Pasaje a la India

José Manuel Benítez Ariza y Rudyard KiplingEl himno de McAndrew y otros poemas
Rudyard Kipling
(Edición de José Manuel Benítez Ariza)
Renacimiento, Sevilla, 192 páginas.

Desde 1993 viene José Manuel Benítez Ariza ocupándose en traducir al castellano la poesía de Rudyard Kipling, primero en la antología Poesía inglesa del siglo XX (Llibros del Pexe, 1993) y más tarde en el volumen Poemas (Renacimiento, 1996), reeditado y ampliado en 2002. Ahora, El himno de McAndrew y otros poemas viene a culminar ese esfuerzo, con la pretensión, según el traductor, de “superar el carácter ‘impresionista’ de las muestras anteriores y ofrecer una panorámica más clara y mejor documentada de la evolución de Kipling”. Además de añadir nuevos textos, Benítez Ariza ha reordenado el conjunto y agrupado los poemas según criterios cronológicos más estrictos. El resultado es un completo recorrido por todas las facetas de la poesía de Kipling, desde la paródica y costumbrista (“El diputado Pagget”, “Mi rival”…) a la deudora de las canciones tradicionales (“La balada de amor de Har Dyal”), pasando por la moralista, la circunstancial, la elegíaca o la dramática. Kipling fue muchos poetas en uno y jamás dejó de evolucionar, al compás de un mundo que también cambiaba, vertiginosamente.

Porque el autor de El libro de la selva, nacido en los imperios británicos del Este, asistió al resquebrajamiento de esos imperios y nunca rehuyó pronunciarse, en prosa o en verso, sobre los conflictos de su tiempo. Benítez Ariza, en la introducción de El himno de McAndrew, no intenta redimir a Kipling de su fama de reaccionario (encendido apologista del poder colonial) pero sí hace notar que “acertó más que otros” en sus observaciones políticas y sociales, prediciendo las guerras que habrían de devastar Europa, la segregación racial en países como Sudáfrica o los odios religiosos en la India. Fue la de Kipling una visión de la Historia concebida como conflicto moral y alegoría del drama cristiano de la salvación. Y si mostró un notable escepticismo hacia el progreso material no templado por valores espirituales, también experimentó la fascinación del maquinismo. La modernidad y lo sobrenatural se encontrarán por fin en poemas como el que da título al libro, “El himno de McAndrew”, oración puesta en boca del fogonero de un vapor.

Pero si el sentimiento de responsabilidad colectiva resulta central en Kipling, también los destinos individuales merecen su atención, como sucede en los “Epitafios de la guerra”, y su cosmopolitismo no está reñido con el amor al terruño y la añoranza de una vida sosegada en la naturaleza (“Sussex”, “El camino que atravesaba el bosque”). Tampoco el sesgo coloquial y humorístico de muchas composiciones (“Un virrey deja el cargo”) impide la aparición de temas legendarios con un fuerte regusto épico (“Las runas de la espada de Weland”, un poema realmente borgiano). Hay que insistir, por tanto, en la variedad de notas y registros que toca esta poesía, emparentada con muy distintas tradiciones. Kipling contribuyó a abrir, a su modo, muchos de los caminos que recorrería la poesía europea en el siglo XX.

Respecto a la traducción, el mismo Benítez Ariza confiesa no haber sido enteramente fiel al autor, incluso habérselo “apropiado”: “El Kipling que se presenta aquí es, necesariamente, un Kipling filtrado por mis propios recursos de poeta […] Estas traducciones son, por lo que a forma y dicción respecta, poemas míos”. Cabe llamarles pues versiones, recreaciones que intentan parecer poemas originales aunque para ello tengan que prescindir, conservando la médula, de algunos rasgos que para el purista serían esenciales: la rima, la melodía, el empaque retórico… Benítez ha logrado algo más importante: que Kipling suene rigurosamente contemporáneo. (Se echan en falta, no obstante, los textos ingleses, que sí contenían las ediciones de 1996 y 2002).

Excelentes y, a pesar de sus “traiciones”, paradójicamente fiables son estas versiones. En algún caso no ha logrado el traductor conservar el pulso emocional del poema (“Nana de Santa Helena” sería un ejemplo) y tampoco faltan construcciones discutibles (“No lloradme”, comienza uno de los “Epitafios de la guerra”). Pero son las excepciones en un trabajo de recreación mucho más que notable, que nos devuelve con toda su vigencia y frescura, como si fuera nueva, la obra de un gran poeta de hoy y de siempre.

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Comentarios3

  • Juan Altove

    He leído las obras de Kipling en el idioma inglés, siempre con alguna que otra dificultad por la naturaleza de su poesía. Voy a buscar un ejemplar de este libro lo antes posible para disfrutar al máximo de las palabras de este gran autor.

  • Fco. Moreno

    Hay una traducción del poema de Kipling To be a man (en algunos lados se refieren a el como If), que creo que es la mejor, desgraciadamente no se quién la hizo; mi petición es en ese sentido, que por favor me des el nombre de quien hizo la traducción. El poema lo lei hace tiempo y me impresionó tanto que se me grabaron algunas partes, aquí va lo que recuerdo:

    Si logras estar firme cuando en tu derredor todo el mundo se ofusca y tacha tu entereza
    Si cuando dudan todos, fias en tu valor y al mismo tiempo escusas su flaqueza
    Si a tu afan ponen brida y blanco de mentiras esgrimes la verdad
    Si siendo odiado al odio no le brindas cabida y ni ensalsas tu jucio ni ostentas tu bondad
    Si suñas, pero el sueño no se vuelve tu rey
    Si piensas y el pensar no mengua tus ardores
    Si el triunfo o el desastre no te imponen su ley y los tratas lo mismo como a dos impostores
    Si puedes soportar que tu frase sincera sea trampa de necios en boca de malvados o mirar hecha trizas tu adorada quimera y tornar a forjarla con útiles mellados
    Si todas tus ganancias...(no recuerdo esta parte)
    ...
    ...
    Tuya es la tierra y todos sus codiciados frutos
    y lo más importante ¡seras hombre hijo mio!

    No lo recuerdo bien y no tuve el cuidado ni el tiempo de anotarlo, espero me ayudes a completarlo para poder conservar este poema que para mi es maravilloso.
    De antemano mil gracias

  • ROMÁN ABADES

    En efecto, también yo pienso que este es un poema maravilloso y además etá vinculado a momentos muy queridos del pasado. Lo encontrarás en mi web personal, si me haces el honor de visitarme, junto con otro gran poema de Kipling "Uno entre Mil" que, como el anterior, es un canto a las mas altas cotas que puede alcanzar el corazón del hombre. Un afectuoso saludo



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