Exégesis del Fuego Insurrecto.

La Hechicera de las Letras


AVISO DE AUSENCIA DE La Hechicera de las Letras
Volví a mi nombre original: La Hechicera de las Letras. No hay giros ni explicaciones innecesarias que dar, solo la reafirmación de lo que siempre he sido.

Quien quiera entender, que lea; quien no, ya sabe que pase de largo.

Aquellos que me bloquean o insisten en ese gesto infantil, no los leo ni les presto atención. Solo una carta con disculpa pública —y aun así— la reconsideraré.

No acepto solicitudes de amistad. No pierdan el tiempo.

Exégesis del Fuego Insurrecto.

 

 

Hýbris reclama su resplandor indigno,
y alza a la bestia un destello iracundo;
la phýsis examina el acto maligno
que arranca al bruto del reino profundo.
Quien roba lumbre forja su postura,
aunque la moîra le dicte tortura.

 

Arétē surge cuando el inepto asciende,
y el lógos, fiero, empieza su conjuro;
la arcilla aprende lo que la trasciende,
y el hierro civiliza al más oscuro.
Irrumpe el oficio, la urbe, el arado,
pero también el juicio encadenado.

 

Ananké mira al necio que se atreve
a levantar su impulso contra el cielo;
rebeldía es pacto que nunca llueve,
pero incendia al que desafía el velo.
La disidencia bruñe su figura,
aunque el castigo marque su locura.

 

No es un obsequio la llama adquirida;
pide tributos en sangre y conciencia;
quien la reclama enaltece su vida,
y al mismo tiempo firma su sentencia.
Todo riesgo exige un precio funesto,
y cada visión sella el manifiesto.

 

La luz desintegra al que la comprende,
castra el engaño, tritura la trama;
ni el más audaz escapa a lo que enciende,
porque la verdad jamás se difama.
Ser es perder la tibia protección,
es morir sin pedir absolución.

 

Phôs muestra sin velo al que nunca duda,
y al resto deja el barro insuficiente;
el brillo exige una carne desnuda
que acepte el filo que roe la mente.
Transformar es pactar con lo prohibido,
crear es arder por lo ya adquirido.

 

El mundo yace bajo esa amenaza;
el fuego arranca médula y cimiento;
quien lo domina desgarra su raza,
y pudre todo lo que toca hambriento.
Forjar es pactar la mutilación;
gestar es morir por revelación.

 

Lo llaman gloria, destino, tormento,
es solo orgullo jugando a ser guía;
quien toma el reto, sin medir talento
confunde delirio y soberbia fría.
Volarse la cabeza es consecuencia:
la llama arde… y descuaja tu insolencia.




La Hechicera de las Letras.

 

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Comentarios +

Comentarios8

  • Mario Rodolfo Poblete Brezzo.

    Voy a tener que leerlo varias veces, tomar apuntes, buscar algunos significados, repasar la mitología griega y otras tareas que me demandará algunas horas a lo menos.

    Lo que tengo claro es que es una interpretación.

    Una de las cosas, si no la que más me gusta en la vida desde que recuerdo, es estudiar, por eso la estrella y el favorito. No porque domine el tema y no aclararlo sería ofenderme a mi mismo, o una arrogancia de mi parte, que lo soy y tengo un ego muy grande, pero sé diferenciar muy bien las cosas en la vida, sobre todo frente a los demás y no es mi costumbre aparentar que sé lo que no.

    La quinta estrofa, no necesita de estudio para comprenderla y merece una felicitación extra de mí parte, para ti, Poeta

    Siempre me doy cuenta que a pesar de todo lo que sé, pasé de largo en historias, temas y otras cosas, y debo volver porqué lo que aprendí es un porcentaje mínimo de lo que debo saber.

    Mis respetos.

    • La Hechicera de las Letras

      Aquí tienes el primero: Hýbris (ὕβρις) Soberbia, arrogancia, esa desmesura que intenta morder lo que no puede dominar.

      En la tragedia griega, Hýbris es el impulso que reta a los dioses y al orden del mundo;
      quien la abraza siempre convoca su propia némesis, aunque jure lo contrario, tarde o temprano.

