LA VIDA SIGUE

Rosa de Terciopelo

En el mundo nada cambia, sigue girando en su movimiento de rotación y traslación. Inclusive… el cielo está más despejado, más azul, tanto… que hasta he podido ver la luna compartiendo el espacio con el sol, tan cercas que creí posible su unión. Camino en las direcciones de costumbre... las actividades diarias, pero no puedo evitar mirar al cielo en búsqueda de lo siempre anhelado, pero siempre lejano.

Cada día, los pájaros, como cada mañana, vienen a cantar su dulce canción en mi ventana, puntalmente, a las 5 de la mañana. No necesito despertador, ellos me dicen que es hora de comenzar el día. Tengo el café puntual, el desayuno, hasta una canción color de esperanza en sintonía con este ambiente de armonía. Todo afuera sigue igual, lleno de la luz de este trópico. La rutina de cada día no cambia, todo anda sobre ruedas, siempre igual, las mismas alegrías y las mismas penas.

Pero aquí dentro hay una ausencia, un deseo de llorar y llorar sin parar. Un deseo de huir de estos espacios, de correr de mis pensamientos, esconderme donde no me alcancen. Son tan crueles que no quiero pensarlos. Y se repiten y se repiten, muy a pesar de mí. Y mientras el mundo anda en su normal recorrido, yo me tiro en la cama sin poder dormir, sin poder moverme, porque mis pensamientos me sostienen, son unos lazos que atan mis extremidades. Hay un deseo de partir, de no estar aquí, pero sigo inmóvil. Con la inmovilidad que me da la certeza de lo imposible, aunque sé que no durará demasiado, estás ataduras durarán el tiempo justo del olvido. El olvido siempre llega, llega lenta y dolorosamente, pero llega. Al final, quedará el hueco, el vacío del recuerdo que se llenará con nuevos pensamientos. Mientras… esperaré, esperaré que llegue con su paso pesado y lento. Aquí sigo, te espero…

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