Apuntes sobre «Gotán», de Juan Gelman

Apuntes sobre «Gotán», de Juan Gelman

La literatura se encuentra íntimamente ligada con las cuestiones políticas y los cambios sociales; aquellos países que se han visto afectados por severos conflictos a lo largo de su historia, han estimulado a los artistas a manifestarse de una forma más certera.

De tal modo, la segunda mitad del siglo XX ha sido fundamental para la poesía latinoamericana; habiendo propiciado un espacio para que poetas de diversas generaciones manifestaran su descontento contra los regímenes presentes e intentaran un cambio social y político a través de su poesía.

Así surgió la nueva lírica, en cuyos nombres se destaca el de Juan Gelman, que tomando ciertos hilos de la poesía nerudiana consiguió establecer nuevos paradigmas y plantear la escritura poética como una tarea de compromiso con el tiempo.

Más allá de Neruda

«Violín y otras cuestiones», la primera obra de Gelman, marcaría un antes y un después en la poesía argentina, dejando al descubierto las transformaciones que estaban teniendo lugar en la poesía de todo el continente. Casi diez años después, Gelman publicaría «Gotán», una obra que difiere en gran medida de la primera.

Algo es innegable al acercarse a este poeta, la radicalidad de su discurso es apabullante. No existen grises; sus opiniones fluyen como un chorro de agua que sabe hacia dónde va y no hay forma de que se tuerza. Con una poesía atrevida y absolutamente inconformista, el poeta porteño se opone a la realidad política y social. Ni la cárcel, ni el exilio ni los problemas consecuentes de su «bocaza», hicieron que Gelman se callara.

«Violín y otras cuestiones» permitió conocer a un autor que se apoyaba en la poesía de corte nerudiano pero que se dirigía a otro punto; que intentaba romper con la tendencia establecida como necesaria para la poesía. Mostrando una poética que atravesaba temas cotidianos valiéndose de un lenguaje más cercano y un relampagueo de imágenes. Lo cual derivaría en una lírica mucho más intensa y, a la vez, discursiva.

Apuntes sobre «Gotán», de Juan Gelman

Como Antonio Cisneros, Roque Dalton, Ernesto Cardenal y Mario Benedetti, Gelman exige un presente inédito apostando por la lírica de lo cotidiano, de lo histórico, y sobre todo, de lo social. La trascendencia de este período radica sin lugar a dudas, en ese deseo de cambiar el mundo desde la literatura, convirtiendo la propia poesía en un proyecto político.

Pero a diferencia de los nerudianos, Gelman se ve como una persona incompleta y a la que todavía hay que construir, por eso al quejarse del mundo y de los sistemas, también incluye la autocrítica. Y hace de su propia vida un proyecto político por el que hay que trabajar.

No escribe ya desde la comodidad de su casa o desde su seguridad emocional, como hicieran poetas anteriores. Lo hace desde una perspectiva sumamente combativa. Abandonará la oficialidad y escribirá desde la trinchera. De este modo, el poeta es un individuo más (sin antecedentes mágicos) que ha escogido la palabra como herramienta para expresarse. A diferencia de la poesía anterior, que aseguraba que el poeta era elegido por la palabra para manifestarse al mundo (era una especie de semidios), la nueva poesía hace del poeta un mortal absolutamente corriente.

Apuntes sobre «Gotán», de Juan Gelman

Tiempos de cambios

«Gotán» ve la luz cuando tiene lugar el comienzo del neo-humanismo en literatura. Un período en el que ya no es suficiente utilizar la palabra como herramienta para expresar lo que pasa, sino que es indispensable transformar esa realidad. El poeta debe buscar nuevos horizontes no sólo en la expresión poética, sino también en la vida social y política. Y la poesía de Gelman puede ser un ejemplo de ello.

En este poemario podemos encontrarnos con un discurso cotidiano, empapado de palabras provenientes del lunfardo. Una poesía en la que se respira tango y el aire porteño de los barrios bajos, en el que la furia, la algarabía, la ironía y esa esperanza ambivalente se apoderan del escenario. Valiéndose de este universo, Gelman crea un mensaje que lleva al lector desde los opuestos más obtusos y lo acerca a la esencia del pueblo.

