¡Oh, Yoyontzin!
Mucho he sufrido
al ver perderse la naturaleza
que el universo, envuelta en celofán,
un día nos dio.
Poeta, culpable
de recordar al cenzontle,
ave de cuatrocientas voces,
mientras entre los árboles
la atonía se esparce.
¡Oh, mensajero de los dioses!
No hay nada más cruel
que la agonía existencial:
perder la unión
con la madre tierra.
¡Oh, esclarecido Yoyontzin!
Si no hubieras
elevado tu poema,
quizá hoy se viviría
sin saber de esos cantares
que llegaban al cielo.
Y a lo mejor mi alma
habría pasado de largo,
sin saber que en estos lares
se escuchó, por instantes,
el canto de los saberes.
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Autor:
Luis Rayo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 19 de agosto de 2026 a las 20:07
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 31
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Alek Hine, JUSTO ALDÚ, Nelly Cevallos - Liora, El desalmado, Mauro Enrique Lopez Z., racsonando

Offline)
Comentarios2
Hermoso poema. Saludos.
Gracias Alek Hine por haberte tomado la molestia de leer el poema. Un abrazo.
El poema no remite al mundo maya ni al Popol Vuh, sino a la tradición náhuatl y a la figura de Nezahualcóyotl, invocado aquí como Yoyontzin. El cenzontle, la madre tierra y el canto como vínculo entre el hombre y lo sagrado construyen un diálogo con aquella antigua sensibilidad indígena en la que la poesía era también una forma de conocimiento. El texto convierte esa memoria en una preocupación contemporánea: mientras desaparece la naturaleza, también se apaga el canto que alguna vez la nombró.
Saludos viejo amigo.
Gracias Justo por haber leído el poema, un abrazo estimado poeta.
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