«Roba este libro. Introducción a la bibliocleptomanía», de Miguel Albero —Abada Editores—


Una biblioteca de más de doscientos años ha surgido de las sombras en estos días. Lo primero que deseé al conocer la noticia fue tenerlo cerca a Miguel Albero para preguntarle ¿cuántos de esos libros crees que son robados? ¿cuántos bibliocleptómanos tuvieron que hacer de las suyas para que exista este tesoro? Y nadie mejor que él para responderme, ya que en su última obra aborda con maestría el tema de los ladrones de libros.

Sobre ese ensayo, “Roba este libro. Introducción a la bibliocleptomanía” de Miguel Albero (Abada Editores), va mi artículo de hoy. Y robaré-plagiaré para ello algunas de las lúcidas frases del autor.

El buen y el mal ladrón de libros

En “Roba este libro” Miguel Albero se zambulle en el mundo de la bibliocleptomanía para contarnos cómo ha sido desde sus orígenes, y se apoya para ello en numerosos casos reales detallándonos sus características y consecuencias. El resultado es el primer estudio completo sobre el robo de libros, que lleva el sello de la ironía y la frescura de un autor lúcido y encantador.

Albero establece en primer lugar dos tipos de ladrones de libros, valiéndose de una peculiar analogía entre los ladrones de libros y los hombres crucificados junto a Cristo. Así, Dimas, el ladrón bueno, a quien habían condenado entre otras cosas por haber extraído sin permiso algunos libros (y que podría tratarse del primer ladrón de libros de la historia) representa a los que roban pero que, al ser pillados, se arrepienten y terminan colaborando con la captura de otros ladrones. Intentan de este modo limpiar su imagen, aunque no lo consigan del todo, no lo suficiente como para poder volver a fiarnos de ellos. En la cara opuesta están los bibliogestas , nombre tomado de Gestas (el mal ladrón, que no sólo no se arrepintió sino que se burló de sus concrucificados) cuyas fechorías fueron mucho más lejos que el robo; en este grupo se encuentran aquellos ladrones cuyas hazañas son realmente injustificables.

César Ovidio Gómez Rivero, Conde Libri, Daniel Spiegelman, John Gilkey, Massimo de Caro. Estos son algunos de los ladrones de libros (algunos de ellos mutiladores también: asesinos de planisferios e incunables) de los que Albero se ocupa con detenimiento, y de los que previamente también se han ocupado los bibliopolicías Ken Sanders, Steve Huntsberry o Montanary. Porque si hay algo que tiene el universo de la bibliocleptomanía, como no podía ser de otra forma, es también una legendaria lista de policías bibliófilos: gente deseosa de atrapar a aquellos que se resisten a comprar los libros y que prefieren llevárselos “emprestados” (como solía decirse en el campo). Policías que vienen a desmentir las palabras de Drogin y nos avisan que detrás de todo libro robado hay un escritor robado, al que cada vez le está costando más pagarse sus propios libros (escribirlos, quiero decir).

La pregunta que cabe hacerse y que flota en toda la lectura es ¿por qué alguien siente la necesidad-pulsión de robarse un libro? Esto nos lleva al segundo apartado del ensayo: los tipos de ladrones de libros. Entre los que hay apasionados lectores pero también aprovechadores. La tipología de ladrones de libros es amplia y el trabajo que nos aporta Albero es encomiable, apoyado en una jugosísima bibliografía presentada de forma cercana, amena, certera, y sobre la que hablaré más adelante, en la que podemos conocer las razones que los famosos ladrones de libros han manifestado.

Ladrones amantes de los libros, otros que simplemente ven la oportunidad de hacer negocio, y aquéllos que están convencidos de que la cultura es de todos y tenemos derecho a hacernos con las cosas por mucho exlibris que pongan, son algunos de los tipos de ladrones de libros que se pasean por este libro. Y para que todo el sistema se sostenga, una cuantiosa enciclopedia de frases que apologizan en torno a lo necesario-positivo que es robar libros. Citas atribuidas en muchos casos a personajes ilustres que jamás las escribieron, como el caso de aquella frase que se le encaja a José Martí. De la que dice Albero:

Robar libros, aunque los ames, es robar

Decía que la tipología es amplia y existen muchos parámetros para establecerla; en el caso de “Roba este libro” la clasificación se realiza en función de los motivos del ladrón y podríamos encontrar en ella cinco tipos de ladrones (o chorros): los cleptómanos (que no pueden dejar de robar), los que roban para su uso personal, los que roban por enfado, los ladrones casuales y los ladrones que buscan sacarle algún beneficio al objeto extraído.

Con toda clase de detalles y valiéndose de ejemplos singulares, Albero nos va presentando a aquellos históricos ladronzuelos y sus particulares móviles. Por otro lado, analiza minuciosamente los matices de significado de bibliófilo y bibliómano, y partiendo de ellos arriba al de bibliocleptómano, sobre el que, nos avisa, se apoyará (como lo ha indicado en el subtítulo) para nombrar de forma generalizada a todos los ladrones de libros. Aunque no todos respondan a esta calificación, al aludir a ella (salvo que lo especifique de otro modo), no intenta hacer hincapié en el robo como pulsión sino en los libros como manía.

Sin duda uno de los tipos de ladrones que más me ha interesado, y que imagino intrigará a la mayoría de los lectores, es el escritor letraherido. La lista de autores aficionados al robo de libros es extensísima. Va desde Rimbaud y los autores de la Generación Beat hasta Abelardo Castillo, Orhan Pamuk y Roberto Bolaño. Y Albero vuela sobre ellos y refuta sus buenas y románticas explicaciones a favor del delito con muy buenos argumentos.

