Como flor que pende de una blanca nube,
péndulo gigante que a su son las horas
renuevan la cara, las piernas… yo tuve
antes dos arrugas. Multiplicaron todas.
Se fueron los sueños de un borde hacia el otro.
Unos se cumplieron, otros fracasaron.
Vi correr las hojas secas del otoño.
¡Columpio sin nombre! Jamás te nombraron.
Elévate alto, desciende, no hay tiempo
para tocar tierra, con mi cuerpo alcanza
para ver aviones que cruzan mi cielo,
para alzar los labios y entonar baladas.
Desciende, se cruzan mis pies con el aire,
cruje suave brisa detrás de mi oído,
los árboles duermen, se inclinan como antes.
Parecen pequeños, se achican sin ruido.
Vuela cabellera, se enreda y mis ojos
descansan del viento que golpeó sus puertas.
Me inclino de nuevo, tomo impulso. Troncos
que antes se dormían, ahora se elevan.
Se mojan mis ojos, el viento castiga
mejillas con agua que están derramando,
parecen ahora aún más coloridas
y sigue el columpio llevándome en tanto.
Llévame a la nube que miro y no toco,
yo elevo mi mano más mucho no puedo.
El sol me platea, me pinta los ojos
Y elevo mi mano, otra vez, de nuevo.
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Autor:
Marcela Passo (
Online) - Publicado: 9 de octubre de 2026 a las 20:32
- Comentario del autor sobre el poema: De mi libro "Vuelta atrás, hacia adelante ". Derechos reservados.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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