      En el poema abre la puerta porque es la llama primigenia: el gesto del que pretende arrancarle al vacío un conocimiento que no estaba hecho para manos temblorosas.
      Marca el tono: reclamar la lumbre exige insolencia. Toda arrogancia desafiante tiene un precio.

      Al final, Hýbris no ilumina: desnuda al ambicioso y deja ver lo que realmente arriesga. La ambición sin medida siempre tiene hambre… y siempre cobra.

      Si entiendes eso ya, estas dentro del fuego.

      La Hechicera de las Letras.

    • Javier Julián Enríquez

      Muchas gracias por este extraordinario poema, cuyas ideas formalmente objetivadas con la alusión de figuras mitológicas griegas plantean una serie de interrogantes de gran calado y que instan a la reflexión sobre la naturaleza humana en relación con la búsqueda de la verdad y el poder inherente al conocimiento: «Hýbris», «phýsis», «Ananké». Así, el poema nos transmite una clara advertencia: el mundo yace bajo la amenaza del fuego, que desgarra y corrompe. Quien lo domina, se mutila a sí mismo. Por ende, la gloria, el destino, el tormento son solo máscaras del orgullo. Por lo que la búsqueda del conocimiento, sin la debida reflexión, conduce a la locura. La llama arde, toda vez que consume la insolencia y nos revela la cruda realidad de la existencia. Quien se aventura a traspasar los límites, sin ponderar adecuadamente su destreza, puede confundir el entusiasmo con la arrogancia. En tal sentido, la «consecuencia» se manifiesta como una «explosión», una «llama» que «descuaja» la «insolencia». Considerando esto, el poema podría ser interpretado como una representación simbólica de la búsqueda del conocimiento, que nos invita a reflexionar sobre los posibles desafíos que podemos encontrar al aventurarnos más allá de los límites conocidos.
      Un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio

      • La Hechicera de las Letras

        Javier, tu lectura no se anda con medias tintas. Captas la advertencia, pero aún hay tinieblas que conviene iluminar.


        No hablo solo de fuego, gloria o tormento; lo hago de la verdad que desarma y consume. Verla implica perder la tibia protección del engaño: ser es exponerse, morir sin pedir absolución. La llama no perdona ni al audaz ni al ingenuo.


        No es casual que la flama recuerde a más de alguno con cierta percepción y relación conceptual a Prometeo: es un robo sagrado de poder y conocimiento, trasladado a un plano más abstracto. La ambición humana puede engrandecer y al mismo tiempo mutilar; quien toma la luz sin medir su destreza confunde entusiasmo con arrogancia. La diferencia con el mito es que aquí el precio es moral e intelectual, no solo físico.


        Phýsis, la naturaleza, observa, evalúa y dicta consecuencias. No hay escapatoria: tus actos se juzgan en su orden inexorable. La sabiduría y la creación siempre tienen doble arista; inventar, comprender, elevarse, arde y corrompe al que no respeta su umbral.

        Tu interpretación reconoce la advertencia, pero no olvides que el poema no busca consuelo, sino exponer la crudeza del conocimiento y la insolencia humana. Quien se atreve, paga, sufre y crece, si es capaz de sostener la luz sin que lo devore.

        El fuego es apenas un pretexto; lo que realmente se desnuda es la degradación y el ascenso simultáneo del que se atreve a mirar de frente esa claridad intelectual que lo excede.
        Se observa la condición humana desde una altura que no perdona, como una inteligencia antigua murmurando: “Así termina cualquiera que cruza la frontera de su propia ignorancia”. No es una advertencia moral, es la apertura sin suturas del pensamiento, donde la mente queda expuesta a su propia osadía.


        Concierne diga: la obra no dialoga con Prometeo: lo corrige. En su mito, el castigo desciende desde los dioses. Aquí, en cambio, el verdugo nace en el interior del mismo que busca saber. El acto lo hiere, la conciencia lo sentencia. Es un camino más severo: nadie lo persigue, se deshace solo por el exceso de claridad que invoca.

        La Hechicera de las Letras.

