SOFÁ: sostén de un amor

Silvia Torrez

Por las noches,
ellas se acurrucan aquí.
Una pone la cabeza sobre el hombro de la otra,
se tapan con una manta
y hablan de cosas importantes:
—¿Crees que nuestro perro sabe que es un perro?
—¿Y si la cobaya nos está juzgando?
Preguntas profundas, dignas  de filósofas.

A veces se besan o se ríen hasta llorar.
A veces una se queda dormida
y la otra le acomoda el cabello.
Y yo,
que soy sólo un sofá,
tengo que admitir algo:
es imposible no encariñarse con ellas.
Porque esta casa tiene algo especial.
Un gato que gobierna.
Una cobaya con alma de exploradora.
Un perro que me usa de trampolín.
Dos creadoras de contenido
que convierten cualquier tontería 
en una aventura.
Y en medio de todo eso,
estoy yo aquí, 
hundido en ciertas partes,
cubierto ocasionalmente de pelos,
pero orgulloso.
Porque hay sofás que pasan toda su vida
en salas impecables y silenciosas.
Yo, en cambio,
tengo el privilegio de sostener 
una historia de amor.

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Dedicado a Lauren y Erin

Comentarios +

Comentarios1

  • Tommy Duque

    Lindo tu escrito. Nunca escuché el término Cobaya, ahora sé que vienen del área Andina.. saludos



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