“Anne la de Tejas Verdes” de Lucy Maud Montgomery

En estos días en los que muchos se han zambullido en la nueva serie de televisión “Anne” me ha parecido pertinente traer la historia original a nuestro desván de los libros perdidos para recordar la mágica “Anne de Tejas Verdes” de Lucy Maud Montgomery. Las aventuras de Anne han sido muy importantes en mis primeras lecturas de infancia y conservo hacia ellas un gran cariño. Lamentablemente, los viajes me han obligado a desprenderme de estos libros, lo cual ha sido muy doloroso. Sin embargo, he encontrado una preciosa recopilación de fotografías de Bárbara Couto, de la misma colección que yo leía, que me ha iluminado el día y servido para ilustrar este texto. Los invito a pasarse por el blog de Bárbara donde podrán encontrar muchas cositas interesantes.

Una niña atípica y atópica

Anne Sherley es una niña huérfana con una energía descomunal y una sensibilidad muy despierta que es adoptada por dos hermanos, Marilla y Matthew Cuthbert, que viven en una pequeña granja en el pueblo de Avonlea, ubicado en la Isla del Príncipe Eduardo.

Como se encuentran algo cansados e incapaces de realizar adecuadamente todas las tareas de su casa, los hermanos Cuthbert deciden adoptar a un huérfano para que los ayude a mantener en pie su establecimiento. Cuando Matthew llega a la estación de tren a la que debía llegar el niño se encuentra con una muchacha pelirroja que habla hasta por los codos y que no representa en nada aquello que ellos estaban buscando. Sin embargo, siente compasión por ella y decide llevarla a casa hasta resolver qué harán.

Marilla, que es la que toma las decisiones en la casa, se horroriza al ver a la chica y decide que han de “devolverla” inmediatamente. Anne se echa a llorar y promete que será buena y que hará todo lo que le digan pero que no la envíen nuevamente al “horrible orfanato”. Ya desde el primer día manifiesta un comportamiento impulsivo y victimista que, aunque por un lado molesta a Marilla, la ablanda y le hace reír. Así la niña se gana el pase para quedarse allí.

Foto: Bárbara Couto

Sin embargo, las cosas no serán sencillas y a lo largo de toda la novela podemos acompañar a la niña por su aventura escolar, el maltrato que recibe por parte de sus compañeros y descubrir el mundo a través de esa mente tan imaginativa y graciosa que la distingue.

Anne es una chica hipersensible que todo se lo toma de forma personal
y que siente una profunda culpa por la muerte de su madre: este hecho la lleva a responsabilizarse de las personas que la rodean y ayudarlas a mejorar sus vidas. Sin embargo, las ideas de la niña no siempre gustan a los adultos, y esto la lleva a meterse en sucesivos problemas, de los que sale más dañada. Sin duda, su imaginación y su extrema sensibilidad la convierten en una criatura exquisita que a más de uno de nosotros nos ha alegrado y dulcificado la infancia.

Foto: Bárbara Couto

La serie de Montgomery

Cuando era niña leía con devoción los libros de Montgomery, esperando encontrarme nuevamente con esa Anne de las Tejas Verdes, sin embargo, nunca volví a verla, y con el paso del tiempo fui cansándome de estas historias. Porque esa mirada de los primeros libros, que abogaba por la libertad de expresión y una forma distinta de ver la vida, se fue desvaneciendo a lo largo de los años, según Anne iba cumpliendo años.

Las entregas posteriores “Anne la de Avonlea”, “Anne la Álamos Ventoso” y “Anne la de Ingleside” tienen un carácter más amable y en ellas el personaje ha sido domesticado por la sociedad, perdiendo la gracia, y convirtiéndose en una criatura más parecida a todo aquello que de niña detestó. Según su personalidad de niña fuerte y rebelde, una creería que Anne sería una mujer absolutamente distinta, y sin embargo, en las últimas entregas cuesta ver ese espíritu que la caracterizaba.

Es evidente que la madurez nos cambia y que es prácticamente imposible aportar el futuro de esos personajes de infancia sin defraudar a los lectores. Imagino que muchos habrán leído y disfrutado de las entregas de la Anne adulta y le habrán creído la transformación del personaje; y también reconozco que esta metamorfosis que expone Montgomery tiene mucho de realista, porque ya sabemos lo mucho que pueden cambiar las personas desde la temprana infancia hasta la vida adulta, sin embargo, a la ficción le exigimos un poco más, supongo.

Sea como sea “Anne la de Tejas Verdes” es una historia bellísima que nos permite recorrer preciosos paisajes y descubrir a esa niña de la que Mark Twain dijera:

Foto: Bárbara Couto



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