Las cartas de Christopher Boham

Bernardo Bosquez Minjares

 


1-    El Preludio

 

Recuerdo bien aquel día que la vi por primera vez, éramos solo dos niños en una ciudad enorme, una linda primavera de 1926,  y fue mutuo el amor que entre nosotros surgió, y a pesar de que ella iba con su madre por la plaza nos miramos y mi mundo se detuvo desde entonces a admirarla.

Éramos un par de niños ella tenia 6 años al igual que yo, pero desde luego ella era lo mas bello que hasta entonces mi ojos habían visto, quien diría que el amor nacería desde los tiempos mas hermosos en nosotros, quien creería que la ciudad del amor seria escenario de nuestro joven y tierno amor. Desde aquel día, no podía dejar de pensar en ella, todos los días cuando salía a ayudar a mi padre con las labores del campo, me gustaba mirar al cielo y pensar en ella, siempre fui muy soñador siempre estaba en las nubes, recuerdo que a diario al terminar las tareas de mi hogar solía pasearme por la plaza solo para ver si lograba mirarla y cuando no se daba la oportunidad vagamente me dirigía a su casa para admirarla desde la distancia jugar con sus hermanas.

Sin duda era amor a primera vista, aunque un par de veces intente acercarme  y ella temerosa, llamo a su padre, recuerdo un día de abril, estaban jugando cerca del rio, y yo me acerqué a conversar con ella, le pregunte su nombre pues hasta entonces solo me había cautivado aquella niña de cabello ondulado y ojos tiernos, le pregunte su nombre, y me dijo llamarse Alexandra; yo desde arriba de la rama de un árbol me balanceaba como un mono enamorado, quizá para impresionarla, o no lo se, pero en ese momento mis acciones no las controlaba mi intelecto, le dije yo soy Christopher, con una sonrisa enorme en el rostro, de pronto, la rama se rompió y caí de sopetón hacia el suelo, que gran golpe me di, ella saco del fondo unas risitas y sus hermanas igual, yo simulando no haber sentido dolor me sobaba la retaguardia mientras con una sonrisa en el rostro por de mas estúpida le decía “estoy bien, estoy bien”

Cuan hermosa era mi vida, llena de felicidad, mientras paseaba por parís completamente enamorado, quien diría que tendría la niñez mas linda del mundo, pasaban los días, los meses y los años, ella tenia ya 15 años y yo; yo casi 16, de un hermosísimo 1935

Ah la juventud! Que hermosa es, en esos días yo la veía mas a menudo, solía escribirle cartas, y ella me escribía a mi, recuerdo hablarle confesado que a mis ojos ella era la chica mas linda de todo parís, y ella contestaba siempre muy alagada sus cartas; aun conservo esas cartas, las llevo conmigo siempre en mi maletín, era pleno octubre, el otoño en su máxima expresión y en la capital parisina, el cielo se tornaba anaranjado en las lindas tardes de París, la hojarasca aun no caía toda de los arboles mas sin embargo el suelo ya se teñía de hojas color marrón, amarillas y anaranjadas, que al paso de los caminantes se movían con el viento y se rompían al ser pisadas. 

Era el pleno otoño t como siempre la plaza se llenaba de arte música y de romanticismo, en esta época del año llegaban de todas partes los extranjeros, que con su arte hacían mas romántico el paisaje, recuerdo un día en la plaza, un sujeto que fuera de una casa de música importante de la ciudad tocaba un hermoso piano, era todo un galán ese sujeto, y sus hermosas notas enamoraban por igual a hombres y mujeres. Recuerdo ver a Alexandra, parada enfrente de el, sonriendo tan enamorada; cuan celoso me sentí en ese momento, cuan abandonado me sentía, cuan envidioso de su atención estaba, ella lograba ponerme lleno de celos, así que esa tarde mientras cenábamos sentados a la mesa, le pregunte a mi padre si podía darme lecciones de piano, mi padre siempre fue un hombre que le encanto la música, así enamoro a mi madre, teníamos un viejo piano en casa, que aun funcionaba tan bien como el día que lo compraron, mi padre con un semblante de alegría en su rostro asintió amablemente con la cabeza.

