Albert Kadmon: “Conviene un enfoque humanista de la salud mental, y quiera Cthulhu que ahí permanezca”

“Y es posible, por otro lado, que nosotros tres estemos ahora sentados sobre rocas desoladas, a la orilla de ríos angustiosos.
… Y, ¿con qué compañeros?”

PERVERSIÓN PANERIANA


Algunas charlas se demoran mucho. Quizá por eso las dudas se hacen inmensas. Eso me ha ocurrido con Albert Kadmon quien ha sabido crear en “Panero y la antipsiquiatría” (Antipersona) un mapa del pensamiento paneriano que me ha resultado fascinante. Al acercarnos a la poesía de Leopoldo María Panero podemos trazar una línea de estética y pensamiento que comienza con poca claridad y termina en el más absoluto hermetismo; y que refleja una búsqueda poética tan dolorosa como deslumbrante. Mucho se ha hablado de su poesía; sin embargo, Panero era ante todo un humanista, y es lamentable descubrir cómo casi nadie se ha preocupado por rescatar su pensamiento crítico respecto a la salud mental. Sobre ese silencio conversamos con Kadmon en esta primera parte de la entrevista.


P—¿Fue la locura como arma revolucionaria la gran defensa de Panero?

R—No, la locura fue lo que le jodió la vida, una grandísima putada, lo que le expulsó -como un agujero negro que atrae la gravedad- hacia la periferia de la soledad y el desamparo social. A la gente le gusta leer sus primeros poemarios y todo es jijiji y jajaja, y mira cuanta caña le mete a su madre, pero hay que leer los últimos, el retornelo de la mente sobremedicalizada, un impulso inconsciente por mantener un canal de comunicación con el mundo, tan dañado como sus neuronas.
»No sé a quien le robé la frase pero la tenía en mis apuntes: “nadie elige deliberadamente un estilo de vida neurótico, puesto es una limitación del ser. El proceso de forjarlo es un medio de supervivencia, una forma de evitar un DOLOR INTOLERABLE”. Lo escribo en mayúsculas porque creo que eso sentencia bastante el asunto. Nuff said.

P—Te has estrenado en el ensayo con un texto sobre uno de los poetas malditos más herméticos de la literatura española. ¿Cómo surgió la idea de profundizar en el pensamiento y en la biografía de Panero?

R—Me he estrenado pero, de momento, “nunca mais”. Yo soy novelista y prefiero quedarme en esa zona gris y un poco más burguesa que el ensayo. No surgió, se impuso. Llevaba años coleccionando todos los libros de antipsiquiatría posibles, porque hay que aclarar que los libros tienen varias vidas. Las de las tiendas, sí, pero también una tercera vida de venta de libros de difuntos, rastros y puntos de reciclaje. Lo que fue una moda en los setenta se convierte en basura en nuestro milenio. Y rebuscando en la basura encontré un tema que se volvió, digamos que un poco obsesivo, hasta que a través de los artículos de Panero, y su cronología vital, pude darle forma. Yo creo que el ensayo es un mapa para iniciarse en la antipsiquiatría, o en los textos de LMP que no son poesía, pero también quiero aclarar que me siento un poco intruso, nací en el 92 y no conocí a muchos de los citados. He conocido gente que sí, a varios. Como ellos no escribieron el libro que la cultura antipsiquátrica española necesitaba, yo hice un intento mucho más pobre, a la espera del Gran Libro de la Antipsiquiatría en España, que recoja la labor de tres lustros, o más.

P—La antipsiquiatría surge como una nueva forma de pensar la salud mental, sin embargo no se la considera dentro de las ciencias de la salud sino que se la presenta como un conjunto de doctrinas sociales. ¿Tiene esto algo que ver con aquello que decía Panero de cómo quienes detentan el poder controlan la información y legislan en torno a sus intereses?

R—La primera cosa es una bendición, y la segunda una gran verdad. La antipsiquiatría conviene que siga perteneciendo a las ciencias sociales, para que a la hora de mapear el cosmos mental del hombre no todo pertenezca al ámbito clínico (dominado por la omnipsicofarmacología) ni a la religión o magufadas herméticas varias. Conviene un enfoque humanista de la salud mental, y quiera Cthulhu que ahí permanezca, que no vuelvan a re-apropiarse desde el oscurantismo.
»Efectivamente, esto se relaciona con el hecho de que quienes detentan el poder prefieren que se derive a cualquiera de los dos otros campos. La gente que estudia psiquiatría, y aquí estoy generalizando, nada sabe de la existencia de la antipsiquiatría, o piensan que se limita a los tipos que en el Euskadi se manifestaban para decir que la locura no existía, y poco más. Y eso, y ahí voy sin ambages, es pobreza académica que fuerzan las instituciones. No digo que deban conocer a Jung ni todos y cada uno de los casos de Freud y Lacan, pero sí a Cooper y Laing. Y saber que no todo es ciencia en la salud mental. Sobre la religión/misticismo… si empiezo a hablar me caliento… digamos que al poder le interesa que tengas la cabeza metida en tu culo o en el del profeta de moda.