¿Prestar libros? ¡Jamás!

Y ya presentados los tipos de afanancios, llegan las advertencias. Sin perder su humor tan característico, Albero se pone serio y nos presenta algunas muy buenas razones para no prestar libros. Porque hay sobradas pruebas de que robar un libro es sencillo y que, muchas personas continúan afirmándose en la idea de que robar libros no es robar —aquella cita de Martí que no es de Martí— para quedarse con nuestros libros; por ello, mejor, antes que prestar un libro, es regalarlo. Así no perdemos libro ni amigo.

Y del consejo de no prestar a nuestros preciados compañeros, salta a un exhaustivo análisis acerca de los ladrones de libros que además falsifican, recortan mapas de ejemplares únicos y están dispuestos a hacer lo que sea por ganarse un sobresueldo a costa de las bibliotecas ajenas y/o públicas. Así que, después de esta lectura, si aún dudábamos en torno a si seguir o no su consejo anterior, definitivamente se nos borra toda vacilación y adoptamos el lema: “regala, regala, regala”.

Un ensayo para partirse de risa

Al leer la contratapa del libro descubrimos que “Roba este libro” es un texto escrito con humor. ¡No lo creas! Es falso, como la frase de Martí. Casi. Cuando te abalances sobre él te sentirás tan atrapado que no podrás dejarlo, y cada dos por tres lanzarás tales risotadas que, si vives con perros u otros seres vivos de sangre caliente, todos vendrán a curiosear intrigados por el motivo de tu álgido estado anímico, o a preguntarte qué es eso tan gracioso que estás leyendo. Así será si osas acercarte a esta maravilla; ¡créeme!

Reconozco que soy de risa fácil. Me encanta reír y suelo tentarme con facilidad. No obstante, hacía muchísimo que no me divertía tanto con un ensayo. Albero es una máquina de enlazar las frases y tiene una capacidad para asociar ideas y conceptos que si no te provoca risa, al menos te hará sentir ese placer (que es físico, a mí no me engañas) que nos sube desde los intestinos cuando nos topamos con algo que está bien hecho, que resulta ocurrente y atractivo a los sentidos. Lexófilos somos.

No robes este libro. O dicho de otra forma: no leas “Roba este libro” si no quieres disfrutar de una buena tarde. Si no te gusta reír, y si consideras que todo buen ensayo debe reunir una serie de características anticuadas y sosas, que aunque te llevan a dormirte a mitad de lectura, te generan esa sensación de confort que produce la fingida estabilidad —como las relaciones de pareja que se sostienen sin por qué a lo largo del tiempo o las estructuras sociales que cobijan pero hacen frío—. Si prefieres eso, ¡allá tú! Aunque ¿no te intriga un poquito saber lo que es partirse de risa mientras anotas frases contundentes y descubres nueva bibliografía para enriquecer tu intelecto?

Y digo bien: bibliografía. Vuelvo sobre el tema porque es una de las cosas que más me interesa de los ensayos. De hecho, me gusta este género no tanto por los libros en sí sino por aquellas lecturas a las que me lleva. Pienso que son como hermosas cajas en las que encuentro recomendaciones, muchas de las cuales después me acompañan más que esos mismos libros. Y en este caso la lista es tan larga que me temo que terminaré convirtiéndome en una de las criaturas que habitan este impecable ensayo para poder leerlos todos estos títulos.

La incorporación de la bibliografía en un texto es importante y creo que es uno de los grandes aciertos en las obras de Albero. Detalle que ya hemos podido apreciar en otros ensayos como “Godot sigue sin venir” (Páginas de Espuma), y que lo convierte en un ensayista de los buenos. Nos baja la extravagancia del argot ensayístico para que nosotros, los toscos, entendamos de qué va realmente la cosa, sin trucos, aunque esto del robo de libros truco sí que tiene. Pero a lo que iba: la forma en la que Albero amalgama sus lecturas. Me ha quedado apuntada una extensa lista de lecturas, que va desde el propio título del libro, “Roba este libro” de Abbie Hoffman, pasando por algunas referencias a la literatura contemporánea en textos de Antonio Ortuño, José Ovejero y Javier Cercas, y arribando a obras como “El libro de los paisajes” de Walter Benjamin y “Una historia de la lectura” de Alberto Manguel. En fin, nombres y nombres que nos permite conocer lo que otros autores pensaron y piensan en torno al robo de libros. Y mientras tanto, podemos disfrutar de ese humor albereño, quien, sin decirlo, al componer su texto de muchas citas, nos explica un poco más acerca de uno de los tipos de robos: el plagio.

Y para evitar que me ocurra lo que a Isabel Allende, voy cerrando antes de que se me vuele del todo la imaginación. Pero quiero decir una última cosita. “Roba este libro” es también, además de todo lo ya expuesto, un canto a la literatura y a la pasión lectora y esa, se me ocurre, es la razón principal por la que ningún lector, ya sea bibliómano o no, debería perdérselo.

¡Lee “Roba este libro” porque es un ensayo atípico, picante y riguroso que te permitirá conocer un aspecto del mundo del libro poco estudiado hasta el momento! Y no lo olvides: regala, regala, regala.


 
 
 
 
ROBA ESTE LIBRO
Miguel Albero
Abada Editores
978-84-16160-75-4
288 páginas
18 €



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