      • Una voz

        Trazas como bien dices un reconocimiento textual, contextual, profundo de la adquisición del conocimiento o la trascendencia según la postura Prometeica y visionaria, como mítica Griega y filosofía antigua, es inevitable que el arquetipo sobreviva aunque re-estrucurado. En este describes como la trascendencia requiere un sacrificio, y siempre lleva a la pérdida de algo en quien la busca o mejor dicho: LA ENCUENTRA. Esto inevitablemente rompe, duele.

        Este fuego ha acompañado a la humanidad a lo largo de su travesía como tu lo describes, pero son unos pocos los osados a conquistarla y quemarse en su fuego transformador. No obstante la tragedia ha estado aderida a su discernimiento, y adquirirlo ha traido un costo alquimicamente equivalente, el cosmos ha sufrido el juicio tanto como el hombre que lo vive. El precio es para todos.

        Aquí agregaré algo personal, pienso que ese fuego si pide algo a cambio, y es que ya nunca más seas el mismo, por eso transforma mediante ceniza a quien toca, pero lo eleva en parte de su fuego primigenio.

        Excelente temática y muy bien hilada

        Dios te bendiga Hechicera de las Letras.

        • La Hechicera de las Letras

          Una Voz, tocas un nervio esencial. Reconoces que la trascendencia no llega sin pérdida, aciertas al señalar que quien la encuentra queda marcado para siempre. Pero hay un punto que conviene dejar expuesto: la herida no es castigo externo ni designio cósmico, sino la consecuencia natural de mirar más lejos de lo conveniente.

          En el poema, ese fuego no actúa como un juez con balanza en mano; opera como una claridad que arranca velos sin pedir permiso. No transforma por misericordia, sino por inevitabilidad. El que se acerca, cambia; el que cambia, se despoja. Ese despojo es más crudo de lo que suelen conceder los mitos.


          Lo que dices de la elevación me interesa: sí, la luz puede levantar al que la soporta, pero también lo deja ante su propia ruina con la misma frialdad con que ilumina un cadáver en la piedra. Ese doble efecto es lo que me importa retratar: la lucidez que salva y hiere en la misma respiración.
          Me quedo con tu idea final: quien toca ese fuego ya no vuelve a ser el mismo. Solo añado que no es el cosmos quien le cobra el precio, sino su propia conciencia, que a veces es un verdugo más severo.

          Como adición, Phôs no es solo claridad ni conocimiento; es la fuerza que ilumina y desgaja, que transforma y desarma al que se atreve a sostenerle la mirada. En tu lectura, el fuego acompaña y eleva, pero conviene recordar su doble naturaleza: crea y destruye en el mismo gesto, asciende y mutila sin distinguir al que lo busca. Cada chispa reclama responsabilidad intelectual y moral. La consecuencia no acontece fuera: se instala en la conciencia del que decide tomarla.

          La Hechicera de las Letras Alfa.

        • Santiago Alboherna

          sera por esto q la Providencia impide a la primera pareja tomar del "Arbol de la vida" ?

          • La Hechicera de las Letras

            Poeta Carente, lo que señalas no es mera coincidencia ni metáfora superficial: el Árbol de la Vida no fue vedado por capricho, sino porque la luz que contiene no es un regalo, sino un juicio. La Providencia no protege, exige; impide no por piedad, sino porque quien toma sin entender el precio, arde en su propia audacia.


            Aquí no se habla de historias, lo hago de leyes universales: todo ascenso, toda llama, todo acto de creación verdadero conlleva el riesgo de la destrucción. La primera pareja fue excluida del Árbol exactamente por la misma razón que advertimos en cada verso: el conocimiento supremo quema, desnuda y exige tributo en sangre y la humanidad no estaba preparada para su peso.


            No es interpretación: es consecuencia lógica. Ninguna palabra humana extingue la llama ni frena su juicio, porque no es opinión: es ley de la luz que consume y forja a la vez.


            Pax, Poeta Carente… tantum attingit qui flammam accepit et iudicium eius superávit.


            La Hechicera de las Letras.

