Juan Marsé y la narrativa

Juan Marsé Carból nació en Barcelona el 8 de enero de 1933 y pertenece al grupo de escritores de la Generación de los 50, a la que también pertenecen Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Juan García Hortelano, Manuel Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo, Terenci Moix y Eduardo Mendoza.

Se lo considera uno de los novelistas españoles más talentosos del momento, y el propio Arturo Pérez-Reverte, aseguró que es el único grande que queda en la literatura española.

Como reconocimiento a su labor literaria, en el 2008, Juan Marsé fué galardonado con el Premio Cervantes por su capacidad narrativa, alcanzado uno de los puntos más altos de su carrera como escritor.

La narrativa para Marsé

En una reciente entrevista, Marsé habló acerca del espacio que ocupa en su vida la narrativa. Explicó que muchas cosas de las que de joven estaba convencido, con el paso del tiempo, comprobó que no eran tan intocables, ni tan insolubles como entonces creía. Por ejemplo, de joven confundía el éxito con la felicidad, creía que si conseguía escribir una gran obra, con ella obtendría la fama y por ende, la felicidad… Sin embargo, la experiencia le demostró que no era así, y hoy sabe que cualquier escritor que cree morir de éxito, es porque ya estaba muerto de antemano.

Marsé es un escritor de esos que en sus entregas se dejan el alma. Sus libros son extensos y sumamente detallistas y, pese a que su «Caligrafía de los sueños», no peca de extenso, algunos lectores opinan que podría haber dicho lo mismo en menos páginas; pero Juan asegura que intentó ser claro y presentar al lector una escenografía bien acabada, para que pudiera acceder a esos universos desde los que él escribe.

En dicha novela, trabajó intensamente sobre otros temas recurrentes en su narrativa que para él son primordiales: la apariencia y la realidad, la ausencia del padre, el despertar de la vocación y el aprendizaje de la solidaridad en la adolescencia. Desde mi punto de vista, la reiteración en la narrativa de Juan no es absurda, de hecho es hasta necesaria e imperdible.

Lucha contra la represión de los ideales

Juan Marsé, como otros escritores españoles sufrió los embistes del franquismo, siendo su obra «Últimas tardes con Teresa», una de las que sufrió la censura y, fue para el autor una verdadera travesía lograr publicarla.

En esa época, era poco lo que se podía hacer por lograr ser escuchado, pues la gente vivía con miedo y era muy difícil encontrar personas dispuestas a jugarse por lo que creían; sin embargo, Juan continuó, pues no le pareció adecuado quedarse callado. Y publicó esa que sería, para muchos, la mejor novela escrita por el barcelonés.

En su obra «Un día volveré», Marsé pone en evidencia un concepto, el mal de siglo, aquello que lacera y que destruye lo que durante muchos años la humanidad ha construido, y termina arruinando el presente. Para Marsé el hecho de que en el siglo pasado hayan existido dos guerras mundiales, tantos calvarios legalizados, el holocausto, las tiranías, las torturas presentes en todas las dictaduras, el nazismo y el fascismo, entre otras muchas barbaridades, le da la pauta de que no es erróneo afirmar que el Siglo XX fue un siglo atroz

Sin embargo, en este siglo no estamos mucho mejor, hay muchas amenazas latentes en el espacio, quizás menos pomposas que las del siglo anterior, pero no menos nefastas, y al llegar a este punto nombra la pérdida progresiva de valores culturales, la gran desinformación que existe en la sociedad, pese a las muchas posibilidades que ofrecen los avances tecnológicos, el aumento de la pobreza y la corrupción consentida por todos. «No soy muy optimista, francamente. Pero confío en esa juventud que se ha despertado».

Consejos para escritores noveles

Según Juan los dos ingredientes principales para ser un buen escritor son: vocación y dedicación. Sin vocación por mucho que te esfuerces, puede que no consigas nada; y sin un trabajo duro y exhaustivo, de nada te sirve el talento. Uno de los consejos para una de sus lectoras que además escribe, es «Insista, si usted cree que sus obras merecen atención, si tiene fe en si misma. Si no, olvídese de estas obras y escriba otras. Escriba mucho, y, si hace falta, rompa mucho y escriba de nuevo. No hay otro consejo mejor. Romper mucho y escribir mucho… si la vocación es firme y apuntan valores».

Marsé asegura que un autor no puede ser objetivo con su obra, pero es importante que se tome el trabajo con seriedad e intente dar lo mejor de sí para conseguir lo que se propone.

Por otro lado, al hablar de su obra a Marsé se le dibuja una sonrisa nostálgica, con cada novela se siente identificado, lo une algo que quizás nadie pueda llegar a comprender. Sus lectores puede que se queden vagando en algún terreno de alguna de sus creaciones, pero él asegura quedarse en una, «Últimas tardes con Teresa». Expresa que no cree que sea su mejor novela, pero que siente por ella una predilección especial; se debe a que la escribió en una etapa de su vida particularmente feliz, que le ocurrieron cosas y conoció a personas importantes.

«Las razones por las que un autor siente predilección por una obra en detrimento de otras se debe a menudo a razones no estrictamente literarias, sino de tipo afectivo». y agrega que el autor no puede ser imparcial, pues la gestación de cada una de sus obras toca los sentimientos desde muy cerca, es esa parte de la creatividad donde la literatura queda en un segundo plano.

Marsé ha cultivado varios estilos narrativos, en algunas de sus obras ha utilizado la narración en tercera persona, como en «Caligrafía de los sueños», su última obra, «Últimas tardes con Teresa», «Un día volveré» y «Si te dicen que caí». El autor asegura que este recurso, pese a que no le permite ser más directo, y confesional, lo ayuda a mantener ciertos sentimientos un poco al margen, a impedir que sus sentires más profundos afecten su creación literaria. Es un estilo necesario cuando se habla de algo muy personal, dice.



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