LO QUE NO CABÍA EN LA TUMBA

JUSTO ALDÚ


AVISO DE AUSENCIA DE JUSTO ALDÚ
Estaremos ausentes por algún tiempo.

Hoy tampoco hubo aviso

o quizá sí para algunos,

pero en general

nadie mandó un mensaje,

nadie actualizó el estado del mundo,

no hubo notificación que dijera:

“todo ha cambiado”.

 

La piedra no hizo ruido

o no el suficiente

para quienes duermen tranquilos

con sus certezas bien cerradas.

 

Y, sin embargo,

algo se movió.

 

No como explosión,

no como espectáculo,

no como esas victorias

que necesitan cámaras.

 

Fue más bien

como cuando la luz entra

por una rendija mínima

y arruina la autoridad de la sombra.

 

El hombre de Nazareth

ya no estaba donde lo dejaron.

 

Y eso,

eso es un problema.

 

Porque un muerto que no permanece muerto

desordena todos los sistemas:

los del poder,

los del miedo,

los del cinismo bien aprendido.

 

Hoy las ciudades siguen en pie,

las guerras no han pedido perdón,

el dolor no ha presentado renuncia.

 

Nada parece distinto.

 

Y, sin embargo,

hay una ausencia

que pesa más que la piedra:

la muerte

ya no tiene la última palabra.

 

No es que haya desaparecido,

sigue trabajando,

sigue cobrando,

sigue llenando habitaciones vacías.

Pero algo le falló.

 

Como una empresa antigua

que empieza a perder control

y no sabe en qué momento

se le filtró la luz.

 

Alguien vio vendas en el suelo,

alguien corrió sin entender,

alguien dudó,

como dudamos siempre

cuando la esperanza llega

sin permiso.

 

Porque creer hoy

no es más fácil.

Es igual de absurdo.

Es apostar

a que la vida insiste

incluso cuando todo indica

lo contrario.

 

Es mirar una tumba abierta

y no salir corriendo.

Es quedarse un segundo más

y aceptar

que lo imposible

no pidió autorización.

 

El domingo no grita.

No viene a corregir el mundo

de inmediato.

No borra la historia,

no limpia la sangre,

no responde todas las preguntas.

 

Hace algo más incómodo:

deja una grieta.

Y por esa grieta

entra una luz

que no resuelve todo…

 

pero lo cambia todo.

 

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026

Comentarios +

Comentarios5

  • El Hombre de la Rosa

    Hermoso y bien escrito tu genial poema estimado poeta y amigo Justo Aldú
    Saludos desde España
    El Hombre de la Rosa

    • JUSTO ALDÚ

      Muchas gracias Críspulo. Imagino que habrás vivido como en tantos años esta experiencia de Semana en tu natal.

      Saludos

    • Lualpri

      🙏🏻 Amén.

      • JUSTO ALDÚ

        Gracias Luis por siempre estar presente en mis letras. Saludos.

      • Mª Pilar Luna Calvo

        Aparte de tu buen poema, parece ser que con las técnicas actuales han analizado la Sábana Santa y han encontrado radiaciones en lo que fue el cuerpo de Jesús, que en aquella época no había radiaciones creadas por el hombre, esto es un avance para confirmar de alguna manera la resurrección. Buena semana para ti y los tuyos.

        • JUSTO ALDÚ

          Agradezco mucho tu lectura y la reflexión que compartes. El tema de la Sábana Santa siempre despierta interés y, en efecto, los avances técnicos han abierto nuevas líneas de estudio que invitan a pensar y a cuestionar desde distintos ángulos.

          Ahora bien, más allá de lo que la ciencia pueda acercar o sugerir —que sin duda es valioso—, la certeza de la resurrección, para muchos, sigue habitando en un terreno más íntimo: el de la fe y la experiencia interior, donde no todo necesita ser demostrado para ser vivido.

          En ese cruce entre razón y misterio es donde, quizá, el poema intenta situarse: no tanto afirmar, sino abrir una puerta a la reflexión.

          Gracias de nuevo por tu aporte y tu mirada. Te deseo también una muy buena semana, llena de calma y sentido.

