Escrivisiones XVI

El DESIERTO DEL ESPÍRITU.

I. La Soledad.

“Vencerse a sí mismo un hombre es tan grande hazaña, que sólo el que es grande puede atreverse a ejecutarla » Calderón de la Barca.

Considerando ciertos aspectos que influyen de manera trascendental en el desarrollo del individuo, y en la colectividad, debemos poner un alerta máxima ante la constante amenaza de la significación del término soledad. Puede que resulte paradójico hablar de soledad hoy día, precisamente cuando vivimos en pleno despliegue de desarrollo de las maravillas de la comunicación. A lo largo de la historia del proceso comunicativo, desde el primer correo hasta los avances cibernéticos de nuestros días, no hemos estado haciendo otra cosa que tratar de alcanzar, cada vez más, por medio de esa comunicación, a la mayor cantidad de personas posibles, extendiéndola a la mayor distancia posible y en menor tiempo posible. Hecho que nos lleva a considerar de manera casi improbable, que valiéndonos de uno u otro medio o de varios a la vez, no podamos alcanzar dicha comunicación, desde un punto del planeta con cualquier otro rincón del mismo, incluso fuera de sus límites. No siendo ello suficiente para el hombre, en un afán natural de desempeño y mejoramiento del propósito, continúa trabajando en el perfeccionamiento de los medios conque contamos hasta el presente y en la búsqueda de nuevos horizontes incluso sin descartar las incursiones en el espacio sideral, que han llevado de una u otra forma la esperanza de encontrar indicios de vida en otros mundos.

Si hay a nuestro alcance tantas maneras naturales de comunicarnos y gran diversidad de medios que intentan hacerlo a su vez con nosotros; si en la actualidad se llevan a cabo campañas masivas y se toman acuerdos para respetar y hacer valer los derechos del hombre a la no discriminación ya sea por edad, sexo, raza, condición social, creencias etc. y si a ello agregamos que somos capaces, por naturaleza de dar y recibir afecto, ¿por qué muchas veces nos sentimos solos?

» Todo el mundo está solo / en el corazón de la tierra / traspasada por un rayo de sol / y pronto se hará de noche. ” Salvatore Cuasimodo.

Hablábamos en otro capítulo de mirar y no ver; de oír y no escuchar; de buscar y no encontrar, de la misma manera que podemos establecer una marcada diferencia entre sentirse solo y estar verdaderamente solo. Nada ni nadie en el mundo está solo. Somos nosotros mismos los que nos damos a la tarea de sentirnos solos. Este sentimiento nos conduce, de manera definitiva, a declararnos solos y sin proponérnoslo, nos damos a la tarea de aislarnos porque dedicamos demasiado tiempo a compadecernos a nosotros mismos, aún cuando ni siquiera tomemos formal conciencia de esta actitud.

» Vallas en vano entre el polvo, / pobre mano, la ciudad ha muerto.
Salvatore Cuasimodo.

Si digo: Me siento solo, estoy solo, me declaro solo, me aíslo; nadie me quiere, nadie me frecuenta, nadie me ayuda. De ahora en adelante, no quiero a nadie, no alterno con nadie, no ayudo a nadie… ¿Qué estoy haciendo en mi favor? No estoy declarando la guerra más que a mí mismo.

¿Por qué no revertir la fórmula? Declárese en guerra en contra de la soledad: No estoy solo y nunca estaré solo, por eso no me siento solo y no me interesa averiguar si me quieren porque yo me quiero. Todos necesitamos de todos y es por eso que quiero ayudarme a mí mismo, salir lo más pronto posible del transe en que me encuentro y ayudar a los demás. Me declaro en franca lucha en contra de la soledad y de ahora en adelante me quiero más que nunca para poder querer a todos tanto como me quiero a mí mismo.

Aunque esté apartado del resto del mundo en una isla desierta, no está usted solo, sencillamente porque tanto usted como todos los seres y todas las cosas somos componentes del universo, de la esencia fundamental de la vida y donde quiera y como quiera que estemos, seguimos formando parte del conjunto y de todo lo que nos rodea, aunque eso que nos rodea no sea de nuestro agrado en muchas ocasiones, o bien no se parece a nada de lo que sirve a nuestro ser consciente para aceptarlo como compañía.

