Virgilio López Lemus

Poemas de Virgilio López Lemus

Seleccionamos del listado de arriba, estos poemas de Virgilio López Lemus:

Ad infinitum

Una rosa es una mano es una rosa
es una linfa es una isla es una
luna es una nube que viene en la tormenta.

Una tormenta es el otoño es el verano
es la infancia es el desaste es el viento
que arrastra consigo las nubes y las islas.

Una isla es una rosa es una mano
es una patria es una manta voladora
es un cristal hecho del polvo de la arena.

Una rosa es una ciega y soterrada
fantasía hecha al borde histérico
de un sueño al mediodía.

Una mano es una rosa es un silencio
moviéndose en medio de tormentas,
es una rueca es la luna son las nubes
y las islas y el sueño y el cuerpo adolorido
del día, del día radiante, una rosa es una mano
es una nube, es una isla...

Me pides que marche

Hacia dónde me pides que marche,
hacia qué Vellocino, hacia cuál Ítaca,
si toda marcha será la de Ícaro
mirado por Narciso en una tarde de lluvia?

¿He de irme hacia dónde, cuál fue el sitio
que me vio partir huyendo de la nada?

Un ángel sólo es un nuncio y yo quiero
ser mucho más que un ángel, que ese
ángel mirando al horizonte, con las manos
extendidas en espera de nadie.

Cuerpo del día

Creo en la grata mansedumbre de una manzana.
Y si de creer se trata, yo creo
en el día de Dios repartido en el cosmos
como un abanico que se abre
y cuyos rayos son caminos, tumultuosos caminos
por los cuales se despeña el hombre.
Creo en la santísima voluntad de estar
vivo donde estoy, bajo el fatalismo
de haber nacido una vez y dirigirme
hacia la muerte, sitio irreal, inconcebible,
donde es imposible permanecer.
Creo en la soledad del dulce sueño erótico
en la casa rodeada por el sueño y la soledad
en cuyo interior converso con el aire.
Creo en la virgen del retrato, en la madona
rodeada por la fuente, en la estatua
que eres tú, cuerpo del día, en el que creo
con todas las fuerzas de mi vida.

Espacio

Escucha: qué silencio, qué silencio.
Me abraza el silencio como un padre
y como un padre de muerte me circunda.
Ni siquiera el sonido de las aguas.
Si cantara tres veces algún gallo.
Qué silencio, Dios mío, cuánta espuma
de tiempo se agolpa en la tristeza.
Ni siquiera el rumor de los espejos.
Un silencio absoluto de campana
sin vibración primera, sin el viento
que conversa entre hombres y árboles.
Qué soledad se junta en el silencio.
Escucha: qué silencio, qué silencio...

Soledad

Te vas quedando solo.
Apoyaste todo tu amor en los ancianos
que te sonríen y luego se marchan.
Escribiste páginas borrables
y poemas de corta duración, como tu vida.
Ni los libros leídos ni los más amados
estarán contigo allá, que es dónde.

Abiertamente solo, vas pensando, en la noche,
cómo engañar a la soledad
con un monólogo,
con un aplauso.

Ojitos de miope

Con esos mismos ojos miras a través
de la ventana, y ves el movimiento
efímero y eterno.
Con esos mismos ojos desnudaste
el cuerpo y sus prodigios,
el paisaje estelar.
Te sirvieron como peces,
te abrieron los caminos.
Mira como miran las distancias,
cómo observan el amor.
Desperaron tu sed,
demudaron tu silencio.
Son expresivos como cuencas de estrellas
y aunque los encierres con cristales
mirarán, mirarán,
mirarán
toda la vida.