Un pantallazo azul a las tres de la mañana no debería sentirse como un calambre en los muslos,
pero la neurología se equivoca:
tú no estás a mil kilómetros de distancia,
estás incrustado en el centro de mi sistema límbico inyectándome dopamina pura a través del cristal.
Qué vulgar la biología,
qué hermosa la adicción.
Tus mensajes son disparos de C_9 H_11 NO_2
pequeñas descargas eléctricas que inundan las sinapsis
mientras la batería del teléfono se muere al 3%
y yo me muero por apretarte la cintura.
Eres la droga más cara y barata del mercado:
un «escribiendo...» que me acelera el pulso,
una nota de voz que me provoca un temblor en la ingle,
el huso horario escupiéndonos en la cara
mientras yo cuento los minutos como un yonqui en abstinencia.
Mira qué antipoética es la distancia:
dos cuerpos llenos de saliva sin destino,
dos pantallas manchadas con la grasa de las huellas dactilares,
un Wi-Fi inestable que se cae
justo cuando me dices lo que me harías al llegar a la cama.
Pero qué poema tan feroz es el deseo.
Tengo la piel hambrienta de tu gravedad.
Me estoy intoxicando con la idea de tu boca,
con esa recompensa aplazada que el cerebro no entiende
y que vuelve el hambre una forma de arte.
Te respiro en el brillo del display,
siento el calor del procesador quemándome la palma
como si fuera la fiebre de tu cuello.
Amarte de lejos no es romántico:
es un desajuste químico,
un cortocircuito sensual donde la gana no se apaga,
se acumula,
se concentra hasta volverse peligrosa,
y vuelve a estallar cada vez que suena la notificación.
Dame más.
Mándame otro texto que me desordene la sangre,
otra foto que me deje sin aliento,
otra dosis de esta tortura perfecta.
No me pidas cordura ni paciencia:
prefiero mil veces seguir ardiendo en esta trampa
hasta que la pantalla se rompa
o por fin me consumas en persona.
-
Autor:
CENIZAS DE UN SUSURRO. (
Offline) - Publicado: 6 de agosto de 2026 a las 14:35
- Comentario del autor sobre el poema: FIEBRE LÍMBICA es un retrato crudo, sensual y moderno de lo que significa desear a alguien en la distancia a través de una pantalla. El texto funciona como una paradoja neuroquímica y emocional: un cortocircuito constante donde la tecnología sostiene el deseo, pero la separación física tortura al cuerpo. Su significado profundo se sostiene en la fusión entre la poesía intensa (la pasión sin filtros, la atracción erótica y la vulnerabilidad) y la antipoesía (la neurociencia, la ironía, la tecnología imperfecta y la rutina vulgar). No busca idealizar el amor de lejos con metáforas edulcoradas ni promesas idílicas; por el contrario, expone la realidad física y cerebral de la espera. Muestra cómo un mensaje de texto, un "escribiendo..." o el simple brillo del procesador encendiendo la pantalla liberan picos de dopamina que el cerebro procesa como una adicción real, transformando la distancia en un auténtico síndrome de abstinencia. En esencia, el poema explica que el erotismo digital es una tensión no resuelta: la frustración de tener la mente hiperconectada mientras la piel sigue hambrienta. Es la ciencia y lo cotidiano —con sus baterías al 3%, sus redes inestables y sus huellas en el cristal— puestas con absoluta honestidad al servicio del deseo más puro, febril y visceral.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 16
- Usuarios favoritos de este poema: [email protected], Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., Alek Hine, JUSTO ALDÚ
- En colecciones: Anti poesia.

Offline)
Comentarios1
Si, definitivamente este si es antipoesía.Un "keiki" de Nicanor Parra.
Saludos
Me complace a 1000 sus tan educados comentarios, honestamente es un orgullo y placer que nombre a mi antipoeta favorito don Nicanor Parra... Sus escritos son unas maravillas, espero seguir leyendo más de sus versos.
Bueno, un caballero debe ser educado con las damas. Eso es lo que me enseñaron.
Y tu misma lo calificaste de antipoesía y en ese subgénero, quién más que el ganador del Cervantes.
Es muy curioso, pero nunca le dieron su valor a Parra, hermano de otra grande Violeta. Ya octogenario doblaron rodilla y aceptaron que el hombre creó lo que hoy día se llama "antipoesía" Y si tienes la oportunidad lee "Defensa de Violeta Parra".
Tiene toda la razón: la cortesía jamás pasa de moda, y frente a la memoria de Nicanor Parra, ponerse de pie es casi un deber cívico de las letras.
Efectivamente, qué ceguera tan larga padeció la crítica oficial con el viejo Parra. Tuvieron que esperar a que peinara canas octogenarias para terminar rindiéndole pleitesía al maestro que, desde las aulas de física y matemáticas, hizo la revolución más irreverente de la lengua española: bajar a los poetas del Olimpo y entregarles la palabra a los hombres de a pie.
Y sobre la "Defensa de Violeta Parra", tocar ese poema es entrar a un templo de devoción fraterna. En esos versos no escribe un simple hermano; escribe un devoto que contempla el volcán de la genialidad de Violeta. Parra nos dice con dolor y orgullo:
"¡Pobrecita Violeta! / Te fuiste a la tumba sin ver / Las flores que sembraste / En el corazón de tu pueblo."
Hay que tener un pulso lírico gigantesco para combinar el dolor crudo con la admiración absoluta, llamándola "santa de madera", "ángel de la guarda" y "guitarra de pino". La antipoesía no era desdén por la belleza, sino rabia contra la pose, y en la voz de Violeta él no veía pose, veía verdad pura, folclore vivo y fuego sagrado.
Chile le debe a esa familia la mitad de su alma poética: ella con la guitarra entre las manos y el corazón abierto; él con el tiza en la mano, desmontando los falsos altares de la literatura..
Saludos amiga chilena.
Seguimos...
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