Mi padre era un hombre lleno de misterio en su rostro los años no habían pasado en balde, sirvió para la corona Francesa en la gran guerra. A menudo me contaba de sus historias, y siempre inculcaba en mi el sentido del heroísmo y el patriotismo!

Siempre dándome lo mejor de si, era un excelente hombre, aun lo extraño en esas noches frías donde los recuerdos no me permiten dormir. Pero ese es otro tema, que mas adelante les contare.

Ahora bien donde estaba… ¡Ah Si! … las lecciones de piano siempre fui muy amante de el arte, la pintura era mi pasión, y desde luego había heredado de mi padre el amor por la música.

Y así comencé a practicar recuerdo que practicaba a menudo, era de verdad pésimo, pero quien dijo una vez, que la practica hacia al maestro! Y así fue. Con el tiempo me volví bueno en lo que hacia, y comencé a tocar, tocaba melodías sutiles que enamoraban los sentidos, tocaba piezas tristes dependiendo de mi estado de animo, era un vomito emocional lo que vaciaba en mis notas, era el sentir del momento lo que plasmaba en mi música.

Diciembre había llegado ya, yo tenia 16 años, y era el hombrecito del hogar, así que un 15 de diciembre me arme de valor, y fui a su casa, mientras caminaba hacia su casa comenzó a nevar, la nieve caía mágicamente en la ciudad, los tejados se recubrían de blanco, un blanco que traía paz a los hogares parisinos, era un hermoso día, camine hasta la casa de Alexandra, y recuerdo ver el humo salir de la hoguera de su hogar, me apronte hacia la puerta y la toque, casi me desmallo de los nervios, entonces salió su hermana Isabella a la puerta, me miro y con risitas y sin que yo digiera algo llamo a su hermana Alexandra te buscan grito en la puerta, y yo me sonroje un poco, Alexandra bajo, y me miro en la puerta, su padre sentado desde el estudio, en su mecedora y con una pipa en mano, me miraba intranquilo! Y le pregunto

-Quien es?

Alexandra, contesto! Es solo un amigo padre,

Entonces yo le pregunte si me permitía salir a pasear con Alexandra a la plaza, a lo que el se negó rotundamente, y frunciendo el seño, me miro, pero después entro la madre de Alexandra en acción, la Sra. Lawer y con una amabilidad en su rostro beso a su esposo en la mejilla y le dijo!

-Cada día te vuelves más gruñón Joshep.

 Me sonrió desde el estudio y a asintió con su rostro para que Alexandra y yo saliéramos a pasear.

Ese día fuimos a un parque, nos sentamos en una de las bancas, y observábamos la nieve caer, nos mirábamos y yo dentro de mi sentía como el mundo se acababa si no la besaba, entonces la mire a sus hermosos ojos, y ella me miro a los míos, y mientras me acercaba a su rostro lentamente… me embarro una bola de nieve en el rostro,

Solté una carcajada, y ella con risitas comenzó a limpiarme el rostro,

-no lo pude resistir, me dijo

-Ahora veraz

 Le conteste,  y comenzó la guerra, la guerra mas tierna y dulce que jamás podre olvidar, jugamos en la nieve por un par de horas tanto que sin darnos cuenta terminamos con los dedos azules. Me dijo que la acompañara a su casa a cenar, y desde luego acepte, fuimos a su casa, tomados de la mano, aun no la invitaba a salir, aun no éramos novios, mas sin embargo yo estaba enamorado, enamorado en las calles de parís.

Llegamos a su casa, y su madre estaba preparando la mesa, nos dijo que nos quitáramos las ropas mojadas, y me ofreció ropa de su padre, que desde luego me quedaba enorme, pusimos las manos al fuego un rato para que volvieran a su color original, y mientras estábamos sentados en la hoguera nuestros ojos se miraron, y mi corazón se aceleraba tanto que quería besarla, mas me temía tuviera otra bola de nieve guardada detrás suyo, entonces sonreí, y mientras tenia mis manos al calor tome las suyas entre las mías, y les di un soplido con mi boca, le dije,

-Fue una tarde fría eh?, ella sonrió y me dijo.