            • Santiago Alboherna

              Este, a mi limitado entender, es uno de tus poemas más bellos y a la vez mas profundos. Los versos bucean x lugares casi inexplorados x la filosofía, un procesamiento del logos con intrepidez.
              El poema también denota un dominio de la clásica griega notable. Obvio, la agresividad de tu estilo sigue, pero con un vuelo tan alto q no se percibe, no invita a hacerse cargo.
              Felicitaciones Hechicera, tus hechizos son cada vez más poderososssss

              Pax tibi sit, cara mea Maga. Oh fortis est lux tua in tenebris

            • Andiuz

              Buen poema, poeta. He de confesar que antes de leerlo, he echado un vistazo a los comentarios, a veces lo hago, y en este caso ha sido un acierto para contar con más información. Un saludo.

              • La Hechicera de las Letras

                Aquí suelen ser contribuciones más que simples ‘comentarios’. Hallaste contexto antes de entrar al poema. A veces funcionan como antesala y orientan. Que cada lector elija su puerta.


                La Hechicera de las Letras

              • carlos emilio correa mendez

                Excelente

                • La Hechicera de las Letras

                  Si lo percibes así, es porque la verdad tiene la mala costumbre de revelarse sin pedir permiso y tu responsabilidad al leer.

                  La Hechicera de las Letras.

                • Lincol

                  El poema explora con fuerza y belleza el precio del conocimiento y la rebeldía creadora. A través del fuego como símbolo, muestra que toda luz transforma, pero también hiere: crear, saber y desafiar lo establecido implica perder la inocencia y aceptar el costo de la verdad.

                  Saludos.

                  • La Hechicera de las Letras

                    En el poema no se plantea el conocimiento como un tránsito formativo ni como una conquista que eleva al sujeto hacia una versión más plena de sí mismo. No hay aquí pedagogía ni progreso moral. El gesto de tomar el fuego no conduce a una síntesis superior, sino a una fractura irreversible.

                    El saber no corrige ni completa: Cada avance implica una pérdida concreta, no simbólica. La conciencia adquirida no madura, se endurece; no ilumina para reconciliar, sino para dejar al descubierto aquello que ya no puede ser protegido. Por eso el castigo no llega después como sanción externa: está inscrito en el acto mismo de conocer. El fuego no castiga porque se haya transgredido, sino porque infringir es ya quedar marcado.

                    La descomposición que recorre el poema no es solo individual. El que crea o roba la llama no se transforma en héroe trágico que aprende, sino en foco de deterioro: lo que toca se corrompe, lo que funda se vuelve ambivalente, lo que civiliza encadena. El mundo que emerge de ese gesto nace ya lesionado.

                    En este marco, hablar de “maduración” o “pérdida de inocencia” resulta insuficiente, incluso engañoso. No hay un antes ingenuo y un después lúcido, sino un antes íntegro y un después dañado. El precio no se paga para acceder a una verdad superior, sino para habitar una realidad que ya no permite retorno, consuelo ni absolución.

                    La Hechicera de las Letras.

                  • Alma Erótica José Luis Agurto Zepeda.

                    Percibo una clara influencia del Príncipe de las letras castellanas, el nicaragüense, Rubén Darío.
                    Tienes un verso fuerte, con buenos giros y lleno de personajes que ilustran tu mensaje.
                    Me encanta como manejas los recursos literarios en tu poesía.
                    Es válida la advertencia que haces en tu presentación.
                    Fue un verdadero gusto leer tu poema.
                    Un abrazo desde Managua, Nicaragua.

                    • La Hechicera de las Letras

                      Con Rubén Darío comparto el uso de léxico elevado, pero mi fuego insurrecto no busca la musicalidad por sí misma, sino encender el filo del pensamiento. El poema advierte que toda llama que se reclama implica riesgo y castigo: el conocimiento no es regalo ni consuelo, es una transgresión que transforma y destruye.

                      La Hechicera de las Letras.

                      • Alma Erótica José Luis Agurto Zepeda.

                        "Con Rubén Darío comparto el uso de léxico elevado, pero mi fuego insurrecto no busca la musicalidad por sí misma..."
                        Talvez, pero, tus versos van cargados de musicalidad, no tienes que buscarla, llega sola; está en tus genes. Simplemente, no puedes evitarlo.
                        Las grandes mentes llevan la música muy adentro y en cuanto escriben, ella aflora.
                        Me gusta mucho tu forma, tu estilo. Por tu forma de escribir, supongo que eres joven.
                        Saludos.



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