Ausencias intermitentes como el Guadiana
Por fin, y a pesar de las severas y bien fundadas dudas de sus profesores, don Antonio había alcanzado los laureles de la arquitectura.
Era todo cincel y era caliza y era cerámica de azulejos rotos. Manejaba sus lápices curvos con la libertad de un niño chico. Poco a poco a su nombre le salieron ramas y hojas y le propusieron erigir un templo con andamiajes de hierba verde y conchas de caracoles.
Ese encargo desató su locura. Descortezaba madera de granito y soñaba con nidos de cigüeña en las copas de los mármoles. Todo decían sus bocetos de agua. Las líneas de fuga se le enredaban en la cabellera mientras colgaba en sus muros de aire filigranas de cal morisca con forma de berenjena.
Don Antonio dibujaba con el fervor de un monaguillo los rostros de los lirios, los ojos de los peces, y cada uno de los huesos y huesecillos de los brazos y de los dedos de su insólito templo. Estuvo dibujando horas, días, meses hasta que por fin consiguió plasmar la idea.
Ramas y hojas
del níquel de los pobres
dentro del templo
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Autor:
crisantemo (
Offline) - Publicado: 20 de agosto de 2026 a las 04:14
- Comentario del autor sobre el poema: El haibun es una de las formas de poesía japonesa donde se combina texto y haiku. El texto surgió de una visita a la Sagrada Familia, obra póstuma de Gaudí, un hombre sencillo y de gran religiosidad al que admiro. El templo se erige gracias a las donaciones, a ese níquel de los pobres. La sensación que tuve fue la de estar en un bosque encantado. Me preguntaba cuál sería el estado anímico de Gaudí mientras lo iba creando y dejé volar la imaginación. Posdata: Cuando recibió su título, el director de la escuela de arquitectura de Barcelona, Elies Rogent, dijo “no sé si hemos dado el título a un loco o a un genio; el tiempo lo dirá”.
- Categoría: Haiku
- Lecturas: 1

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