        • Javier Julián Enríquez

          Muchas gracias, amigo JUSTO, por este reflexivo poema, «Lo que no cabía en la tumba», en el que se puede apreciar grandes ideas formalmente objetivadas y muy difíciles de analizar. Esto es debido porque creo que este gran poema es un claro ejemplo de ficción literaria. La racionalización de la ficción literaria conlleva, de manera ineludible, una racionalización de la realidad literaria misma. Así es que, si nos adentramos detenidamente en él, al comienzo se observa cómo la ausencia de un anuncio explícito no invalida la magnitud de un acontecimiento transformador, particularmente cuando se manifiesta de manera discreta pero inevitable en la estructura de la realidad. En este sentido, se diría que el poema evoca la importancia de un evento que, a pesar de la aparente continuidad de lo mundano, ha tenido un impacto significativo en el paradigma existencial. Por lo que la figura central, despojada de su estado posterior a la muerte, parece simbolizar la ruptura de un orden establecido, que genera una sensación de desequilibrio en las jerarquías de poder, los mecanismos del temor y las construcciones del cinismo. De este modo, el poema con su narrativa sugiere que la verdadera revolución podría no residir en la explosión pública o el espectáculo mediático, sino más bien en la irrupción silenciosa de la verdad, comparable a la luz que penetra sutilmente una rendija y disipa la oscuridad de la autoridad. En tal caso, este movimiento, aunque no ha recibido el reconocimiento público ni ha sido ampliamente documentado, posee una fuerza transformadora que merece ser reconocida. Por otra parte, la persistencia de la muerte como una fuerza activa, aunque con una disminución de su soberanía última, resalta la complejidad de esta transformación, que la equipara a una entidad antigua que, al perder el control, permite la filtración de una nueva luz. Desde esta perspectiva, el poema pone de relieve que la esperanza no se manifiesta como una certeza absoluta, sino más bien como una apuesta valiente contra la evidencia opuesta, una elección consciente de mantenerse ante lo que parece imposible. Siendo así, la tumba abierta no debe ser motivo de temor, sino una invitación a enfrentar y aceptar lo que trasciende la lógica y la autorización. El domingo, desde este punto de vista, no se propone una corrección inmediata del mundo ni una anulación de la historia, sino que, de manera más sutil, se abre un espacio por donde puede penetrar una luz transformadora, no para resolverlo todo, sino para generar un cambio profundo. La muerte, entonces, aunque aún presente, ha experimentado una transformación en su naturaleza, que cede paso a una realidad donde lo imposible se ha manifestado sin pedir permiso.
          Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio

          • JUSTO ALDÚ

            Estimado Javier Julián,

            agradezco profundamente la hondura y el rigor con que te has adentrado en Lo que no cabía en la tumba. Tu lectura ilumina con precisión varios ejes esenciales del poema: esa irrupción sin estruendo, casi clandestina, que no necesita proclamarse para alterar el orden de lo visible; esa transformación que no anula lo existente, pero lo desestabiliza desde dentro, como una grieta por donde comienza a entrar la luz. Has captado con gran acierto que no hay espectáculo, sino una especie de desplazamiento silencioso de las certezas, y que la esperanza no se presenta como evidencia, sino como una decisión que desafía lo inmediato. Gran lectura y análisis.

            Coincido especialmente en tu percepción de la tumba abierta como umbral y no como desenlace, y en esa idea de una muerte que, sin desaparecer, pierde su soberanía absoluta. Esa tensión —entre lo que sigue siendo y lo que ya no domina— es, en buena medida, el pulso interno del poema.

            Quizá donde matizaría levemente tu lectura es en la noción de “ficción literaria” como eje central. Más que construir una ficción en sentido estricto, el poema intenta habitar una zona fronteriza donde el lenguaje poético no inventa tanto como intenta rozar lo indecible. No busca racionalizar una realidad, sino sugerir que hay experiencias —como la que evoca— que desbordan cualquier intento de sistematización. En ese sentido, la “luz” que menciono no solo transforma el paradigma, sino también el modo en que podemos nombrarlo.

            En todo caso, tu interpretación no solo dialoga con el poema, sino que lo expande, lo lleva a un terreno de reflexión donde adquiere nuevas resonancias. Y eso, sin duda, es uno de los mayores regalos que puede recibir un texto.

            Gracias, de corazón, por tu lectura tan generosa, tan minuciosa y tan viva. Recibe un fuerte abrazo, con mi sincero aprecio.

          • CARMEN DIEZ TORÍO

            Querido amigo: En este Domingo de Resurrección, qué hermoso es encontrarse con tus letras y detenerse un momento, no solamente a leer, sino también a reflexionar y a pensar. Me parece muy acertado cómo construyes ese contraste entre lo que aparentemente no cambia —las ciudades, el dolor, la rutina— y esa transformación silenciosa que, sin hacer ruido, lo altera todo. Esa idea de la grieta por donde entra la luz me parece especialmente potente y muy bien lograda.También destaco mucho el tono del poema, esa manera honesta de hablar de la fe, casi desde la duda, sin imponer nada, sino invitando a mirar y a pensar. Hay una verdad ahí que se siente muy auténtica. ¿Quién no ha vivido momentos así? Y es que, con tus letras, no tratas de convencer, sino de quedarte ahí, en la mente, y eso me parece muy valioso. Gracias por, un día más, hacernos detenernos, mirar más hondo y también hacia dentro. Feliz día. Un abrazo grande.



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