De Jove el ave, en majestad dichosa,
ni en el sueño el desvelo desenlaza,
que, por no ser remisa, en su ala abraza
vigilante la tregua perezosa;
al grave peso un pie solo se esposa,
y el otro, en vela, el aire despedaza,
si más pierde quien duerme o quien aguaza,
es cifra de una pausa escrupulosa.
Yo, de su ejemplo, el ocio desconfío,
pues aun el ocio obliga a la advertencia,
y es ley del alma el cuerdo desvarío;
así en quietud milita mi paciencia,
que es cauta lid mi pausa y poder mío:
vencer durmiendo la dormida ausencia.
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Autor:
Javier Julián Enríquez (
Offline) - Publicado: 9 de mayo de 2026 a las 15:47
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Una voz, Lualpri, Osler Detourniel, LOURDES TARRATS, José Antonio Artés, Rafael Escobar, Hernán J. Moreyra

Offline)
Comentarios1
Javier querido:
Tu soneto me impresionó por la claridad con la que trabajas la idea de la vigilancia interior. Esa imagen del ave que descansa sin entregarse del todo me pareció una forma muy precisa de hablar de la conciencia humana cuando no quiere perderse a sí misma. Lo que más me tocó es cómo conviertes el ocio en un espacio de lucidez, no de abandono. Esa “quietud que milita” es una idea profunda, porque muestra que incluso en la pausa hay un trabajo del alma, una forma de mantenerse despierto frente a la ausencia.
Gracias por este poema tan reflexivo y tan afinado. Lo sentí cercano, como si hablara de esa parte nuestra que no quiere dormirse del todo para no perder lo esencial.
Un abrazo con mucho afecto, porque:
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