Santiago Miranda

Todos siendo, uno

La verdad nos fue revelada de golpe
como una ilusión en un sueño difuso
-tú que a tu muerte has tomado mi cuerpo
nuevo / ungido en la frescura de su invernal curso
-yo que a tu final continuaré ejerciendo
aquel conflujo oscuro de claras intenciones
y deseos / encendiendo la lengua del fuego, miramos
concatenados los vocablos más tercos, espero
de bruces sobre el terciopelo azul marino, puliendo
el carbón opaco de las almas al filo de los espejos
tu cuello suave como los campos de seda, como aquél
cuerpo amado de lo extranjero, tal pérdida
irresponsable clausura nuestro futuro en un miedo
se disipa en la perspectiva de que ambos fuimos
otros enteros, otros dispersos, máscaras de fiesta
de un juego, una mecánica dispuesta /para alcanzar
algo nuevo, algo lejos, algo distinto a su centro/
una bromas de siglos vagos, de no acabar, de no acabar

 

Legado el espíritu en el escrito
se reconstruye un sentimiento anterior
al hombre se transmite lo percibido
y el juicio se asimila a una condición mitológica

 

No hay en esto que temer
cuando comprendes que eres vigía
corres, chasqui del testamento;

 

Recorrido fortuito ¿acaso no es salto la caída?
entre bajas profundidades y altas cavernas
bagaje de palabra amor e idea
antorcha centelleante;
ser vivo o estrella

 

Ya has sido mi vista antes de la ceguera
ya he sido tu sombra después del ocaso
ya hemos sido la discordia y la paz certera
ya hemos estado siendo, el viviente pasado
el durmiente cercano atrás en lo que no ha sido
rememorado aún del todo como un sueño
lo posible lo improbable lo olvidado
se reúnen en el vórtice de imágenes
aquella boca cerrada anterior a la palabra
anterior a la falta en la fundación de la misería
anterior a la promesa del cielo, destellando luz y alma
Me Regocijo

 

Regocijo en la cumbre incierta / todo fue
conocido por nuestras formas ancianas
aún pudiente aniquilarnos en los deseos
desconocidos, nos mantenemos en paz y calma

 

Todo fin también es comienzo
todo comienzo es continuación postrera
rescata las eras, cuida tus pasos
-tambaleamos entre el olvido y lo eterno-

 

¿el salto, te eleva o entierra?

 

Yo leo a mis muertos, los intento
en el repaso de sus impresiones secas
cedo mis sentidos a su reflexiones
y me habita su aliento eterno, yo ahora

 

Soy, ellos, los que he comprendido
en el intento, eres lo que hay en mí
al entrar al sueño, se materializa
se transmuta en carne, se traspasa de cuerpo
en cuerpo hasta el fin, de las generaciones

 

A mi muerte tomaré tu cuerpo
ninguna muerte es irrevocable
ninguna proposición es definitoria
serás lo que has estado siendo
un otro infinito, una puerta descendiendo
sobre el agujero de los oscuros misterios
un conejo blanco, de seguirlo no tengamos miedo.

 

Comentarios1

  • Amalia Lateano

    Me ha gustado mucho, querido amigo. Me encanta por la expresividad, la fuerza y la belleza de las imágenes que impregnan todo el poema.

    Vaya mi admiración..

    Un abrazo.

    • Santiago Miranda

      muchas gracias, su comentario fue muy rápido y me alegra bastante.
      mis mejores deseos. un abrazo



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