«En los estantes» Javier Gilabert (Esdrújula Ediciones)

Te ofrezco algunas razones para descubrir la poesía de Javier Gilabert, en su libro «En los estantes» (Esdrújula Ediciones).

 
 
Libros sobre libros, estantes con libros y un conjunto de emociones matizadas con lirismo es lo que nos ofrece Javier Gilabert en su libro «En los estantes» (Esdrújula Ediciones).

Escribo sobre él en mi artículo de hoy. Te animo a leerlo, porque encontrarás algunas cualidades que podrán hacerte disfrutar mucho de la lectura.

 
 
 

Los libros en la casa

Este libro se abre con un prólogo bellísimo de Antonio Praena en torno a la naturaleza de la lectura y su capacidad como espacio donde fondear las experiencias para reconducirlas al amor y las relaciones. Asimismo, a través de este texto podemos conocer los hilos principales sobre los que trabaja Gilabert, lo que puede ayudarnos a disfrutar mejor de la lectura.

¿La lectura impulsa la escritura o es al revés? Esta pregunta parece estar en la raíz de la indagación del libro. Porque si bien a simple vista es éste un canto a los libros como formación vital, en verdad el poeta parece ir detrás de la inquietud que supone el pulso de la escritura, más que la lectura en solitario. Asimismo, trabaja sobre la idea de lo íntimo y su estrecho lazo con la escritura. Los libros como espejo del pensamiento y, a su vez, como canal que dota de sentido lo escrito (y lo leído).

La escritura, dice Javier, nace del interior, pero hay algo curioso en su existencia: parece estar fuera. Esta idea, de la lectura como un gesto que siempre se dirige al afuera me parece sumamente fascinante, y creo que se puede percibir en muchos de los poemas de este libro. Leemos para contarnos, para explicarnos, y para compartir con los demás lo que llevamos dentro. En este punto, la poesía es algo que existe fuera de nosotros.

Algo que me interesa especialmente de un libro son las bifurcaciones que permite, las cuales vienen marcadas por los epígrafes. En el caso de este libro tenemos versos muy bien seleccionados que alimentan en lugar de torcer la mirada de la obra. Una magnífica elección de postas a medida que avanzamos, donde aparecen Juan Carlos Friebe, Claudio Rodríguez, Javier Egea y José Ángel Valente, cuya lectura seguramente ha colaborado con la composición de este libro, estantes donde se pone de pie la exquisita poesía de Javier Gilabert.

Leer para escribir

En ese camino de construcción lectora, las voces que han sido fundamentales en esa formación. En este libro encontramos muchos poemas que son homenajes a esos faros que han iluminado a Gilabert; libros que miran desde los estantes, esperando el momento de ser visibilizados, y de atravesar (transformando) la vida del lector que aguarda (o acecha). Lecturas que más tarde conducirán a la escritura, como decíamos al principio. En ese sentido, esa reflexión sobre la forma de leer, me parece luminosa.

Otra de las peculiaridades de este libro tiene que ver con la forma. Hay un intento de aferrarse a la métrica tradicional, de combinar la sonoridad del endecasílabo dactílico con la seguidilla; lo que otorga un ritmo constante a la lectura, a la vez, que alimenta el gusto por los estilos tradicionales de esta tierra. «Mudanza», «La estantería» y «Los libros», las tres partes de las que se compone el libro ofrecen una homogeneidad y un sentido bien definido, lo cual nos habla de un trabajo delicado y laborioso.

En algunos poemas presenta un juego de acentuación que difiere un poco de lo predecible, pero que podría hablarnos de la naturaleza también de la lectura: como espacio de búsqueda insospechada, donde todo es posible. Intento decir que se nota un exquisito trabajo de sentido y sonido, algo que resulta sumamente atractivo, en estos tiempos en que la forma ya no se encuentra en el foco de la poesía. El disfrute está asegurado en ese aspecto.

Desde lo estético, Gilabert reflexiona sobre la melancolía del paso del tiempo de una forma luminosa y nos invita a pensarnos observando nuestras estanterías, como si fueran espejos, como si fueran espacios donde reconocernos. «En los estantes» es, en definitiva, un poemario que nos invita a pensar en la magia de la literatura, en la ternura de la infancia, en la mirada de lo propio. Un libro que para los amantes del verso clásico será un verdadero disfrute.

Comentarios1

  • Bambú

    ¡Interesante! Tendré que comprarlo



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