De Jove el ave, en majestad dichosa,
ni en el sueño el desvelo desenlaza,
que, por no ser remisa, en su ala abraza
vigilante la tregua perezosa;
al grave peso un pie solo se esposa,
y el otro, en vela, el aire despedaza,
si más pierde quien duerme o quien aguaza,
es cifra de una pausa escrupulosa.
Yo, de su ejemplo, el ocio desconfío,
pues aun el ocio obliga a la advertencia,
y es ley del alma el cuerdo desvarío;
así en quietud milita mi paciencia,
que es cauta lid mi pausa y poder mío:
vencer durmiendo la dormida ausencia.