Se oxidó la puerta del regreso.
Los goznes chirrían como cruces
en el calvario del olvido.
Encierra la pena entre paredes
oxidadas por llantos antiguos.
La fuerza se le escapa
por las rendijas de la incomprensión.
No hay visitas ni llamadas,
y una luz mortecina alumbra
las cuentas del rosario
que pasan por sus dedos como
un reguero de condena,
de herrumbre y soledad.
Como una cañería sin agua
atascada por la sequía,
sus ojos no ven el final del camino
y sus rezos de media noche
no redimen su orfandad.
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Autor:
Rosario Bersabé (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de mayo de 2026 a las 10:15
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 67
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio_cuello, Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., Lualpri, El Hombre de la Rosa, alicia perez hernandez, Classman, Carlos Baldelomar, JUSTO ALDÚ, Salvador Santoyo Sánchez, 🕯🙏🏻 María García Manero 🙏🏻🕯, Noa Subin, Osler Detourniel, Nelly Cevallos - Liora, JoseAn100, EmilianoDR, Sergio Alejandro Cortéz, Alek Hine

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Comentarios3
Este poema de Rosario Bersabe presenta una visión melancólica sobre el aislamiento emocional y el deterioro físico que acompaña al paso del tiempo. A través de la metáfora de la oxidación, la autora describe una existencia marcada por el olvido y la falta de conexiones humanas. La protagonista se refugia en la religiosidad y el rezo, aunque estas acciones parecen incapaces de aliviar su profundo sentimiento de soledad y abandono. La obra destaca una tristeza estancada, comparando la vida de la mujer con mecanismos oxidados y conductos secos que han perdido su propósito. Finalmente, el texto transmite una atmósfera de desolación espiritual donde la esperanza de redención se desvanece ante una realidad inerte.
Bendecido día, estimada dama.
Cuando la pluma escribe las letras se encadenan en estrofas para deleite del poeta que sabe versar estimada Rosario Bersabé
Saludos afectuosos desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
Cuánta tristeza, soledad y abandono destila este hermoso poema.
Como siempre, es un gusto leerte, Rosario.
Te envío un abrazo cálido.
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