A fines del siglo XVIII, surgió en Alemania y en el Reino Unido un movimiento que buscó resaltar los sentimientos frente al racionalismo de la Ilustración. Esta reacción revolucionaria fue conocida como Romanticismo y se caracterizo por la búsqueda de libertad y por una particular representación de la naturaleza y la vida.

Gustavo Adolfo BécquerEn la primera mitad del siglo XIX, el Romanticismo se extendió a otros países europeos, como Francia, Italia y España, y luego llegó a Latinoamérica (Argentina, México). El movimiento realizó grandes aportes al arte, la música y la literatura.

La poesía romántica, que tuvo su esplendor entre los siglos XVIII y XIX, mostró el cansancio de los autores con la búsqueda de la razón y de la verdad absoluta. Por eso muchos hombres decidieron escribir sobre la belleza y abogaron por el retorno del hombre a la naturaleza. Los poemas románticos buscan causar un efecto emocional en el lector y no pretenden presentarse como un saber científico.

Uno de los principales poetas románticos fue el estadounidense Walt Whitman (1819-1892), quien pasó gran parte de su vida dedicada a las sucesivas ediciones de su obra “Hojas de hierba”. Su compatriota Edgar Allan Poe (“El cuervo”, “El corazón delator”, “La caída de la Casa Usher”), el francés Víctor Hugo (“Los miserables”, “El hombre que ríe”), el inglés Lord Byron (“Las peregrinaciones de Childe Harold”, “Don Juan”) y el español Gustavo Adolfo Bécquer (“El rayo de la luna”, “El beso”) son otros de los máximos exponentes de la poesía romántica.

A nivel latinoamericano, Argentina ha sido el lugar de nacimiento de varios referentes de este estilo poético. Esteban Echeverría (“La cautiva”, “El matadero”), Hilario Ascasubi (“Santos Vega o los mellizos de la Flor”) y José Hernández (“Martín Fierro”) son algunos de los escritores argentinos que se han relacionado con la poesía romántica.