«Apóstoles y asesinos», de Antonio Soler —Galaxia Gutenberg—

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«Apóstoles y asesinos», de Antonio Soler —Galaxia Gutenberg—El asesinato de Salvador Seguí dejó huérfano al anarquismo catalán en un momento clave en la lucha por los derechos de la clase obrera. Pero no fue el primero ni sería el último de los muchos actos violentos llevados a cabo por la burguesía en su afán de impedir una realidad donde sus privilegios pasaran por el tamiz de la ética.

La figura del Noi del Sucre es el hilo del que tira Antonio Soler en su última novela «Apóstoles y asesinos» (Galaxia Gutenberg), para reconstruir la historia del anarquismo en Barcelona a comienzos del siglo XX. Una lectura que nos acerca a la visión de un hombre que, con la capacidad imaginativa de un niño, creyó que otro mundo era posible para la clase trabajadora y, al igual que suelen hacer los niños, no permitió que nada apagara su ilusión.

Cambio de registro

Para Antonio Soler el tiempo no pasa en vano. Es un clarísimo ejemplo de que escribir es un oficio siempre en transformación. La evolución de su prosa a lo largo de los años y la capacidad de volverse más concreto sin perder ese encanto descriptivo que siempre le ha caracterizado, lo convierten para mí en una de las voces de la narrativa española más interesantes.

Después de «Una muerte violenta», novela en la que trabajó con esmero el tema de la pérdida y la orfandad de la infancia, Soler cambia bruscamente de registro para ofrecernos un libro histórico impregnado de literatura y, sobre todo, de pasión.

La escritura clara y la forma en la que es capaz de adaptar la historia a una narración fresca y atractiva, son la prueba evidente del progreso constante de su escritura. Al mismo tiempo, el respeto con el que ha elaborado las semblanzas de cada uno de los personajes de este libro, incluso de los más viles, confirma la madera de la que este escritor esta hecho.

Pero en «Apóstoles y asesinos» Soler no se conforma con narrar los acontecimientos sino que los atraviesa y consigue llevarnos a esa Barcelona de principios del siglo XX, para respirar ese miedo que entonces latía en las esquinas y sentir en el propio cuerpo el dolor de la inestibilidad social. A su vez, con esa pasión que pone en todo lo que escribe, nos inocula la ilusión (esa ilusión de los anarquistas) de que mañana será un día luminoso e ilumina así nuestro presente.

«Apóstoles y asesinos», de Antonio Soler —Galaxia Gutenberg—

Un mundo de hombres valientes

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A través de la reconstrucción de la historia del Noi del Sucre, Antonio Soler rescata nombres que fueron piezas claves en la historia de la izquierda española y sobre todo, del sindicalismo. Ángel Pestaña, Lluis Companys, Francesc Layret, Salvador Seguí son tan sólo cuatro eslabones de una larga cadena de luchadores apasionados. Todos ellos tuvieron en común un sueño y la voluntad de llevarlo a cabo. Y cada uno colaboró desde su posición e intentó sumar para una causa que sería la de todos.

La justicia debe ser hoy, pensaba Seguí. Y en eso consistió la gran hazaña de su vida: intentar conquistar un presente más acogedor para los obreros, haciendo de nexo entre los diversos sindicatos de trabajadores. Su gran labor fue motivar a los sindicatos a unirse olvidando los matices de las ideologías y centrándose en los puntos en los que los objetivos se encuentran. Una enseñanza que a más de un político de la actualidad podría serle de mucha ayuda.

Salvador Seguí fue a lo largo de su vida un niño soñador que, con la valentía de un hombre, se atrevió a ir más allá de los sueños, y se convenció de que podía ser capaz de convertir esos sueños en realidad. Aunque muchos lo llamaron traidor y acomodado por algunas de las decisiones que debió tomar para preservar la paz entre los sindicatos, su principal objetivo siempre fue luchar por la causa obrera. Y siendo esa la única meta-causa con la que se comprometió, cabe preguntarse ¿de qué traición se le acusa?

