«La seducción», de José Ovejero —Galaxia Gutenberg —

Fue Todorov quien dijo que al asumir que nuestra conducta es intachable y que son los demás los que se equivocan estamos preparándonos para la violencia. Ésta, que a simple vista resulta una palabra difícil de pronunciar y de la que intentamos evadirnos, al escarbar se nos presenta como un elemento presente en casi todos los aspectos de nuestra vida: desde el nacimiento (¿puede haber acto más violento para una madre y su criatura que esa primera pérdida?) hasta la muerte (asfixiados o sin corazón que continúe bombeando —más violencia— toda esa sangre que recoge nuestro cuerpo). La violencia nos exige y nos redime y aunque buscamos maquillarla de mil formas o huir de ella, es intrínseca a nuestra naturaleza.

“La seducción” de José Ovejero (Galaxia Gutenberg) es una novela que reflexiona en torno a la tensión que se genera en nuestra existencia entre nosotros y la sombra (aquello que nos aturde de los demás y a la vez nos atrae profundamente porque habla, justamente, de lo que nosotros somos, de la materia oscura de la que estamos hechos). Una novela con un entramado colosal y una mirada irónica (e hiriente) sobre la vida.

Perder el control entre la realidad y la ficción

El protagonista de esta historia es un escritor de unos cincuenta años, convencido de que la capacidad para reír de cualquier cosa se pierde con los años, que se encuentra en un momento de tedio y estancamiento de su carrera y siente un profundo deseo de que le ocurra algo que lo obligue a moverse de donde está. Tiene las manos grandes y los pies pequeños, y se ha comprado un teclado a medida para poder trabajar con comodidad (cansado de presionar dos teclas a la vez y de corregir erratas). Esto no parece relevante pero me ha gustado mucho la forma en la que Ovejero nos presenta al personaje; porque lo pinta como un narcisista brutal, que no tiene ningún problema en alardear acerca de sus condiciones para la vida.

Vuelvo. Este hombre comienza a ser visitado por David, el hijo de unos amigos. Punto. Ese es el comienzo y el detonante de toda la historia. El joven llega a su casa y se deja caer sobre un sofá —siempre es el mismo—, marcando su territorio, lentamente, como quien desea reafirmarse sobre la repetición. Entre ambos se entabla una relación que comienza con la liviandad de un encuentro causal, deriva en la complicidad que roza la amistad y concluye en un extraño pacto que se alimenta de tensión, silencio, violencia y odio.

A través de esa relación, el narrador, que está tan convencido de qué límites existen entre la realidad y la ficción, de pronto comienza a torcer la mirada y, lentamente, se va perdiendo en un entramado de acontecimientos en los que ya no es tan sencillo discernir entre una y otra. David lo va llevando al límite y le pone a prueba. Y él, que siempre ha sabido tenerlo todo bajo control (o eso es lo que intenta hacernos creer), se ve envuelto en una serie de mentiras, sospechas y situaciones que ponen su vida patas arriba. Quería que le sucediera algo interesante, pero le habría gustado guionarlo; porque las cosas que nos suceden sorpresivas y extravagantes generalmente no se parecen en nada a las que habríamos deseado experimentar. Pero el destino es así de desconcertante y bizarro. Sobre eso justamente también va esta historia: sobre los reveses de la vida y lo impredecible que resulta el destino.

Entre la violencia, la seducción y la literatura

A estas alturas ya podrán haber intuido que el protagonista y narrador de esta historia es un tipo bastante amargado, con el que cuesta muchísimo empatizar. En ese sentido me parece un libro valiente. ¿Quién desea quedarse en casa de un fulano que te trata mal y que te hace ver todo el tiempo que es el mejor y que tú no eres nadie y que a él poco le importa si le prestas atención o si no? Pero justamente, esa actitud y esa forma desagradable de expresarse es lo que nos seduce de él, quizá porque no nos creemos lo que dice y esperamos que en algún momento se de cuenta y pida disculpas, como si nos moviera la misma esperanza de esos padres que se pasan la vida creyendo que volverán a ver a un hijo que se ha ido para siempre. O a lo mejor porque, es el desprecio lo que nos hace humanos y nos sentimos representados por las palabras del personaje, aunque no podamos aceptarlo. Lo que quiero decir es que sea como sea pintarnos un narrador con estas características me resulta un gesto de valentía por parte de Ovejero, y me gusta.