Podemos comenzar estableciendo esta diferencia elemental: nos sentimos solos, pero no lo estamos. La soledad puede advertirse, se siente, se percibe porque habita dentro de nosotros siempre que le abramos la puerta. Tenemos el poder para sacar de nuestra casa aquello que no nos gusta o nos perjudica, así mismo el de permitir la entrada a quienes son de nuestra confianza y agrado. Tenemos poder para lograr lo mismo con los sentimientos y debemos hacer el esfuerzo para aprender a manejar ese poder. Llegado este punto, hago nueva referencia a los niños; ellos siempre encuentran una manera de procurarse compañía, recurren a la imaginación y en muchas ocasiones, recurren a un mundo fantástico para suplir las necesidades y las carencias del mundo que los rodea.

Me siento solo pero no estoy solo porque mi primera y principal fuente de compañía y comunicación soy yo mismo, y si no soy capaz de encontrarme a mí mismo, es muy difícil, prácticamente imposible, que pueda encontrar todo lo demás. Debo comenzar a ver cuando miro para darme cuenta que no estoy solo. Y cuando miro, primero debo mirar en mi interior. Todo lo que veo dentro de mí debe ser de primordial atención. Si no puedo darme cuenta que no estoy solo, tengo que hablar, comunicarme con los demás, también con las cosas que me rodean, principalmente con la naturaleza. Entonces comienzo a ver. Veo que hay diferencias: cosas buenas y cosas malas; cosas bonitas y cosas feas; días soleados y días grises; gente feliz y gente que no lo es; gente muy buena, gente perversa; problemas, soluciones…, y que si no me dispongo a ser parte de la solución, lo más probable es que ya sea parte del problema. Comienzo un nuevo día como una experiencia irrepetible que debo aprovechar al máximo para ver más. Si cuando sale el sol comienza el día, mantengo mi lámpara encendida para que en mi vida siempre reine la luz; y logro ver. Veo que el universo es rico en su diversidad y que siempre hay algo que no sabemos, veo que lo que no sabemos está esperando por nosotros para ser aprendido, y que definitivamente todo, absolutamente todo lo que hacemos, hasta el simple hecho de respirar, puede ir a favor o en contra de nuestra armonía. Si soy capaz de mirar todo lo que veo, de saber todo lo que aprendo de mí mismo y de los demás, de mi organismo, de mi cerebro, de mi mente y de un sinfín de eventos que pueden ser explorados, me doy perfecta cuenta de quien soy, de lo mucho que valgo para los demás aunque ellos no se den cuenta. Entonces veo más, mucho más, veo que no tengo tiempo para pensar que estoy solo, porque perdería ese tiempo precioso en pensar algo que no es cierto, tiempo que puedo aprovechar para sentirme acompañado y feliz.

» El que no valora la vida no se la merece. » Leonardo Da Vinci.

Aún en los momentos más difíciles de nuestra vida, si no nos hemos declarado seres aislados, podemos sentir el bienestar de la compañía, debemos apreciar estos instantes y disfrutarlos porque puede haber otros en que tengamos que recurrir al recuerdo de los mismos, para sentirnos fortalecidos de alguna manera dentro de la dificultad por la cual estemos atravesando.

Tengamos en cuenta que ni el odio ni la venganza conducen a un final feliz pero tienen un record enorme en cuanto a desperdiciar el tiempo. Inútil es el tiempo empleado en la venganza como el que se desperdicia dedicado al rencor o la envidia, y pese a las vicisitudes que en ocasiones nos vemos obligados a afrontar, nunca debemos albergar resentimientos, celos, rivalidades o codicia porque aunque a veces se nos hace muy difícil sobrevivir bajo ciertas circunstancias o períodos muy dolorosos de nuestra vida, no es imposible, ya que en la vida cotidiana de cada individuo, y hasta de una sociedad, muchas veces se hace forzosamente necesario el enfrentar el desamparo, el miedo o la soledad con gran valor. Si estamos limpios en el espíritu se logra salir airoso de la prueba, como además y a pesar de ser muy difícil, tampoco debe ser imposible para nosotros cambiar la disposición que nos imponemos a los sentimientos negativos dirigidos al mundo que nos rodea y especialmente a la soledad.

Continuará……….
Adelanto para la próxima entrega:
EL TRAYECTO DEL TIEMPO PERDIDO.
I. La Felicidad.

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Comentarios3

  • ana Lucía piedra quesada

    Extraordinario artículo, no sólo de contenido sino por su bella forma, gracias

  • Maria Eugenia Caseiro

    Gracias, muchas gracias por tan amable comentario. Te espero la próxima semana con el siguiente capitulo y te invito a leer y comentar los anteirores (del 1 al 15) que aparecen bajo mi nombre

    Un saludo muy cordial,

  • amalia

    gracias, me he levantado baja de moral y al leer la página (como siempre que se lee algo hermoso ) vuelves a la realidad y a la superación.
    gracias por tu escrito, que seguiré lellendo.



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