Sesgos tallados en la carne,
prejuicios de sombra árida,
manos invisibles que apagan
sueños antes de nacer.
Vaticinios susurrados por bocas tóxicas
echan raíz en corazones cansados;
aun cuando se los niega,
dejan su cicatriz y su marca.
Nada hay más bello
que quebrar una profecía,
caminar sin dolor ni permiso
sobre los restos del prejuicio.
Pero el sesgo camina al lado nuestro,
sabe cuándo volver:
ataca la herida y crea grieta,
inclina la balanza
donde la fe es más leve.
Por eso los padres deberían ser muralla,
puño, azote y refugio a la vez,
guardianes del temblor,
escudos frente al miedo enhiesto.
Quienes crecieron defendiéndose solos
aprendieron a parecer intactos,
mientras por dentro
la infancia aún tiembla.
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Autor:
Josean100 (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de febrero de 2026 a las 05:12
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema es muy autobiográfico... Espero que les guste. Gracias al que me lea, y muchísimas gracias al que me comente. Buen Domingo a todos. José Ángel.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Online)
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