Los escritores y sus madres

La figura de los padres parece sumamente necesaria para toda vida. Al analizar el tipo de relación que una persona ha tenido en su infancia con sus progenitores y lo que quedó de esa relación, podemos comprender mucho más su existencia. Con los escritores pasa lo mismo, podemos entender mucho más a un autor si sabemos de dónde viene y qué lugar han ocupado sus padres en su vida.

Hoy hablaremos de la imagen de la madre que, seguramente, nos permitirá analizar y aferrarnos al universo íntimo de diversos autores.

Razones para escribir

Y al tratar este tema volvemos a uno de los tratados recientemente, las razones para escribir.

Todos escribimos por algo y, posiblemente, si no hemos tenido la familia que necesitamos para crecer mentalmente sanos, seremos escritores que hablen sobre ello, sobre nuestros infiernos inconfesables y la infancia perdida.

Recientemente se han publicado las cartas de Alejo Carpentier a su madre. En ellas, el escritor cubano le narra a su madre sus inseguridades y fantasías más íntimas.

Cabe mencionar que, mientras él se encontraba probando suerte en Francia, ella era su secretaria; quien se encargaba de que sus obras se publicaran en Cuba y le enviaba el dinero para que él pudiera mantenerse. Se dice de él que era un escritor compulsivo, siempre estaba enviando notas a editoriales y periódicos y que cuando no estaba involucrado en alguna creación de este tipo, escribía cartas.

También hemos hablado hace unos días de la obra de Apegé titulada «Injuria», donde el autor se enfrenta a un pasado en el que se sintió incomprendido y despreciado por ser homosexual e intenta poner en palabras esa infancia que ya es irrecuperable y a la que, ni siquiera la palabra «PERDÓN», puede sanar.

Obras célebres sobre historias familiares

A lo largo de la historia de la literatura numerosos escritores han escrito obras donde evocaban la figura de sus padres. Muchos de estos libros se convirtieron en fuertes baluartes para la literatura.

Partiremos de la obra «Carta al padre» de Franz Kafka es una obra absolutamente profunda, melancólica y avasallante que manifiesta las frustraciones que el autor siente respecto a la relación con su padre; una serie de cartas que pueden ayudar muchísimo a comprender la desesperación y el absurdo que giran en torno a todas sus creaciones.

Continuaremos con la obra «Ojalá Octubre» de Juan Cruz Ruiz, donde el autor va avanzado sobre los diversos recuerdos que se han marcado a fuego en su memoria y que lo han llevado a convertirse en lo que es: un ser melancólico que añora otro tiempo, ese octubre, pese a ser consciente de que su padre y sobre todo su madre, nunca será lo que él necesita.

Y desembocamos así en la obra de Richard Ford titulada «Mi madre» quien asegura que para recomponer la vida de su madre debe partir de fragmentos.

Cuenta que se llamaba Edna Akin, había nacido en un pueblo de Arkansas y que su vida no fue brillante: con una niñez que no valía la pena ser recordada, un matrimonio joven junto a un viajante, a quien acompañó durante años en sus viajes y una viudez repentina y cuando todavía era muy joven. Y un final triste, de cáncer. Dice:

También Esther Tusquets se hace un hueco en su trayectoria para hablar de su progenitora en su obra «Carta a la madre». En ella se manifiesta claramente contra la burguesía catalana en la que se crió y en la que se le impusieron tantas cosas, y se enfrenta a su pasado directamente, a través de ese lenguaje propio del feminismo de la posguerra. Poniendo en palabras las inmensas dificultades que debió enfrentar en sus relaciones posteriores, a causa de la disciplina y la estructura rígida que recibió en su casa y explayándose sobre la importancia de la educación de los afectos, del aprendizaje del amor y de la soledad.

Esther le reprocha a su madre tanta incomprensión que debió soportar (siendo ambas mujeres podrían haberse unido para luchar contra las imposiciones del mundo machista) y, sobre todo, le reprocha ese silencio en el que se acomodó y que tan dañino fue para ella como hija. Concluye diciendo que escribe todo eso porque quiere quedarse finalmente en paz, habiendo contado aquello que le angustia y pudiendo darle un cierre a toda esa desafortunada historia y a las tristezas de su pasado.

La literatura como salida

Otras historias desafortunadas fueron la de Horacio Quiroga, que estuvo marcada por el suicidio de sus padres y que posteriormente se repetirían en su mujer, en su hija y en él mismo; la de Francis Scott Fitsgerald, quien aseguró en reiteradas ocasiones que odiaba a sus progenitores e incluso, siendo niño, escribió un cuento en el que asesinó a su madre y se creó un nuevo árbol genialógico que se hallaba compuesto por diversas celebridades.

La de Marguerite Duras también fue una vida de desencuentros con sus progenitores. Cuando era pequeña su padre falleció y su madre la obligó a prostituirse siendo todavía niña para mantener a la familia. Duras nunca utilizó el apellido de sus padres sino el de un hermanastro con quien la unió a su vez una relación amorosa. En su obra «El amante» pueden encontrarse muchas coincidencias entre su vida y la de la protagonista y narradora. En ella se pone de manifiesto la prostitución a la que la joven fue sometida y las consecuencias que esto tuvo sobre su vida íntima. En un capítulo puede leerse:

No podemos escapar a nuestra infancia ni a la familia que nos ha tocado; nos guste o no debemos convivir con ella, con lo que de ella haya quedado registrado en nuestra memoria y debemos acostumbrarnos a que las cosas nunca son como deseamos.

Lamentablemente estos primeros sufrimientos parecen necesarios, porque es gracias o, mejor dicho, a causa de haber tenido infancias con sucesos que no deseamos recordar, que somos capaces de escribir.

Si Kafka no hubiera tenido por padre a ese ser autoritario y vil, ¿quién habría escrito esas cartas? y si Duras no hubiera tenido que pasar por el infierno al que su madre la condenó ¿qué habría sido de su obra? Entonces, podrían preguntarme, pero ¿la literatura es más valiosa que la vida de un ser humano? La respuesta es NO, pero no podemos escapar de la crueldad y las malas experiencias por lo que poner en palabras las miserias padecidas es una alucinante alternativa de convertir algo terrible en algo positivo y conseguir redimirnos o mínimamente encontrar algo de alivio en nuestras vidas.

Comentarios2

  • Edna Diaz

    Me fascinó el tema porque yo me sentía más unida a mi padre que a mi madre. Con mi padre era una unión intelectual-amorosa. Yo pienso que a mi madre le faltaron muchas cosas por causa de la espantosa infancia que vivió ella y sus hermanos. Mi padre era una pequeña celebridad en mi pueblo por su talento y si no fuera por causa de la persecusión política pudo haber hecho más cosas,pero espero antes de yo morirme publicar algunos de sus trabajos escritos.

  • Amediana

    Un tema interesante y apacionante. Creo que su contenido , excelente, valida la relación entre los grandes de la literatura y sus origenes familiares, alo que no escapan los poetas, sean grandes o no.
    Gracias.



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