-Eres un tonto Boham, mientras se le escapaba una risa inocente de sus labios. 

Entonces su madre nos llamo a la mesa, había preparado un estofado de carne con alubias, pan recién horneado y un excelente queso, nos sentamos a la mesa sus dos hermanas su padre su madre  ella y desde luego yo.

La madre, dijo:

-Que nuestro invitado nos haga los honores.

Nos tomamos de las manos y dije una plegaria, para después comenzar a cenar, era un delicioso estofado, la mano de su madre era como bendecida por los mismísimos ángeles, Alexandra era tan bella como su madre, y mientras estábamos a la mesa, no nos dejábamos de mirar, ella sonrojaba y agachaba la cabeza, mientras yo con un apetito feroz devoraba el alimento sobre mi plato, quede satisfecho!  Y con un gesto de amabilidad le di las gracias a su madre,  entonces le dije que me tenía que retirar pues la ventisca arreciaba y la nieve subía de nivel,

Alexandra me acompaño a la puerta, y me despidió de la forma mas cálida que se pudo, me abrazo y me dio un beso en la mejilla, las piernas se me doblaron pero estaba tan feliz, me dijo que me cuidara y me di media vuelta, Salí de su puerta y al llegar a la esquina me gire, y aun seguía ahí, parada observándome, nunca antes me sentí tan enamorado, me fui danzando entre la nieve de camino a casa, era la noche perfecta, la mejor noche una noche excelsa en Paris.

Y Así llego el año nuevo, Enero 1936 que días tan bellos eran esos.

Recuerdo un día mientras estábamos en su casa,  subimos al estudio de su padre, ella me conto que su padre también había servido en la gran guerra, de la cual había regresado herido, por lo cual la mayor parte del tiempo estaba triste y con un semblante de seriedad en el rostro, pero que dentro de el era el padre mas tierno y amoroso del mundo.

En su casa tenían un librero enorme con libros de todo tipo, muchos autores y poco tiempo para describirlos, recuerdo que en el centro del estudio tenían un piano viejo, que aunque viejo todavía lograba dar hermosas melodías, su padre subió y nos miro ahí, y caminando con su bastón se me acerco y me dijo,

-es un hermoso piano, pero esta algo desafinado, toca mal algunas notas, te gusta tocar?

Me pregunto,

-Si!, le conteste, me encanta, y si usted quiere yo podría afinarlo,

-sabes hacerlo?

Me pregunto,

-desde luego señor, mi padre me enseño.

-Pues ya esta, me harías un gran favor muchacho.

Desde ese día comencé a sentir mayor aceptación por el padre de Alexandra, desde luego aun no éramos nada, mas sin embargo yo; yo ya vivía enamorado de su hija. Era pleno enero, y en el viento fresco viento aun se sentía el aroma del romance, recuerdo que el febrero la plaza central se llenaba de amor y de alegrías, era un hermoso día, de febrero, y yo la invite a cabalgar por los campos íbamos cabalgando a las afueras, era un día algo soleado, pero agradable, y mientras cabalgábamos nos detuvimos a la sombra de un árbol para descansar. Ella estaba tan roja de su rostro por el sol, lucia tan hermosa, Oh mi Alexandra, cuando daría por estar con mi Alexandra ahora, pero estoy divagando, debo recordar y concentrarme.

Así que ahí estábamos los dos. A la sombra de ese árbol, me recosté para que ella pudiera acostarse sobre mi pecho, y fue ahí, debajo de ese árbol, en un mágico febrero de 1936 que nuestros labios se juntaron por vez primera, mi centro se estremeció y el universo no giro entorno mas al sol, sino a nosotros, sentía como las estrellas y los planetas giraran a mi alrededor. La naturaleza expiro su aliento en nosotros y el viento que traía buenas nuevas de la primavera que se acercaba soplo sobre nuestros cabellos.

