técnicas violentas como electroshocks sería cosa del pasado. Era uno de los primeros neurolépticos. Sin embargo, lo que se planteaba como una revolución en el área de la salud mental fue solamente una nueva forma de control.

Como contrapartida a ese mundo de pastillas y anulación surgió la antipsiquiatría. No como una forma de decir desde lo que no se sabe, sino como una serie de razonamientos científicos contra lo científico.

Pero como siempre ocurre, la voz gruesa del sistema consiguió convertir lo que era una nueva forma de hacer ciencia, en patrañas y fraseos de gente charlatana. Intentar sepultar la antipsiquiatría como alternativa científica fue uno de los grandes logros de la psiquiatría. Ése, y convertir a la sociedad en dependiente de los diagnósticos clínicos basados en teorías biologicistas.

Sólo basta meterse un poco, indagar, leer en torno a lo que la antipsiquiatría ha ofrecido como reflexión frente al inmenso y variopinto mundo de la psique para saber que no es una disciplina de charlatanes. Sólo basta adentrarse un poco en las enumeraciones diagnósticas de la psiquiatría para descubrir que hay un par de referentes que se repiten, y sobre los que se repite toda la disciplina, y con ella, los diagnósticos.

Dirá Panero que la psiquiatría es

La antipsiquiatría como respuesta a la violencia del sistema

Este es el gran desafío de Albert Kadmon. Y pienso que lo consigue no sólo con acierto sino también con forma. Aunque me habría gustado que se extendiera más y que, sobre todo, avanzara más sobre la literatura de Panero, entiendo que el mayor esfuerzo está puesto en la brevedad, para orientarnos en una reflexión bastante urgente, y atraer así la atención de un público diverso.

En Kadmon descubro el deseo de devolverle a la antipsiquiatría su lugar de prestigio que el auge del biologicismo ha intentado quitarle, y con ella, a la literatura, o a los estudios literarios sobre la condición y experiencia humana.

La antipsiquiatría ha perdido el valor social que tuvo en su momento porque no existe en nuestra época una literatura propiamente antipsiquiátrica, que sirva para repensar y contrareformular lo que la psiquiatría dice, explica Kadmon. Y porque personajes como Panero son vistos como criaturas dolidas escribiendo contra el mundo. Y punto. Y aquí entramos nosotros.

Se ha analizado poco lo que de científico hay en su poesía, porque insistimos en separar lo que es de ciencias de lo humano, porque nos cuesta creer que hay en la vida una única trama donde estamos todos, unidos, mezclados, con nuestras fobias y nuestras filias. Que todos somos todo. Y ciencia es camino de pensamiento, y lo que se dice exacto goza de estabilidad no porque se base en pruebas irrefutables sino porque se ha estancado en un discurso llano donde existe un equilibrio aparente. Si la vida no es exacta, ¿por qué habría de serlo cualquier cosa hecha-creada por los seres humanos que intente explicarla?

Panero baja del cielo

Leer a leopoldo María Panero es clavarse una estaca en el estómago y moverla lentamente, verso a verso. La sangre sube, baja, fluye, se dispara…La voz de Panero, nos revela un interior desconocido (o eclipsado por el ruido de la rutina) y nos golpea.

Leer a Panero es también descubrir que los mejores poetas han sido desacreditados por un canon estático que todo lo aplasta, y que incluso en el gran conocimiento que tenemos de Panero albergamos un profundo desconocimiento.

Kadmon intenta revisar la Idea de Panero y para eso va pasando por los diversos autores que marcaron su poética, la cual abarca no sólo su poesía sino también sus columnas con corte ensayístico. Cooper, Laing, Deleuze, Lacan, Hegel empapan la mirada del poeta que se apoya en ellos para construir su socioanálisis bioenergético. En él centra su mirada Kadmon y me digo que ojalá podamos ver pronto un análisis más específico y detallado sobre este aspecto del legado de Panero.

Las voces de sus referentes impregnan su poesía y su poesía se pasea por sus columnas y ensayos. Sin embargo, Panero era mucho más lúcido de lo que se le reconoce (porque no conviene quizá asumir que un loco haya dado con la Razón, con la luz).

Leer al Panero científico puede ser de gran ayuda para entender al poeta; porque ante todo hay en su escudriñar en el lenguaje el deseo de conocer, de ir más allá de las cosas, de unificar emoción y razón, experiencia y deseo, vida y legado. Hemos construido y nos hemos aferrado al relato épico, que le gustaría decir a Leopoldo, ahora toca zambullirnos en el relato cierto, más real, de quién fue y qué pensó Panero. Y leer este libro puede ser un fantástico punto de partida.

Y digo que punto de partida, porque después de este libro dan ganas de volver o empezar por Lacan, Jung, Laing, y discernir lo que de ellos pudo tomar el poeta.

Este libro nos invita a pensar la antipsiquiatría como una forma de resistirnos a la corriente devoradora de un sistema que nos controla en todos los aspectos de nuestra vida. El sistema de salud mental es sin duda una de las formas más contundentes de control y de normalización social. Una vez salta el diagnóstico ya no puedes formar parte del mundo, te marcan, para reconocerte a la distancia, para alertar a los otros de tu condición, que te convierte en una criatura poco creíble, poco real, ¡como si lo real fuera algo asible y certero! Eso, es violencia, y contra ella escribe Panero, como bien lo recoge aquí Kadmon.

Y el cielo era una mentira

El Dolor con mayúsculas, sobre el que escribió Panero. Esa sensación de saberse roto pero con la incapacidad para llorar, y que se repite de forma reiterativa en su poesía. Ese dolor que es desidia y que aplasta, fue sin embargo semilla para él. Y aquí cabe toda una parte de su obra donde pensamiento mágico y pensamiento esquizofrénico se intercalan el protagonismo para dejarnos contundentes imágenes sobre lo que habita en las sombras.

Ayudado por sus referentes, de los que no se olvida Kadmon, Panero va pensándose, pensando el mundo y reescribiéndolo todo, comenzando por los pilares del psicoanálisis, pasando por el marxismo y rebotando sobre la sociedad empapada de mitología y de relatos épicos para esconder el miedo, la herrumbre. Kadmon va revisando toda la literatura de Panero y estableciendo nexos entre su obra, su pensamiento y su legado intelectual.

Por todo esto creo que la lectura de «Panero y la antipsiquiatría» puede ofrecernos una visión más certera del universo de este poeta.

La última etapa de Panero fue un repetirse sobre lo mismo, de manera obsesiva, pero siempre reincidiendo en esa idea de que el dolor es la realidad. Esa fue su luz-verdad (aunque siguió hablando de ellas como fuentes inasibles). Este libro puede servirnos para entender los matices de esa profunda oscuridad en la que se apoya casi toda la obra de este inmenso poeta.

¡Hay que leer «Panero y la antipsiquiatría» porque hay preguntas importantes sobre el poeta que aún no nos hemos hecho!

 

 

 

PANERO Y LA ANTIPSIQUIATRÍA
Albert Kadmon
Antipersona
978-84-697-7992-7
102 páginas
7 €



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