La vida y la muerte son, en definitiva, dos caras de la misma moneda. La existencia humana implica la presencia de ambas. Y si ayer nos referíamos a los poemas de muerte, hoy llega el turno de los poemas de la vida.

Poemas de la vidaAlguien dijo que la vida es aquello que nos pasa mientras estamos distraídos en otras cuestiones. Lo cierto es que la vida es todo los que nos ocurre, desde el día en que nacimos hasta el segundo preciso en el que dejamos de respirar. Sin embargo, la frase hace referencia a algo que es muy común, sobre todo en épocas de vorágine como las actuales: las obligaciones y preocupaciones cotidianas no dejan tiempo ni espacio para ocuparnos de lo que verdaderamente nos interesa y disfrutamos.

Solemos relegar a los amigos por falta de tiempo, distanciarnos de la familia por culpa del trabajo y olvidarnos de la recreación por infinitos motivos. La vida se transforma a veces en supervivencia. Podemos preguntarnos qué hemos hecho hoy que realmente nos haya llenado el alma… y pasar varios minutos en silencio.

Por eso es importante rescatar el valor de las pequeñas cosas y de los detalles minúsculos que forman nuestra vida diaria, para aprender a disfrutarlos. Tenemos que saber hacernos dueños de nuestras propias vidas, y esto no quiere decir que podamos hacer lo que nuestra voluntad dicte, sin obligaciones ni responsabilidades. Simplemente, saber que esto que estamos pasando día a día en nuestra única existencia. Valorémosla y hagámosla digna de ser vivida.

Tal vez logremos experimentar lo que sintió el poeta Amado Nervo cuando escribió los versos de “En paz”, donde dejó por escrito su orgullo por haber sido el arquitecto de su propio destino y por haber llegado a sus últimos días con la certeza de que se despedía en paz con la vida, ya que ésta nada le debía.