Fue mi primer beso hasta entonces, y fue tan mágico como lo recuerdo, por un momento mi corazón se paro y dejo de latir, pero al terminar de besar esos labios que tanta pasión habían traído a mi, mi corazón latió tan fuerte como nunca antes lo había hecho, mientras la seguía besando tome sus manos entre las mías y las coloque sobre mi pecho, ella se sorprendió pues mi corazón parecía que iba a estallas, mas no era mas que el hermoso sentimiento del amor, que me causaba en mi una tremenda taquicardia.

Entonces fue ahí cuando tuve el valor de aventurarme a decirle cuanto la quería, ella con los ojos llenos de amor y una cara inundada de cariño me respondió que sentía lo mismo, y desde hacia tiempo que lo había notado en mi, yo me sonroje y la abrase, su cabeza sobre mi hombro, se acomodo, y mi pecho se tranquilizo un poco, pues sentía su corazón tan cerca al mío como nunca nadie jamás lo había hecho.

Entonces me atreví a mirarla una vez mas a los ojos, y a enamorarme por segunda vez de ella,  conversamos todo el día, sobre como serian nuestras vidas cuando fuésemos grandes.

Pues a nuestro amor tan joven aun no se le acercaban las nubes las malas nubes, de la gente pútrida que en el mundo habrían de habitar.

Llego marzo, que solo traía consigo buenas noticias, pues mi amada, mi amada Alexandra tenia ya en su haber, 16 hermosos años de vida, ella se convertía en toda una señorita, hermosa y linda señorita, cuando llego abril, ese abril que con sus malas noticias arrugaría mi corazón, me entere de que sus padres, habían decidido enviarla a Londres con su familia para que asistiera a una escuela de señoritas, la noticia me callo como un baldé de agua helada.

Recuerdo haber ido a la estación de trenes a despedirla pues tomaría el tren que la habría de llevar a la costa de donde partiría en un barco hacia Londres.

Y ahí estábamos los dos mudos en la estación de trenes, mis ojos inundados en lagrimas que no salían, mis labios secos pues que no tenían palabra alguna, ella llevaba su mirada destrozada, y los labios tan apretados y ansiosos por decirme algo, éramos un par de mudos esperando el momento de la separación.

Y de pronto una lagrima rodo por su mejilla y las palabras surgieron del alma; le dije que no llorara, intentando hacerme el valiente. Ella me dijo que solo serian seis meses, que volvería cuando las hojas cayeran, y yo intentando no llorar enjugue mis lagrimas y le conteste que la estaría esperando, me dio un fuerte abrazo de esos que rompen los huesos, yo me apegue lo mas que pude a ella intentando que su aroma se impregnara en mi ropa, en mi piel, en mis poros. Suspire tan profundamente cuando la vi partir, y ella desde la ventana empaño el vidrio con su aliento y dibujo un corazón, entonces fue ahí cuando lo supe, supe que sin importan que tan lejos estuviera, nada podría separarnos pues el amor que sentíamos el uno por el otro seria el amor que nos mantendría con vida hasta el final de los tiempos.

Cuan triste volví a casa, pues al llegar mi madre tenia lista la cena, era mi platillo preferido, y sin embargo no quise tocarlo, me retire a mi habitación donde me recosté sobre la cama, sabia que ella aun estaba viajando, mas sin embargo yo la sentía tan cerca de mi, mi ropa estaba impregnada con su aroma, mi habitación olía a su cabello, habían pasado apenas si unas horas desde que había partido y yo ya la extrañaba, cada segundo que pasaba sin ella a mi lado era un calvario.

