Hoy tampoco hubo aviso
o quizá sí para algunos,
pero en general
nadie mandó un mensaje,
nadie actualizó el estado del mundo,
no hubo notificación que dijera:
“todo ha cambiado”.
La piedra no hizo ruido
o no el suficiente
para quienes duermen tranquilos
con sus certezas bien cerradas.
Y, sin embargo,
algo se movió.
No como explosión,
no como espectáculo,
no como esas victorias
que necesitan cámaras.
Fue más bien
como cuando la luz entra
por una rendija mínima
y arruina la autoridad de la sombra.
El hombre de Nazareth
ya no estaba donde lo dejaron.
Y eso,
eso es un problema.
Porque un muerto que no permanece muerto
desordena todos los sistemas:
los del poder,
los del miedo,
los del cinismo bien aprendido.
Hoy las ciudades siguen en pie,
las guerras no han pedido perdón,
el dolor no ha presentado renuncia.
Nada parece distinto.
Y, sin embargo,
hay una ausencia
que pesa más que la piedra:
la muerte
ya no tiene la última palabra.
No es que haya desaparecido,
sigue trabajando,
sigue cobrando,
sigue llenando habitaciones vacías.
Pero algo le falló.
Como una empresa antigua
que empieza a perder control
y no sabe en qué momento
se le filtró la luz.
Alguien vio vendas en el suelo,
alguien corrió sin entender,
alguien dudó,
como dudamos siempre
cuando la esperanza llega
sin permiso.
Porque creer hoy
no es más fácil.
Es igual de absurdo.
Es apostar
a que la vida insiste
incluso cuando todo indica
lo contrario.
Es mirar una tumba abierta
y no salir corriendo.
Es quedarse un segundo más
y aceptar
que lo imposible
no pidió autorización.
El domingo no grita.
No viene a corregir el mundo
de inmediato.
No borra la historia,
no limpia la sangre,
no responde todas las preguntas.
Hace algo más incómodo:
deja una grieta.
Y por esa grieta
entra una luz
que no resuelve todo…
pero lo cambia todo.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de abril de 2026 a las 01:45
- Comentario del autor sobre el poema: Cuando alguien mira dentro y no sabe cómo seguir viviendo igual. Sencillamente la resurección de aquél hombre es y sigue siendo "un evento disruptivo".
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: Una voz, alicia perez hernandez, El Hombre de la Rosa, Lualpri, Llaneza, Salva45, Mª Pilar Luna Calvo, Antonio Pais, Javier Julián Enríquez

Offline)
Comentarios4
Hermoso y bien escrito tu genial poema estimado poeta y amigo Justo Aldú
Saludos desde España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias Críspulo. Imagino que habrás vivido como en tantos años esta experiencia de Semana en tu natal.
Saludos
🙏🏻 Amén.
Gracias Luis por siempre estar presente en mis letras. Saludos.
Aparte de tu buen poema, parece ser que con las técnicas actuales han analizado la Sábana Santa y han encontrado radiaciones en lo que fue el cuerpo de Jesús, que en aquella época no había radiaciones creadas por el hombre, esto es un avance para confirmar de alguna manera la resurrección. Buena semana para ti y los tuyos.
Agradezco mucho tu lectura y la reflexión que compartes. El tema de la Sábana Santa siempre despierta interés y, en efecto, los avances técnicos han abierto nuevas líneas de estudio que invitan a pensar y a cuestionar desde distintos ángulos.
Ahora bien, más allá de lo que la ciencia pueda acercar o sugerir —que sin duda es valioso—, la certeza de la resurrección, para muchos, sigue habitando en un terreno más íntimo: el de la fe y la experiencia interior, donde no todo necesita ser demostrado para ser vivido.
En ese cruce entre razón y misterio es donde, quizá, el poema intenta situarse: no tanto afirmar, sino abrir una puerta a la reflexión.
Gracias de nuevo por tu aporte y tu mirada. Te deseo también una muy buena semana, llena de calma y sentido.
Muchas gracias, amigo JUSTO, por este reflexivo poema, «Lo que no cabía en la tumba», en el que se puede apreciar grandes ideas formalmente objetivadas y muy difíciles de analizar. Esto es debido porque creo que este gran poema es un claro ejemplo de ficción literaria. La racionalización de la ficción literaria conlleva, de manera ineludible, una racionalización de la realidad literaria misma. Así es que, si nos adentramos detenidamente en él, al comienzo se observa cómo la ausencia de un anuncio explícito no invalida la magnitud de un acontecimiento transformador, particularmente cuando se manifiesta de manera discreta pero inevitable en la estructura de la realidad. En este sentido, se diría que el poema evoca la importancia de un evento que, a pesar de la aparente continuidad de lo mundano, ha tenido un impacto significativo en el paradigma existencial. Por lo que la figura central, despojada de su estado posterior a la muerte, parece simbolizar la ruptura de un orden establecido, que genera una sensación de desequilibrio en las jerarquías de poder, los mecanismos del temor y las construcciones del cinismo. De este modo, el poema con su narrativa sugiere que la verdadera revolución podría no residir en la explosión pública o el espectáculo mediático, sino más bien en la irrupción silenciosa de la verdad, comparable a la luz que penetra sutilmente una rendija y disipa la oscuridad de la autoridad. En tal caso, este movimiento, aunque no ha recibido el reconocimiento público ni ha sido ampliamente documentado, posee una fuerza transformadora que merece ser reconocida. Por otra parte, la persistencia de la muerte como una fuerza activa, aunque con una disminución de su soberanía última, resalta la complejidad de esta transformación, que la equipara a una entidad antigua que, al perder el control, permite la filtración de una nueva luz. Desde esta perspectiva, el poema pone de relieve que la esperanza no se manifiesta como una certeza absoluta, sino más bien como una apuesta valiente contra la evidencia opuesta, una elección consciente de mantenerse ante lo que parece imposible. Siendo así, la tumba abierta no debe ser motivo de temor, sino una invitación a enfrentar y aceptar lo que trasciende la lógica y la autorización. El domingo, desde este punto de vista, no se propone una corrección inmediata del mundo ni una anulación de la historia, sino que, de manera más sutil, se abre un espacio por donde puede penetrar una luz transformadora, no para resolverlo todo, sino para generar un cambio profundo. La muerte, entonces, aunque aún presente, ha experimentado una transformación en su naturaleza, que cede paso a una realidad donde lo imposible se ha manifestado sin pedir permiso.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
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