«La biblioteca del agua», de Clara Obligado —Páginas de Espuma—

En «La biblioteca del agua» Clara Obligado (Páginas de Espuma), nos regala un recorrido por una Madrid literaria de fantasía. ¡No te lo pierdas!


 
Si todo el que escribe nacido está, que diría Isabel de Saavedra, Clara Obligado está nacidísima, y no lo digo como quien la llama «anciana», sino como quien reconoce en su obra la voz de una búsqueda profunda: materia todavía inconclusa (a la Altísima, gracias) a través de la cual siempre consigue sorprendernos. Clara y su obra, vivísimas como lo están los personajes de estos cuentos, vivísimas como lo está la ciudad de Madrid en su libro «La biblioteca del agua» (Páginas de Espuma) y como parece estarlo la literatura cada vez que te enfrentas a un buen libro, como éste.
 

El agua, la vida y la muerte

Me recuerdo de pequeña en el Parque San Telmo de Buenos Aires. Una de mis hermanas me estaba contando que hasta allí llegaba el Río de la Plata en una época muy lejana y yo pensaba que intentaba engañarme. Siempre he sido un poco desconfiada. Así que la miraba para desentrañar su mentira. ¿Cómo iba a llegar el agua hasta ahí? ¿Y todos esos edificios? ¿Y toda esa tierra que separaba el borde del parque de la costanera? Desde ese día siento una cierta obsesión en torno a la relación tierra-mar, que es humano-naturaleza, que es oscuridad-luz. La posibilidad de que todo lo que la tierra le quita al mar en algún momento él encontrará la forma de recuperarlo me parece de lo más literaria pero también me asusta. Quizá porque todo aquello que vincula pérdida con venganza me parece interesante pero también atemorizante. ¿Qué es sino nuestro miedo a la muerte la venganza de los dioses ante el tedio de la rutina interminable? Es posible que el libro no trate especialmente sobre esto pero en mí ha provocado un derive hacia esas costas. Ojalá que lo pueda expresar a lo largo de este texto.

No es éste un libro sobre cómo la tierra se come al mar ni sobre cómo los vivos luchan por quedarse en tierra firme después de muertos. Y sin embargo, hay una lucha peculiar de fondo en torno a los bordes materiales de la existencia. Y en ese punto de incomprensión, de sensación de pérdida y desconocimiento, se encajan la mayoría de estas historias. Todas ellas vinculadas entre sí gracias al agua –si pensamos en la madre–, todas ellas arrastradas por el agua –si pensamos en la muerte; también, en la madre–, hacia la tierra, hacia el fondo de la tierra, debajo del agua –si pensamos que la humedad flota en las profundidades, hasta que encuentra un hueco por el que colarse, y hacer vida–.

Y esto me ha hecho pensar que si durante siglos se creyó que el agua era sinónimo de vida, en los relatos de Obligado encontramos la premisa contraria. Si escribimos sobre lo que ya no existe, entonces el agua es muerte o igual es que la muerte también intercepta la vida y crea nuevos escenarios donde existe lo incomprensible. Esa parece la idea que flota en «La biblioteca del agua», donde encontramos un conjunto de personajes que han vivido en un mismo barrio, el Barrio de las Letras de Madrid, pero en momentos históricos diferentes; algo así como criaturas cohabitando un mismo escenario pero en universos temporales distintos. Una locura, ¡sí! pero ¡qué bien lograda!

Madrid, cuyo nombre y ser enlaza con el corazón de la cultura árabe, no sólo por la etimología del nombre sino porque fue posible la existencia de ese fuerte gracias a la implementación de un sistema de pozos subterráneos para abastecerlo de agua, es el escenario real-imaginario donde transcurre todo el libro. Y abro paréntesis. A los musulmanes les debemos la gran mayoría de los inventos que han hecho posible el florecimiento de la cultura y de la vida, aunque los sucesivos cuerpos de poder hagan lo imposible por borrar esa herencia hermosa con voz de alambre (que es también una palabra árabe). Cierro paréntesis. Madrid, ciudad con un mundo subterráneo que la sostiene, es el epicentro de «La biblioteca del agua» y es también protagonista de uno de los cuentos más lindos, «El milagro», que no sólo es una fábula sobre los paisajes que tuvieron que sucederse hasta la existencia del Barrio de las Letras, sino que es también un canto al lenguaje, a la emancipación y a la libertad. La posibilidad está debajo de las piedras, levantarlas es entender lo que fuimos, lo que somos y lo que podríamos ser. Este es uno de los puertos al que nos lleva este libro.

