Soneto

Juez

Con sensuales silencios, tacto suave

de pálpito triunfal, cerval ganado,

fugaz relumbre de diamante puro

que enblanca lo azulado.

 

Con algún cisne errante de Darío 

de carácter sexual, siempre axiomático,

tal que parezca al Jove de los griegos

no decir nada acaso.

 

Con el riquísimo fervor que tiembla

la angustia de los álamos 

y así preñada luz contrabandista...

 

Y al ritmo del compás y del aplauso,

con sueños de alquitrán en la manopla

hoy les vengo a decir: me he masturbado.

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