Con sensuales silencios, tacto suave
de pálpito triunfal, cerval ganado,
fugaz relumbre de diamante puro
que enblanca lo azulado.
Con algún cisne errante de Darío
de carácter sexual, siempre axiomático,
tal que parezca al Jove de los griegos
no decir nada acaso.
Con el riquísimo fervor que tiembla
la angustia de los álamos
y así preñada luz contrabandista...
Y al ritmo del compás y del aplauso,
con sueños de alquitrán en la manopla
hoy les vengo a decir: me he masturbado.