Una de las cosas que más me ha sorprendido de Gelman es esa capacidad para permitirte como lector una interpretación exacta y mucho más extensa que lo que el poema en sí mismo postula; y es que detrás de sus palabras se esconde un universo de lo no dicho absolutamente rico al que solo puede arribarse a través de una lectura profunda y comprometida (como comprometida es la labor de su escritura). Su poesía tiene en tu realidad como lector un impacto impresionante, que no te permite huir de ese compromiso.

Apuntes sobre «Gotán», de Juan Gelman

Poesía urbana

Según lo ha expresado Cobo Borda, en el prólogo a la «Antología de la poesía hispanoamericana», una de las características más resaltables de esta nueva lírica es la de ser una poesía medularmente urbana.

Partiendo de un nombre tan porteño, que al pronunciarlo nos deja un sabor melancólico en la boca, Gelman consigue hacerse de las características fundamentales de esta música, el tango, para manifestar un discurso directo, que se vale de la intertextualidad para poner en palabras la parte más ardua e irrenunciable de la realidad. Manipula la ternura presente en las letras de tangos típicos como «Mi Buenos Aires querido» o «Anclao en París» para mostrar una línea de pensamiento subversiva, valiéndose de la ironía y de un escenario rotundamente antisistémico.

Apuntes sobre «Gotán», de Juan Gelman

El tango se encuentra irrigado de una significación extra-lingüística. Basta acercarse a los orígenes del género musical para comprender la inmensa cercanía con esta poesía latinoamericana; para ambos el uso de un idioma único incluye no sólo palabras particulares, sino una carga cultural y de valores que va más allá de lo estrictamente lingüístico. Para quien trabaja con este lenguaje, esta significación le permite llegar mucho más adentro, expresar más allá de lo que se dice. Y al leer a Gelman te empapas del mundo de los silencios y lo contextual.

Desde el comienzo el poemario huele a tango y su primer poema homónimo al título, tiene contundentes frases que te llenan de melancolía y del respirar porteño arquetípico.

Y continúa con su poema «El facto y los poetas», una clara denuncia a la poesía acomodada. A los poetas que no se atreven a decir lo que piensan o, peor aún, que no piensan para no encontrarse contradictorios consigo mismos. Y en esta misma línea nos encontramos con «Condecoraciones» que plasma lo mal distribuidos que están los halagos en el mundo; los muchos condecorados cuyas vidas fueron jugarse la de otros. Y condecorarán al poeta, dice Gelman, por usar palabras intensas con desinterés mientras la miseria humana pasa ante sus ojos sin que él sea capaz de sujetarla en las palabras.

Y ese poema, «A la pintura», tan lleno de elementos artísticos y a la vez de la cotidianidad que puede prodigar una mesa de café. Un poema que permite entender la musicalidad del poeta en imágenes tan sencillas como es una persona amando.

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Revolución y tango

En este poemario no faltan los versos libertarios, a través de los cuales Gelman intenta aportar su granito de arena a la lucha revolucionaria. De hecho, el libro se encuentra dividido en cuatro partes, donde cada uno tiene un tinte particular. Y la última se titula «Cuba sí» y podríamos caracterizarla como una selección de cantos a la libertad y a la lucha por los ideales del pueblo.

Hay mucho más para decir de este librito, pero el tiempo no nos acompaña. Antes de terminar querría mencionar, sin embargo, el poema «Mi Buenos Aires querido» que me ha sorprendido especialmente por lo mucho que sabe a este conocido tango.

Pese a lo similares que parezcan unos tangos de otros, todos huelen diferente. Y éste especialmente sabe a una melancolía desigual, esa contradicción que a muchos nos gobierna de sentir aprecio y a la vez apatía por nuestra tierra (¿la misma que sintiera Gardel al escribirlo?).

Y me quedaré con uno de los versos de este poema que creo son la mejor forma de cerrar este artículo:

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