10 curiosidades de Emily Dickinson

Numerosos son los poetas estadounidenses que han existido y existen. No obstante, pocos han conseguido convertirse en un referente dentro de la literatura universal. Y entre esos se encuentra Emily Dickinson (1830 – 1886), que es un icono para muchos artistas así como una autora de referencia para miles de lectores en todo el mundo.

A pesar de ser una figura muy conocida, existen aspectos de su vida o de su obra que no todo el mundo sabe. Y precisamente por ese motivo, a continuación, te vamos a descubrir algunas de sus más notables curiosidades:

  1. Cuando cursó sus estudios llegó a odiar las matemáticas, no le gustaban en absoluto y reconocía que carecía de habilidades para las mismas. Por el contrario, era una virtuosa con los idiomas, las ciencias naturales y con la música, además de con la literatura.

  2. Una de sus características era que no le gustaba socializarse. Es más, llegaría a reconocer que prefería comunicarse con sus familiares o amigos mediante cartas.

  3. Estando viva solo se publicaron unos cuantos de sus poemas. Sería después de su muerte, tras descubrir su hermana menor Lavinia la gran cantidad de trabajos que había realizado, cuando vio la luz la mayor parte de su bibliografía. En concreto, fue capaz de realizar 1.800 poemas.

  4. Aunque comenzó siendo muy religiosa, llegando sus profesoras incluso a intentar que se convirtiera en misionera, a partir de los 30 años se declaró pagana.

  5. Entre los autores favoritos de Emily Dickinson se encontraban Hugh Conway, del que le encantaba la obra Devolvió la llamada y Charlotte Brontë. De esta última le fascinaba su novela Jane Eyre.

  6. Era una verdadera apasionada de la jardinería, la horticultura y la floricultura.

  7. Fue una mujer considerada excéntrica, entre otras cosas, porque tenía “manías” tales como no saludar o vestir de blanco la mayoría de las veces. Eso sin pasar por alto que también porque los últimos quince años de su vida los pasó sin salir de casa, concretamente los finales sin salir de su habitación. Así, han quedado algunas declaraciones de Dickinson sobre ese aspecto en las que decía: “No salgo de las tierras de mi padre; no voy ya a ninguna otra casa, ni me muevo del pueblo”

  8. Uno de los misterios que siempre han circulado sobre esta autora estadounidense es la identidad del hombre del que se mostraba perdidamente enamorada en algunas de sus cartas. Unas teorías establecen que era de un amigo de su padre y otra de su mentor, están las que apuestan por un estudiante… No obstante, la escritora se llevó ese secreto a la tumba. Es más, incluso se considera que pudo tener ciertos sentimientos amorosas hacia su propia cuñada, Susan Huntington, a la que no dudaba en enseñarle sus poemas y que le inspiró en algunas de sus obras.

  9. Pasó una parte de la recta final de su vida sufriendo idéntica nefritis a la que hizo morir a Mozart, la que se da en llamar mal de Bright. Esta trajo consigo que pasara la mayoría del tiempo sentada en una silla.

  10. Muchos son los escritores que han sentido y sienten verdadera fascinación por la obra de Dickinson y entre esos se encuentra Juan Ramón Jiménez.



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