Los cuentos de Obligado

Tengo que confesar que de Clara Obligado me gustan sus cuentos. Aunque su última novela me parece muy bien lograda– «Salsa» (Entre Ambos), escribí sobre ella aquí— prefiero su magia para manejar el relato breve. La capacidad para construir historias que incorporan clases magistrales sobre cómo controlar el ritmo y el tono en la narrativa, consiguiendo que nunca te pierdas, ni que desees irte de esos mundos. Además, parece una autora incansable, siempre explorando nuevas formas, dándole una vuelta de tuerca a la imaginación. En «La biblioteca del agua» la experimentación no sólo la lleva a plantearse historias que se superponen en el espacio pero no en el tiempo, sino que interpola lenguajes distintos según el hablante –que es narrador a veces– y la época. Y es ésta otra de las grandes cualidades del libro.

A diferencia de lo que habría sido un trabajo realista de un tema así –afincado en el momento histórico de cada personaje y construyéndose con saltos temporales mejor o peor logrados, algo que tenemos vistísimo en la literatura costumbrista–, Obligado opta por el solapamiento de existencias en un mismo instante. Algo imposible –si pensamos en la muerte–, algo fantástico –si pensamos en el agua–. Y creo que en este punto se encuentra el gran logro de este libro: en la construcción de vidas creíbles en universos paralelos que es, en definitiva, lo que nos está ofreciendo todo el rato la literatura sin que nos demos cuenta; solapar las vidas, digo. Ser, como dice mi querido Antonio Orejudo, viajeras traidoras, ricas, superhéroes y sin movernos del sitio (espacio y tiempo inmóviles). Entonces, lo que consigue Obligado es estirar un poco más esta certeza hasta convertir la propia literatura en un reflejo de sí misma.

Obligado y el Siglo de Oro

Si Obligado hubiera nacido en otra época seguramente le habría sentado bien el Siglo de Oro, ése que se aparece en este libro. Porque la suya es una literatura crítica y sólida pero atravesada por el humor, la picardía y la sensualidad, que tanto éxito tuvieron durante esta época. Su forma de tratar a los personajes –a veces de castigarlos– y de exponerlos a situaciones que los vacían desde lo absurdo, es muy propia también de ese tiempo. Pero si Obligado hubiera nacido en aquel siglo, Quevedo y Lope la habrían tenido difícil, porque la suya es una literatura contra la visión simplista de mujer de aquella época. ¡Y qué bien nos vendría como lectura reivindicativa para reescribir tantos párrafos de la historia de la literatura! Esto me hace pensar de nuevo en Orejudo, que es una de las personas que más sabe de este siglo literario, quien me ha hecho pensar en que la idealización femenina en la poesía actual es una repetición de la lírica ilustrada: acomodada en un discurso que ya se encuentra fuera de época pero del que parece muy difícil desprenderse. Esto también tiene que ver con este libro, creo.

Otros dos apuntes que quiero hacer: 1) No cuesta pensar en esos personajes hace unos cuatro siglos. No cuesta pensar el lugar de otra forma, sin teléfonos, sin asfalto, sin coches… de nuevo ¡la magia de la literatura! y sobre todo, del lenguaje, que nos invita a situarnos en un contexto histórico que no hemos atravesado con el cuerpo. 2) el uso del narrador en segunda persona es otro recurso que explora con acierto Obligado. Me gustan mucho los cuentistas que se apoyan en esta voz, que te llevan a darte vuelta para saber si es que realmente te están hablando a ti o al personaje. Eso que quienes amamos los videojuegos experimentamos todo el rato en nuestras aventuras, es un recurso fabuloso para crear buenos cuentos, para llegar al lector, y me extraña muchísimo que no sea más común. Por otra parte, me gusta mucho cómo lo emplea Obligado en estos cuentos.

