Hay golpes
Hay golpes en la vida
que no tocan el cuerpo,
que estallan donde guardas
el nombre de tu hijo al dormir.
Me desperté sargento, madre,
con la lengua extraña en la boca,
con mandatos ajenos a tu voz,
y un mar que nos arranca de la misma mesa.
No quise este uniforme
con peso de lápida,
esta distancia que nos devora,
este silencio que me vuelve un desconocido.
Hay días en que el agua
me devuelve el rostro
que ya no es de tus manos;
un cuerpo de hierro, deber y ausencia.
Y me duele, madre,
en el rincón sin nombre y sin idioma.
Tú me diste tu sangre
y yo la gasto en lengua ajena,
en una vida ajena a la nuestra.
Perdóname
por regresar habitando un cuerpo
que ya no reconoces cuando lloras.
Hay golpes en la vida, madre,
y el peor, el más profundo,
es verte desde lejos
sin camino de regreso.
Autor
© Nelly Cevallos-Liora
21 de julio al año 2026