“La tierra de las papas” no es una simple novela que Paloma Bordons creó con el objetivo de motivar al público infanto-juvenil a adquirir el hábito de la lectura. Esta obra excede el relato de aventuras para narrar una experiencia vinculada a la adaptación social, a la tolerancia y a la importancia de conocer y respetar culturas y formas de vida diferentes a las que uno conoce.

En este libro, la protagonista es María, una adolescente cuyo padre la lleva con él a vivir a Bolivia. Aunque esta mudanza no será permanente, no hay posibilidades de elegir dónde residir ya que al hombre, un técnico en energía solar, lo han enviado al territorio boliviano con el objetivo de llevar a cabo la electrificación solar en la zona del Altiplano.

Para tener comodidad en esta nación hasta entonces desconocida para ellos, ambos alquilan en La Paz un departamento ubicado en el piso veintidós de un estupendo rascacielos. Allí, la joven comienza a aislarse del mundo exterior por sentirse algo incómoda en ese ámbito. Si bien esa reacción no modifica su situación, es lógico que María se perturbe: no sólo no comprende el español hablado en la región, sino que tampoco conoce los atractivos bolivianos ni sabe qué productos se pueden encontrar en esos mercados. Además, su pensamiento acerca de la supuesta suciedad de los indígenas dificulta su integración.

Sin embargo, el paso del tiempo hace que la muchacha comience a aceptar la realidad que le toca vivir y decida entablar un mínimo diálogo con Casilda, la adolescente que los ayuda en las tareas cotidianas del hogar. A partir de ese cruce de palabras, María descubre que la criada no sabe leer y, conmovida por su condición de analfabeta, no duda en prestarle su ayuda.

Aunque en un principio ella hubiera querido regresar cuanto antes con su padre a su pueblo de origen, las vivencias que disfrutó en Bolivia hacen que María tome conciencia del cariño que, finalmente, le ha tomado tanto a esta tierra como a sus habitantes. Por esa razón, cuando su progenitor le anuncia la anhelada vuelta a casa, la protagonista, presa de la nostalgia, hace la promesa de regresar, algún día, al territorio boliviano, aunque no sepa muy bien a qué.