«Tener», de Robin Myers —Kriller 71 Ediciones—

Te invitamos a leer «Tener» de Robin Myers (Kriller 71), un poemario maravilloso sobre la forma en que acomodamos tiempo e identidad.

 
 

Una voz masculina que se estira a lo largo del tiempo e intenta nombrar la distancia del dolor. Con esta perspectiva Robin Myers construye en «Tener» (Kriller 71) un poemario maravilloso donde la identidad es algo cambiante que se ve afectado por las experiencias y la forma en la que éstas se abrazan a la memoria. La memoria, donde la infancia es toda la vida.
 
 

La voz que muta

«Tener» es un poemario sobre la memoria y la forma en la que el tiempo la condiciona. Las experiencias van pactando con la esperanza para mantener a salvo al sujeto pero hay huecos por los que se cuela una voz extraña que atiza donde duele. Myers plantea un solapamiento de tiempos y hace cohabitar el pasado en el presente: una voz niña atravesando la realidad de la madurez. Desde esa perspectiva todo lo que es tocado por el poema parece pertenecer a un espacio temporal indefinido, lo que otorga trascendencia a lo planteado.

Me intriga una cuestión que tiene que ver con el género de la voz poética. Al leer los poemas de Myers parece no haber identidad de sexo, pero sí que la hay en la traducción. En cierta medida son matices los que impulsan a pensar en lo masculino, pero es algo que no queda del todo claro a simple vista. Habría que preguntarle a Myers sobre eso y a Zaidenwerg que son en verdad los que saben del asunto. Sea como sea me parece interesante la distancia que como mujer supone apoderarse de una voz masculina nombrando lo propio.

Buscar la identidad desde la extrañeza es uno de los grandes aciertos de este libro. Myers tiene una forma de jugar con el lenguaje cotidiano y darle profundidad y nos ofrece una poesía que nos llega a lo más hondo. Al leerla se me hace difícil pensar en una poeta norteamericana; su poesía se intuye atravesada por la estética latinoamericana y parece vincularse mucho con nuestra tradición poética. Resulta fascinante el mestizaje que se nos mete en el lenguaje con la extranjería: es mucho más que modificar las voces de lo cotidiano, es ampliar los sonidos del pasado, los referentes literarios y culturales. Todo esto pienso que también se escabulle por este libro. ¡Tan rica y multifacética es la poética de Myers!

El dolor que duerme en lo que habito

Entre las cosas más interesantes para destacar cabría posicionarse en cómo el dolor se transforma con el paso del tiempo. Existen muchas formas de nombrarlo, Myers se decanta por una visión donde el dolor modifica la propia identidad y cuanto más se escarba en él nuevas formas de mirarlo surgen.

El dolor de una infancia con tintes de abandono o de orfandad riegan todo el libro, y deviene adultez rota, vida contradicha. Y en el fondo, el empeño de salir de eso, de tener algo distinto que nunca se consuma.

La poesía de Myers tiembla con el tiempo. De ternura y aspereza se tejen algunos de los versos más impresionantes de este libro; de observación y pesadumbre están hechas las líneas intelectuales que atraviesan sus pensamientos, y de intimidad y vida compartida se nutren los fraseos de uno de los libros de poesía más intensos que he leído en los últimos años. Dudas, frustración y anhelos rotos le sirven a Robin Myers para hablar sobre la difícil experiencia de encontrarse en un mundo con tantos estímulos y tan poco compromiso. De la repetición en la memoria, surge este libro maravilloso.

Nombrar el hogar

Y vuelvo a la anulación del tiempo porque me parece realmente fascinante. La poesía si quiere trascender debe buscar ese punto-hueco-intersección donde lo que ocurre no es relevante en tanto y en cuanto no es atmósfera, no conduce a una palabra, a un lenguaje definido. Y esa parece la búsqueda estética de Myers en este libro asombroso.

Y así, en esa estética, tenemos poemas que se dibujan en forma de listas; en ellos los hechos se suceden y se acomodan aunque no siempre de forma lineal, sí siguiendo un determinado ritmo. Hay algunos poemas que parecen fotografías; donde encontramos una imagen detenida que atraviesa la página y nos cautiva. Y después, algunos poemas casi urobóricos; que se tejen de principio a fin, que podrían leerse sin importar el orden de atrás hacia delante y viceversa, porque la voz lo que busca es contagiarnos, es causarnos una emoción que se mueve a lo largo del poema. En ese sentido, la búsqueda estética contra el tiempo convierte en instante todo lo ocurrido y todo lo que somos es lo que tenemos. Y allí, la capacidad de la memoria para mantener intactos los instantes del pasado.

La voz de (una) extraña

Y quiero volver a la extrañeza. La voz que sabe que todo lo que toca es pasado. Esta idea es deslumbrante y Myers la maneja de forma exquisita.

La extrañeza va marcando la pauta del fraseo. La distancia de la infancia, que con los años vuelve y se convierte en una necesidad extrema; la orfandad que imprime su huella y los instantes como evidencias de lo vivido. Todo ello le sirve a Myers para conseguir una línea definida donde las muchas formas que adopta el abandono sirven para construir un registro sobre la soledad, y la identidad del que se sabe solo.

La voz extraña es a veces la propia voz: como dijimos, la autora se apoya en una voz masculina para revisar su propia experiencia. Pero es también la voz de otra, que es ella misma sin pasado, un yo subjetivo y ficticio que lidera la búsqueda de despegarse de lo que alguna vez llamamos hogar. En ese sentido su poesía me ha tocado en lo más hondo y me parece absolutamente consustancial a esa vida a la que nos impulsa la extranjería; donde madre nunca más significa lo mismo, donde hogar es ese sitio donde dormimos.

«Tener» es un libro maravilloso sobre lo concreto de la existencia pero que intenta hacerse preguntas sobre las cosas menos materiales, sobre los caminos internos del pensamiento y la memoria. Un libro lleno de preguntas sobre lo que somos, lo que hemos construido, lo que hemos perdido, y la repercusión que todo eso tiene en nuestra forma de percibir el tiempo. Y aquí, la repetición como forma de paciencia: como si pensarnos en un mismo punto tarde o temprano pueda servirnos para desenmascararnos o desenvolver aquello que nos forma en lo íntimo.

Robin Myers es una poeta asombrosa, madura, con una conciencia de tradición y otra de búsqueda moderna, que la convierte en una voz ineludible. Y este libro en una de las joyas de nuestro tiempo, que ningún amante de la buena poesía debería dejar de leer. Siempre al rescate de la identidad, Myers se aferra al paso del tiempo y a la metamorfosis como espejo de búsqueda íntima y colectiva. Y que nadie se olvide del nombre de Ezequiel Zaidenwerg que ha hecho aquí una labor de traducción impecable y bella.


 
 
 
TENER
Robin Myers
Trad.: Ezequiel Zaidenwerg
Cubierta: Valentina Siniego
Prólogo: Sara Torres
Kriller 71 Ediciones
978-8494961021
136 páginas
14,00 €



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