Pasaban los días y yo seguía con mi rostro triste, mi madre que tan buena mujer era,  me abrazaba y no me dejaba ni un segundo a solas, y así pasaron los días, abril estaba a punto de terminar. Cuando de Londres,  llego una carta,

Decía:

Para: Christopher Boham. 28 de abril de 1936

Hola querido mío, han pasado ya dos semanas desde que te vi por ultima vez, y me lleno de tristeza por que no puedo estar contigo, per a la vez, mi corazón se llena de amor, al recordar tu carita de tristeza el día que me fui, esos lindos ojos que solo el chico de mi corazón tiene, son el motivo por el cual no te olvido, te pido que seas fuerte, por que quizá yo no lo soy tanto, he estado bien, y si no te había escrito antes es por que me estaba acostumbrando a la vida en Londres, es muy bonito, ojala algún día pudieras venir y verlo con tus propios ojos, hace unos días mis tías y yo fuimos a Manchester, a visitar a unos familiares, hermosa ciudad, me encantaría vivir en ella cuando seamos grandes Boham.

Me encantan los paisajes tan hermosos que hay aquí, me encantaría que estuvieras conmigo y poder verlos juntos, es tan distinto a París aquí, sin duda un país hermoso, pero que sin ti se vuelve nada, te extraño tanto, aun antes de dormir observo el cielo, y nuestra estrella esa que bautizaste, “de notre vie”(nuestra vida) siempre la miro antes de dormir y es la mas cercana a la luna, que pareciese que vive enamorada de ella, pues no se separan ni un segundo.

Oh cuanto te extraño Christopher, y pienso si tu me extrañaras igual, cada noche antes de dormir rezo por ti! por tu bien, le pido a Dios que te de salud y a mi fuerza, por que siento que te necesito. De nuevo me disculpo si no he podido escribirte y suplico contestes a mi carta.

Escribo para que sepas que estoy bien, mis tías son muy amables y buenas personas, mis tíos nos cuentan historias, y para que lo sepas, he aprendido a montar sola, mi tío tiene varios caballos, y nos enseño a montar a mi y a mis primos.

No te aflijas más corazón, que apenas caiga la primera hoja de otoño, yo estaré volviendo a ti, ansiosa de saberte sano y salvo, con ganas de abrazarte y de estar a tu lado, pues aun recuerdo nuestro primer beso en febrero y créeme que me transporta mágicamente a tus brazos. Y nada rompe el encanto y el hechizo que tus besos dejaron sobre mí aquel día.

Recuerda que a la distancia mis cartas te llevaran mi amor hasta donde estas y recuerda que en un abrir y cerrar de ojos estaremos de nuevo juntos, te quiere Alexandra.

 

Así termino aquella carta dejándome un muy dulce sabor de boca, pues sabia que ella pensaba en mi y eso tranquilizo las aguas en mi corazón. Hacia dos semanas que no la veía, y aun sentía como si apenas hace unos segundos se hubiese ido, sentía como si la hubiesen arrancado de mi hace apenas unas horas. El sentimiento nunca desapareció, y yo; yo aun seguía leyendo su carta una y otra vez, no me aburría nunca, cada vez que la leía la sentía tan cerca, y así me enamore una tercera vez, de quien tuviese los ojos mas lindos desde parís hasta Londres.

 

El 29 de abril me decidi a escribirle una carta, para contestar a la suya, nunca fui bueno escribiendo, mas sin embargo intente y me esmere en ello.

Escribiendo lo siguiente:


Para: Alexandra Lawer 29 de Abril de 1936


Hola Señorita mía, esta vez te escribo para corroborarte que estoy bien, sigo pensando tanto en ti querida mia, no hay segundo que cierre los ojos y no te vea, he estado bien gracias a Dios, muy feliz por que se que estas bien, yo estoy de maravilla, todas las mañanas ayudo a papa en el campo antes de ir al colegio, cada tarde la paso en la plaza recordándote, comencé a escribir poesía, no soy muy bueno, pero me gusta, por que me inspiro en ti para crearla, en las noches cuando regreso a casa, me gusta tocar el piano de vez en cuando, toco melodías tristes pues mi corazón te extraña, todo el tiempo pienso en ti Alexandra, y al igual que tu cada noche veo nuestra estrella, y veo nuestra vida juntos, desearía poder estar contigo en Londres y conocer la ciudad de tu mano, aun llevo sobre mi tu aroma, ese aroma que dejaste aquel día en la estación de trenes, aun paso de vez en cuando por la estación esperando poder verte de nuevo pero me engaño a mi mismo se que aun no volverás pero cada día sueño con que llegues antes,

