Geografía

Nadia ALMAZÁN - OFICIAL

La desventaja de las palabras son los oídos incrédulos.

Oídos inocentes que engrandecen lo no comprobable.

Pero empezamos hablando del problema en el poema,

de un conflicto in-resumible de una vida caótica

que entre las diversas tragedias e incertidumbre

el oído más que ser engañado, es astuto y por tanto

comparte la interacción con la vista, quien a su vez es absorta

y le deja la responsabilidad a la incrédula persona que no supo usar ambos sentidos,

y resbaló ante el desbordante gusto, olfato y tacto,

cómplices del corazón.

El corazón absurdo.

El corazón que no piensa, que no cuestiona

porque aún es niño.

Y no es salvado... es protegido.

 

Y luego viene la poesía,

donde el olfato invita al suspiro

y la vista se pierde entre objetos y materia,

incluso ve hoy un rostro que ni es palpable,

y degustamos unos besos en el lento espacio,

entre el tacto que me dice que te tengo

y abro las manos y me doy cuenta de la advertencia

del sexto sentido que me pide que despierte

porque el corazón es niño.

 

Veo el pasado y me doy cuenta que me hicieron gris.

Que la poesía transparente fue masticada entre dientes.

No entendí de palabras y me perdí en varios mapas,

y entre el cartón, la aceptación y la amargura,

renací,

en mi propio color

y olor

amarillo.

 

Puse los pies sobre la tierra

y tus ojos me invitaron a volar...

y entre dudas,

media vida hecha

y la inquietante idea de no volver atrás

me convenciste de que el amor

se escribía en otro color

y tenía otro aroma,

y caminaba distinto,

y reía distinto,

y temblaba distinto.

 

Despertó el pulmón, la lengua, la legaña, la cerilla y la mugre de mis uñas.

Quién sabe cuántas cosas tuvimos qué pasar para desintoxicarnos,

y estás aquí:

en un poema donde es difícil resumirte,

en un nombre que no he descifrado,

en los hijos que no tuviste,

en un mapa extraño,

en fragancias de océanos

que olean mi cabeza

y me hacen dar vueltas.

 

Y el corazón pensó que

podrías ser poema...

pero te prefiero en geografía.

Y recorrer en ti

o contigo

hasta donde tengamos que llegar.

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