P—Dolor, magia y locura. ¿Qué ha aportado cada una al pensamiento de Leopoldo Panero?

R—Ahí vas fuerte Tes, esa es la pregunta más difícil de todas, pero trataré de ser especialmente preciso. Supongo que es todo lo mismo, porque la cabeza no tiene compartimientos, como decía Napoleón, sino que es un todo caótico. LMP sufrió tanto que subconscientemente su cuerpo y alma le traicionaron y se volvió loco parcialmente como método de protección, de huida hacia delante. No se que opinará su doctor de entonces sobre éste, mi diagnóstico. Pero la cuestión es que, en mi modesta opinión, la magia se convirtió en otra huida hacia adelante. Una que estaba de moda, además. Me encanta la alquimia en las novelas, yo mismo la he empleado en alguno de mis relatos, pero quiero que me presenten a alguien a quien la alquimia haya cuidado y protegido en el turbocapitalismo, un panorama inimaginable en la Antigüedad.

P—La introducción de la clorpromazina, dices, cambió la historia de la psiquiatría. Y aunque prometes un libro sobre Panero, en la introducción podemos leer entre líneas que no discrepas con la opinión del poeta. ¿Vivimos en una realidad de dependencia respecto al sistema de salud mental?

R—Bueno, la introducción sobre la clorpromazina es de la editorial, que me gusta mucho, porque vino a suplir mi falta de capacidad para introducir el tema; ya que el primer capítulo original era una lluvia de conceptos terribles, de todas las ramas, puro caos como mi cabeza, y el prólogo que yo originariamente debía hacer se convirtió en el epílogo Dolor teórico y dolor real. Yo hice las cosas como pude y Antipersona salió al rescate, de un naufragio ellos sacaban el navío capaz de encontrar el vellocino de oro. Estoy aquí desnudando el paratexto del libro…
»Sobre nuestra realidad, la dependencia es tal que necesitaría diez folios para desarrollar el tema con justicia. Por eso voy a hacer una trampa gris de novelista, la de usar ejemplos para tratar la totalidad, porque somos poco serios, seguro que Aira comulgaría con ese comentario. Me voy por las ramas del dolor que me provocan estos ejemplos. El primero es el caso de un programa de desintoxicación que, a la larga, se vio bloqueado por cuestiones estatales-nacionalistas, roces que causaron la muerte de dos yonkies, que no pudieron entrar a desintoxicarse, no porque el personal del centro no quisiera, sino porque no había unos putos presupuestos. El otro caso es el de una chiquilla que se había puesto hora para irse, ya me entiendes, y como no le dieron cita con la doctora a tiempo, se la dieron a tres meses vista, pues no pudo confesárselo a nadie, e hizo lo que pensaba que quería hacer, otra huida hacia delante. España está plagada de suicidios, un tema urgente de la salud mental, pero los responsables clínicos del tema piensan que es mejor hacer silencio, y así sucede. ¿Se necesitan muchas más pruebas de la dependencia que mencionas?

P—Si bien Panero fue y sigue siendo un poeta bastante reconocido —sobre todo después de su fallecimiento—, su filosofía, tan importante también para comprender su poética, tiene poca visibilidad. ¿Por qué crees que todo ese pensamiento paneriano ha sido poco estudiado?

R—Por todo lo mencionado anteriormente. El interés estatal en parte, que los que lo vivieron en sus carnes también sufrieron mucho como para andar recordando y dando charlas… y muchos otros motivos que escapan a mi pobre conocimiento. Lo que sé es que después de la profundidad que Tua Blesa le ha dado a su poesía, lo mío no hace justicia, es la paja de un mono, debe llegar alguien que ponga la antipsiquiatría de Panero a la altura del análisis que Tua Blesa hace de su poesía. Este es mi llamamiento.

[¡Aquí puedes leer la segunda parte de la entrevista a Albert Kadmon!]



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