Cada tarde antes de dormir veo los arboles, para ver si las hojas pronto caerán pero están tan verdes, que me lleno de enfado al saber que aun falta tiempo, en el colegio me va bien, estoy en un taller de arte y pintura, estoy enamorado de las artes vida mía, no mas de lo que estoy enamorado de ti, pero es una gran pasión en mi.

De vez en cuando también visito a tus padres, tu madre te extraña al igual que Isabella y Marisse, aun paso por enfrente de tu caza y las veo en el patio tomando el te, tu madre de vez en cuando me invita a pasear, y a comer.

Tu padre me invita a tocar en casa, pues de vez en cuando el toma el violín y yo el piano, y juntos hacemos sonar la casa de melodías hermosas, como desearía que estuvieras aquí también. Para poder tomar tu mano y sentir tus labios de nuevo.

Hace unos días acompañe a mis padres, a Reims a visitar a mis abuelos, es una ciudad muy bonita llena de paisajes hermosísimos, ah mis abuelos desearía que algún día los conocieras, te agradarán, y se que tu a ellos.

No quisiera despedirme mi pequeña de ojos cafés, pero el tiempo me indica que es hora de ir a soñar contigo, pues apenas si termine esta carta me iré a la cama, espero que la recibas, y espero tener noticias nuevas sobre ti, te quiere Christopher.



  • Autor: Bernardo III (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 18 de noviembre de 2013 a las 19:40
  • Comentario del autor sobre el poema: Tengo tiempo sin publicar en la pagina, pero es debido a que eh estado atareado con la escuela. Aqui les dejo mi nueva novela es un trabajo reciente en el que estoy empezando a trabajar esta es la primer mitad del primer capitulo. Y aquí abajo les dejo la Introducción para que la puedan leer: INTRODUCCION “Apenas si éramos un par de jóvenes, ella 19 y yo casi 20, cuando estallo el conflicto”. Enamorados en la ciudad del amor Paris, encontraríamos que la guerra tiene sus propios horrores pero que dentro de ella puedes encontrar el verdadero amor. Acompáñame en esta historia a través de todos los horrores de esta guerra, en la cual conocerás a Christopher Boham y Alexandra Lawer, dos jóvenes parisinos que se verán distanciados tras la invasión Nazi a Francia. Luchando por permanecer con vida, y encontrarse al final del conflicto para estar juntos, Boham será enviado a Liverpool a un hospital militar donde se refugiara mientras se recupera para volver a participar en la guerra y así poder regresar a Paris para reencontrarse con su amada. -“La guerra divide naciones pero jamás Corazones” Boham atravesara la Isla de Bretaña en un punto critico de la guerra, en el cual la Alemania Nazi bombardeo prácticamente las urbes más importantes de Bretaña. Cruzara el canal de la mancha para unirse a compatriotas suyos en la resistencia francesa dejando a tras los bombardeos alemanes para internarse en el oscuro paisaje que representaba la Francia ocupada, Boham viajara a través de diversas ciudades todo por encontrar a su amada, aun y cuando tenga que esconderse del dominio Nazi para poder viajar. -Terminara encontrando a su amada en Paris, la cuna que los vio nacer? -Regresara sano y salvo? -volverá a verla? -O el destino tan cruel los separara? Te invito a leer esta nueva obra literaria que le dará un giro a todo lo que estamos acostumbrados. El primer y único amor de un joven que se vio obligado a marcharse y dejar a su amada atrás, será el mismo amor que le obligue a volver a liberar a su país y encontrar a su amada. Todo esto en los oscuros años de la ocupación Nazi de Hitler sobre Francia.
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 76
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.