La literatura como estado

Desde hace un tiempo colecciono recortes, libros y apuntes en torno a la forma de medir y vivir el tiempo. La paradoja de Schrödinger es uno de los temas que me parece más literario dentro de la bibliografía y evidencias que existen sobre nuestra relación con el tiempo. Allí, vida y literatura hallan un argumento esperanzador. La vida no existe, sino en nosotros –a través de un cuerpo que toca y narra–. Lo que ocurre si no nos roza carece no sólo de importancia sino también de existencia si lo desconocemos. Hasta que entramos en contacto con eso. De nuestra empatía y nuestra curiosidad depende que las cosas que atraviesan la vida de otras personas nos afecten, nos transformen. Sobre esto específicamente no trata el libro –aunque algunas de sus historias sí que buscan amarre en la empatía y la búsqueda de un decir colectivo– pero podría ser una representación literaria del experimento de Schrödinger, y con miedo a repetirme, diré que me ha gustado especialmente la forma en la que Obligado incorpora al relato esa superposición de existencias y esa idea de que lo que existe es porque lo nombro.

«La biblioteca del agua» es un libro hermoso. Está construido con muy buen gusto. Cada cuento se presenta con una ilustración; un trabajo delicado de Alejandro Fernández Banegas y Julieta González Obligado. Cada ilustración opera como punto de fuga y amplía el horizonte del cuento, permitiéndonos repensar –o imaginarlo siguiendo las líneas trazadas en el dibujo– edificios, lugares y objetos que flotan como boyas fluorescentes en cada relato. Pequeños detalles que colaboran con una estética colorida y bella.

La cubierta ha estado a cargo del Estudio de Diseño Gráfico Julieta & Grekoff y es realmente bonita. Pero seguramente la linda de la fiesta es la faja. –Nunca creí que fuera a escribir esta ñoñez–. Pero es que por primera vez en mis años de lectora la faja que acompaña al libro no va a tener el destino fatal de sus predecesoras: ser recortada en pedacitos para usarlos de marcapáginas y que no se desperdicie tanto papel. Por primera vez me he quedado contemplando la faja con fascinación. ¡Es realmente hermosa: un mapa hecho con muy buen gusto y que se amalgama perfectamente al tono del libro, a los relatos que lo conforman, al multiverso hermoso que ha hecho Obligado de esta Madrid! Me pone de los nervios la cantidad de papel que se tira para las fajas de los libros: me parece un elemento realmente inútil, que hace del libro un mero objeto mercantil y que al final ni siquiera logra su objetivo de marketing. Sin embargo, esta vez tengo que callarme la boca, porque es útil leer las historias y seguir el recorrido en este precioso mapa, que se encuentra plagado de personajes y de vida. Una faja para guardar para siempre. ¡Viva!

Leer «La biblioteca del agua» no es saber de la vida. Y vuelvo al prólogo de Orejudo y de su maravillosa «Grandes éxitos». Haber viajado a esa Madrid que se expande tampoco es haber conocido mundo; y sin embargo, después de leer este libro la sensación que nos invade es la de haber vivido en ese barrio. Y es que hasta hace bien poco vivíamos en esa buhardilla, y ¡qué ganas de volver! Ésa es la magia de la literaturay la razón por la que los buenos libros como éste siguen haciendo falta.


 
LA BIBLIOTECA DEL AGUA
Clara Obligado
Ilustraciones: Alejandro Fernández Banegas y Julieta González Obligado
Diseño de cubierta: Julieta & Grekoff
Editorial Páginas de Espuma
978-84-8393-257-5 24
184 páginas
Papel: 17,00 €
Digital: 5,99 €



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