«Apóstoles y asesinos», de Antonio Soler —Galaxia Gutenberg—

Nuestro tiempo en el tiempo de otros

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La historia la escriben los que ganan, se suele decir; pero no es cierto. La escriben los que quieren y la escuchan y difunden los que pueden. Antonio Soler se aferra, con sus licencias, a un fragmento fundamental de la historia española y nos entrega un libro que habla de otro tiempo pero mucho también del nuestro. No se limita a narrar los hechos violentos de ese primer cuarto de siglo sino que extrapola la ambición de los humanos, ese afán de poder que parece ser una constante en la historia y cuyo resultado termina siendo nefasto para la vida. Por eso fundamentalmente creo que leer este libro y pensar en Seguí y en sus compañeros puede ser una interesante forma de leernos a nosotros mismos.

A lo largo de su vida Seguí tuvo varias cosas claras. Una de las principales: rechazó la posibilidad de la anarquía dentro de un sistema de gobierno. No obstante, también tuvo que hacer algunas concesiones para intentar que los obreros fueran aceptados en un sistema que era respaldado por la democracia, débil y fraudulenta, pero normalizada como el sistema de gobierno que prevalecía. Al final de su vida, pareció ceder incluso en este aspecto.

Este es uno de los rasgos más interesantes del personaje: su evolución a lo largo del tiempo como resultado de su experiencia y de la comprensión de los límites del mundo en el que vive. Y en él reside uno de los puntos más interesantes en la reflexión que introduce Soler , sobre las formas que hoy en día puede adoptar el anarquismo. Y entonces cabe hacerse una de las preguntas que siempre latió en la cabeza del Noi: ¿Se puede hablar de anarquismo desde un punto de vista político, es decir, asomándose para hacerlo a la democracia?

La habilidad de Seguí fue entender las necesidades de los otros y haber comprendido a tiempo que a la violencia debe responderse con paz y a la provocación con indiferencia. Con su voz (de pirómano, dice Soler) fue capaz de transformar la vida de muchas personas y la política de España para siempre:

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«Apóstoles y asesinos», de Antonio Soler —Galaxia Gutenberg—

La muerte de Salvador Seguí

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La ley de fugas, los asesinatos a plena luz del día, los ataques terroristas en cualquier punto de la ciudad. Y en medio de todo ello, la voz de Seguí, intentando convencer a sus compañeros de que ese no es el camino para vencer. Habló, habló y habló… hasta que lo asesinaron. Eso fue antes del golpe de Estado de Rivera y de la posterior dictadura, un momento fundamental en la historia española que quizás habría sido distinto si Seguí hubiera formado parte de él. Después de la muerte del Noi del Sucre la rutina volvió a su sitio: la huelga se levantó y la gente volvió al trabajo.

No sabemos qué habría pasado si aquel 10 de marzo, siguiendo las recomendaciones de su esposa, el Noi del Sucre no hubiera salido de su casa. Lo que sí nos queda claro es que no entenderíamos a la izquierda española construida a base de zarpazos sin el empeño de Seguí y sus camaradas. Si fuera posible hablar con los muertos, sin lugar a dudas, la pregunta que me gustaría hacerle a Salvador sería: ¿ha valido la pena tanto esfuerzo?

Leer «Apóstoles y asesinos» estoy segura de que puede ser una interesante forma de acercarnos a este período clave en la historia de la política española y de pensar también nuestro presente. ¡No lo dejen pasar!

«Apóstoles y asesinos», de Antonio Soler —Galaxia Gutenberg—

 
Apóstoles y Asesinos

Antonio Soler

Galaxia Gutenberg, 2016

ISBN: 978-84-16495-82-5

440 páginas

21,90 €

 

Comentarios1

  • Rapsodico

    Qué pinta tan buena! Un tema interesantísimo y de la mano de Antonio Soler. Hay que sacar tiempo para leerla ;). Un abrazo, Tes.

    • Tes Nehuén

      ¡Sí, es un pedazo de libro, Rapsódico! Creo que a ti te encantará. ¡Anímate!! 😉 Un abrazote grande.



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