Hay golpes
Hay golpes en la vida
que no tocan el cuerpo,
que estallan donde guardas
el nombre de tu hijo al dormir.
Me desperté sargento, madre,
con la lengua extraña en la boca,
con mandatos ajenos a tu voz,
y un mar que nos arranca de la misma mesa.
No quise este uniforme
con peso de lápida,
esta distancia que nos devora,
este silencio que me vuelve un desconocido.
Hay días en que el agua
me devuelve el rostro
que ya no es de tus manos;
un cuerpo de hierro, deber y ausencia.
Y me duele, madre,
en el rincón sin nombre y sin idioma.
Tú me diste tu sangre
y yo la gasto en lengua ajena,
en una vida ajena a la nuestra.
Perdóname
por regresar habitando un cuerpo
que ya no reconoces cuando lloras.
Hay golpes en la vida, madre,
y el peor, el más profundo,
es verte desde lejos
sin camino de regreso.
Autor
© Nelly Cevallos-Liora
21 de julio al año 2026
-
Autor:
Nelly Cevallos - Liora (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 21 de julio de 2026 a las 07:07
- Comentario del autor sobre el poema: Todos derechos reservados 21 de julio al año 2026 — © Nelly Cevallos — Lloria
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 23
- Usuarios favoritos de este poema: Nelly Cevallos - Liora, Una voz, Jaime Correa, JuanDumBaS, Rafael Escobar, Tommy Duque, Lualpri, Tito Rod, alicia perez hernandez, Antonio_cuello, LOURDES TARRATS

Offline)
Comentarios3
Hermoso, mi apreciada Nelly
Es una lectura que despierta sentimientos del ayer que todavía permanece
Gracias, Nelly, por compartir tus bellas letras con nosotros
Saludos
Un hijo, convertido en soldado, expresa el dolor de la distancia y la transformación que la guerra ha provocado en él. Habla a su madre del desarraigo, la culpa y la pérdida de identidad, sintiendo que el golpe más profundo es no poder volver a ser el hijo que ella conocía.
Querida Liora:
Te escribo con la emoción todavía a flor de piel tras haber leído tu poema. Hay composiciones que se leen, pero la tuya se habita; es de esas obras que calan hondo por la valentía de su tema y por la impecable arquitectura con la que está construida.
Tu poema aborda con una fuerza desgarradora el desarraigo, la metamorfosis del ser y esa dolorosa culpa filial de quien siente que ha perdido su centro. Me parece magistral el modo en que reescribes y resignificas ese eco Valeriano inicial, desplazando el "golpe" desde lo abstracto hacia la geografía más íntima de la memoria: ese rincón inviolable donde una madre guarda el nombre de su hijo al dormir.
Desde el punto de vista técnico y estructural, la obra sostiene un contraste ontológico brillante. Hay una tensión constante entre la materia humana y afable —la sangre, las manos de la madre, la mesa compartida— y la materia rígida e impuesta por el deber: el hierro, el uniforme con peso de lápida, la lengua ajena. La alineación no es solo física; es una metamorfosis total donde el sujeto poético pierde su propia voz y su propio cuerpo para convertirse en un extraño ante los ojos de quien más lo ama.
La progresión dramática está manejada con una finura admirable. Ese tránsito que va desde la revelación del "despertarse sargento" hasta la devastadora súplica de perdón ("por regresar habitando un cuerpo / que ya no reconoces cuando lloras") alcanza una cumbre de vulnerabilidad lírica bellísima. El cierre, rotundo y amargo, deja temblando esa distancia que ya se siente irreversible.
Gracias, Liora, por regalar de tu pluma una obra tan transparente, madura y de una factura técnica impecable. Es un privilegio leerte y encontrarse con una poesía que no teme mirar de frente al dolor ni al misterio de la identidad.
Desde mi isla le regalo un abrazo envuelto en admiración y cariño, porque:
POETAS SOMOS...
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.