¡Crónica del Péndulo y la Sombra!

racsonando



Crónica del Péndulo y la Sombra

 

I. Caminantes Nocturnos

 

Vamos contando pasos, midiendo las últimas distancias recorridas. Las sombras están más cerca de su claro de luna, proyectan sus corazones colmados de temores. Mientras, las palomas amasan un nido de plumas en su arrullo prolongado. Todo es bullicio, bullicio, bullicio... luego, el silencio, silencio, silencio... una soledad de autómatas y de ojos vendados.  ¿Las historias son mejores? Alguien pregunta, como si estuviera recibiendo su panfleto de noticias.

 

  • "Paso a paso, somos sombras en el camino... ¿A dónde vamos si el tiempo nos devora?"

 

II. El Eco de la Ciudad

Las huellas trazan caminos; extensas réplicas de una piel que se dilata... se posponen y sobreviven en las témperas y los colores de escalinatas. Los autos, las bicicletas; los niños vienen y van. Los imaginarios de la ambigüedad giran como antiguo molino de viento.  El bus del mediodía hace su parada consuetudinaria. Un perro ladra... y un gato respira el estertor de su ronroneo. "La ciudad no duerme, pero los sueños mueren... ¡El eco del tiempo nos nombra y nos pierde!"

 

III. Amantes en Penumbra

Me das un abrazo, luego un beso y otro y otro... El amor cuelga de un péndulo y las vidrieras de los grandes edificios respiran las cucañas multiformes. La vida nos llena de estupideces y se va escapando en los espirales de mi último cigarro. En bocanadas de humo, en respiros, en suspiros... siento como si lentamente se me escapara el alma. Pinceladas en un papel y lluvias en las mañanas. "La vida se enciende y se apaga en el péndulo... ¿Cuánto queda del amor cuando se apaga el último suspiro?"

 

IV. El Umbral del Alba

Las farolas parpadean su última agonía antes de que el sol las borre. El caminante se detiene, mira sus manos y nota que el tiempo ha dejado una pátina de olvido sobre su piel de noctámbulo. Ya no hay trenes, solo el rastro de una nube de plata que se disuelve en el frío. La ciudad se levanta como un gigante que ha olvidado sus sueños, y nosotros, figuras de tiza, nos dejamos borrar por el primer paso del transeúnte. "El día es un lienzo en blanco que no sabe leer nuestras sombras... ¿Quién recuerda al que anduvo cuando la luz impone su ruido?"

 

Letra: Racsonando Ando. Atmósfera: Crónica del Péndulo y la Sombra.

 

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Comentarios +

Comentarios3

  • Salvador Santoyo Sánchez

    Es fantástico tu poema.
    Gracias por compartir tu talento.
    Recibe mis saludos poeta racsonando

  • El Hombre de la Rosa

    Hermoso tu precido y bien escrito versar estimado poeta y amigo Racsonando
    Saludos de críspulo desde España
    El Hombre de la Rosa

  • JUSTO ALDÚ

    El texto construye una crónica urbana con fuerte carga sensorial, donde la ciudad aparece como un organismo que respira, observa y desgasta. A lo largo de las cuatro partes se percibe un hilo claro: el paso del tiempo como fuerza que borra, repite y transforma, mientras los personajes quedan atrapados entre movimiento y vacío.

    Destaca la manera en que lo cotidiano —buses, farolas, animales, edificios, abrazos— se convierte en símbolo de una existencia fragmentada, donde el ruido y el silencio funcionan como dos caras de la misma alienación. El péndulo no solo marca el ritmo del amor y del cansancio, sino también la sensación de desgaste emocional y pérdida de sentido.

    En conjunto, es un texto que retrata bien la fatiga moderna, la fugacidad de los vínculos y la dificultad de dejar huella en una ciudad que todo lo absorbe. La atmósfera es coherente, oscura y reflexiva, y sostiene con firmeza la idea de que el tiempo no solo pasa: también borra, nombra y redefine a quienes lo habitan.

    Saludos



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