Otro punto a resaltar de esta historia es la forma en la que se halla trabajada la voz narradora. Nos va llevando de la narración propiamente dicha, a una especie de casi monólogo que va dirigido a nosotros los lectores (donde generalmente nos alienta a que nos jodan). Y a la vez, con suma perspicacia va mechando los diálogos, que son rotundos y que permiten enlazar los diversos acontencimientos con agilidad. En ese sentido, la historia es absolutamente intensa y mantiene un ritmo constante. Entre narración y diálogos nos va llevando y aunque hay más expectativa que remate, en el mientras tanto se disfruta muchísimo de la lectura. Y es que de oficio y capacidad narradora tenemos ejemplos para tirar para arriba. Esta novela sin duda deja en evidencia que hay detrás un autor versátil, que busca explorar a través del lenguaje nuevas formas de contar. Y creo que sólo por eso vale la pena leer “La seducción”, como un conjunto de buenísimas argumentaciones en torno al oficio de la escritura, a sus aristas, a sus complicaciones y a la bastarda mentira de que escribir es algo sencillo y una experiencia cercana a lo místico (maravilloso, que habría dicho Breton).

“La seducción” arranca con muchísima fuerza. Te zambulles en ella con absoluta libertad y la contundente narración te va guiando sin ambages de un hito al siguiente. Cuando comienzas a percibir que esto va mucho más allá de la atracción sensual y colorida —que es seguramente lo primero en lo que pensamos al comenzar la lectura— y que avanza sobre las cuestiones más subterfugias que nos seducen, es decir, la oscuridad, la maldad, la violencia (esa de la que hablaba Todorov), te crees que tienes entre manos una historia impresionante. Y por momentos realmente lo es. No obstante, llega un punto en que el autor parece hacerse la siguiente pregunta: ¿qué voy a explorar con mayor precisión: lo que es la violencia, lo que es la seducción o lo que implica contar sobre ellas? Y se decanta por la última opción, restándole importancia al sustento de la trama.

En la primera lectura no me gustó nada este camino que toma la historia, porque es como si no tuvieras dónde depositar toda esa energía y esa expectación que fuiste juntando desde el comienzo. Me había hecho ilusiones con la posibilidad de la venganza y con una nueva mirada sobre la violencia (sobre la que nunca escribimos o pensamos suficiente) y me quedé un poco a mitad de camino entre ambas. No obstante, al releerla descubrí la posibilidad de que el autor haya intentado así posicionarse del lado de la realidad (siempre sosa, siempre llena de cabos sueltos). Así, dejarnos en ascuas, a la mitad del acto sexual, a la mitad del libro, en esa sensación tan de la vida cotidiana de que las cosas no se resuelven, podría resultar un curioso recurso. Aunque soy más partidaria de la ficción que explora hasta el hartazgo y que va más allá de los límites de la realidad, pienso que el riesgo asumido por Ovejero tiene su mérito.

Hay, por otro lado, momentos de mucha intensidad, donde el narrador se deja llevar y reflexiona y putea, y es un hombre sacudido por la vida que intenta sostener en pie una estructura que no le compensa y que ya no le satisface. Alguien que lucha contra sus propios fantasmas e intenta repetirse que lo ha hecho bien, que es grandioso y que incluso puede ser deseado por una jovencita que acaba de conocerlo. Sin duda se trata de una novela con un poderoso engranaje por lo que, no leerla podría suponer una pérdida significativa para los amantes de la buena narrativa. Lo bello de la literatura es que continúa siendo perfecta, y tan humana ella.

¡Lean “La seducción” porque es un buen libro para encontrarse y distinguir el contorno de nuestra sombra!

 

 

 
LA SEDUCCIÓN
José Ovejero
Galaxia Gutenberg
978-84-810986-2-4
224 páginas
18 €



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