William Faulkner y la pregunta sobre la familia

La obra de William Faulkner se encuentra atravesada de reflexiones sobre la herencia familiar.

William Faulkner

El 25 de septiembre de 1897 nació en New Albany William Faulkner, uno de los escritores más interesantes de la literatura estadounidense del siglo XIX. En este nuevo artículo de Poemas del Alma reflexionamos sobre uno de los temas a los que este autor vuelve de forma reincidente a lo largo de sus historias: la tradición familiar y la forma en que la herencia nos condiciona. Un tema que ha estado presente a lo largo de la historia de la literatura y que Faulkner supo tratar de una forma sumamente auténtica.

La familia en la obra de William Faulkner

En la literatura de William Faulkner la familia siempre ocupa un papel significativo, una herencia de la que sus personajes no consiguen escapar. Y es que de nuestras familias no sólo heredamos un apellido, unas fotografías, también una forma de mirar, ciertas obsesiones y, cómo no, los silencios y todas esas preguntas que se quedarán sin respuesta, y que tardamos mucho siquiera en poder formular. La familia rara vez es un refugio, al menos no lo es en la obra de Faulkner, donde los personajes intentan escapar de la herida que este lazo ha dibujado sobre su sombra.

En sus novelas no sólo influyen los parientes directos (padres, hijos, hermanos) sino también aquellos que ya no están y que han resultado significativos para la construcción del legado familiar. Nos enseña Faulkner que la familia transmite bienes y apellidos, pero también secretos, prejuicios y una forma particular de entender el mundo. Muchos de sus personajes parecen condenados a repetir una historia, como si las vivencias de los parientes influyeran de forma rotunda en las suyas. Esa herencia silenciosa que cuesta visibilizar y poner en palabras condiciona profundamente quiénes pueden llegar a ser.

Una de las peculiaridades de la obra de Faulkner es que casi todas sus novelas se ambientan en el mismo lugar. Un territorio casi ficticio llamado Yoknapatawpha; y digo casi porque en verdad tiene claras similitudes con el condado de Lafayette, donde el escritor vivió gran parte de su vida y escribió toda su obra. En esa elaboración ficticia del territorio real, eligió integrar varias historias, que mantienen entre sí ciertas afinidades. Y dentro de esa composición aparecen las familias: como los Compson (de El ruido y la furia) o Los Stupen (de ¡Absalón, Absalón!). Familias que aparecen y reaparecen, cuyos conflictos privados terminan formando parte de una historia colectiva.

Casa de William Faulkner

Yoknapatawpha, el territorio de ensueño de Faulkner

La herencia que nos persigue

El gran hallazgo al hacer estas lecturas es entender que la identidad individual siempre está atravesada por la pertenencia familiar, y esa característica nos lleva a pensar que tampoco las historias familiares se componen de un único relato: lo que conocemos de la familia nunca aparece como una historia única y ordenada, sino como un conjunto de recuerdos, percepciones y versiones parciales, perspectivas singulares que colaboran con la multiplicidad de relatos heredados. La familia se convierte así en un lugar donde cada miembro conserva una parte de la historia, pero nadie parece poseerla por completo. Y todas las historias son verdaderas.

A partir de ahí, Faulkner se permite adentrarse en una inquietud interesante: ¿cuánto de nosotros mismos procede de aquello que hemos recibido?, ¿cuánto es verdaderamente propio? Hay un proceso de reconocimiento que sus personajes hacen y que resulta fundamental para cualquiera que quiere apropiarse de su libertad. Ese reconocimiento requiere trabajo interior. Y cuando sus personajes no lo hacen, no consiguen desprenderse de la herencia. Porque la ruptura con la familia no garantiza la libertad: para escapar de una herencia, primero hay que reconocerla.

Hay una novela en la que es muy interesante la forma en la que Faulkner trabaja el tema. Se trata de Mientras agonizo, en el que la familia Bundren emprende un viaje para enterrar a Addie, la matriarca del grupo. Es un relato muy interesante en el que se deja en evidencia esa forma tan peculiar de la memoria, porque cada uno tiene un recuerdo diferente una convención de lo que es la familia particular. Esto genera fuertes tensiones y discusiones y lo que debería ser una misión familiar sencilla se convierte en una batalla campal. Y aquí, precisamente, aparece una hipótesis interesante: la familia es aquello que nos vincula a los demás pero, al mismo tiempo, aquello de lo que deseamos (y necesitamos) diferenciarnos para construir una identidad propia.

Sin duda, leer a William Faulkner puede ser una gran decisión si queremos reflexionar sobre la fuerza de los lazos familiares y preguntarnos cuál es el camino que nos conviene seguir para convertirnos en quienes definan su identidad y su libertad.

Mientras agonizo, de William Faulkner

¿Qué supone reconocer el legado familiar?



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