Sobre el escritor Álvaro Yunque

¡En algunos casos, escribir es trabajar muy duro!, es la respuesta que me gustaría darle a Yunque, un escritor que sin lugar a dudas se ha movido lo suficiente y ha dejado cientos de versos y relatos capaces de iluminar nuestra historia. Un autor comprometido con la realidad de su pueblo y motivado por el dolor ajeno. Un poeta imprescindible del siglo pasado, fundamental protagonista del movimiento vanguardista más cerca del arte y menos del esnobisno.

Recordar es apreciar

Posiblemente muchos ya lo hayan olvidado, entre los cientos de libros que han pasado por nuestros manos quizás no son los de Yunque los que recordamos; sin embargo, creo que es bueno traerlo a la memoria porque es uno de los autores argentinos de finales del XIX que ha cultivado una prosa indeleble. El cual puede dejar constancia de las bellezas que nos hemos perdido por mirar a otros autores más glamourosos pero no más entrañables; aparentemente más sofisticados, pero también absolutamente alejados del pueblo y de la verdadera esencia de la literatura, contar historias para que otros las entiendan.

En el poema «No soy un literato» Yunque expresa uno de los mejores consejos para aquellos que amamos la literatura, dice que por encima de todo, debemos valorar el arte, antes que la retórica y el amor antes que las palabras que lo expresan. Dice:

Al leer esto me pregunto, ¿Por qué hemos llegado al punto de utilizar la literatura como una estructura llena de palabras huecas?, ¿dónde quedó el verdadero sentido del arte? y ¿para qué podemos servirnos de la literatura si sólo unos pocos pueden entendernos, acaso creemos que es un arte de elitistas? Hablar sobre Yunque creo que es una buena forma de honrar la verdadera literatura, la única capaz de cambiar el mundo.

Vida de Álvaro Yunque

Álvaro Yunque nació en la ciudad de La Plata en 1889 en el seno de una familia acomodada formada por Adán Gandolfi, de origen milanés y Angelina Herrero Palacios, nacida en Argentina. Estudió arquitectura, aunque no terminó la carrera sino que se volcó de forma completa al periodismo y a la literatura.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Yunque se abocó con más ahínco al periodismo, publicando en el rotativo «El Patriota» sus ideas antifascistas, buscando una concientización del pueblo en torno a la guerra y a las consecuencias que los gobiernos autoritarios podrían traer sobre la realidad. Esto lo llevó a ser desterrado y debió permanecer en Uruguay durante un período prolongado, donde convivió con otros argentinos exiliados y continuó escribiendo y promulgando sus ideas. Publicó en esta etapa varios poemarios, relatos y artículos periodísticos.

Para la década del ´70 Yunque ya era un escritor popular, considerado entre los primordiales de su generación. Pese a ello, sus ideas políticas y su afán por promover la igualdad social y luchar por las clases más pobres, en medio de la crisis impuesta en Argentina por la dictadura, lo obligaron a recluirse en una ciudad de la provincia de Buenos Aires; sus textos fueron censurados y muchos de ellos quemados, lo que significó un golpe muy duro para el escritor.

Yunque falleció a los 92 años, recluido en Tandil, cuando todavía la democracia ni había asomado su nariz en la República Argentina, cuando todo eso en lo que había creído y por lo que había luchado, constituía una absoluta utopía.

Cerca del arte, lejos de la retórica

Se considera a Álvaro Yunque como uno de los protagonistas del «Grupo Boedo» (movimiento vanguardista surgido en los años ´20 que proponía enfocarse en el contenido, proponiendo temáticas de tipo social; se oponía a las ideas del «Grupo Martín Fierro» que proponía la innovación a partir de las formas).

Para Arístides Gandolfi (nombre real de Álvaro Yunque), el arte debía cumplir una función social y por ende, la literatura debía colaborar con el bienestar de la sociedad. Aprobaba la búsqueda de la estética desde el realismo y en toda su obra puede notarse una claridad y una espontaneidad fresca y envidiable.

En la obra de Yunque, podemos encontrar un absoluto interés de él por las historias dramáticas de los suburbios, donde la violencia, las injusticias y la desigualdad son quienes guían las existencias y donde los integrantes de los grupos humildes se encuentran subordinados a los deseos de los explotadores, son víctimas inocentes de un sistema que no los contempla más que como manos para trabajar.

En este contexto sus fundamentales protagonistas son niños nacidos en barrios humildes o en la calle, que sufren consecuencias de un mundo que no eligieron y que no son capaces de entender del todo. En sus historias puede notarse un alto volumen de protesta, entrelazado con sentimientos de compasión y miradas solidarias con respecto a las vidas humanas de cualquier ámbito social.

Como poeta, es mucho lo que ha escrito Yunque, de mi parte me quedo con la obra «Lunfasonetos», publicada a título póstumo. Un libro repleto de poesías que evocan ese lenguaje amado del Río de la Plata. El «Lunfasonetos» de Yunque, que como si nombre lo indica, incluye preciosos versos en forma de sonetos que hacen uso del lunfardo para acercarnos diversas realidades, algunas divertidas otras un poco más tristes, es una obra preciosa que cualquier amante del lenguaje criollo no debe dejar de leer.

Cabe señalar que Yunque siempre se sintió poeta antes que autor de narrativa y aseguró que prefería ser recordado por su poesía más que por sus relatos; sin embargo, no pudo sobreponerse a ser aclamado por sus entrañables historias.

Un final triste para un poeta indispensable

El final de la vida de Yunque, según parece, fue triste y lento. Dejó de escribir al ser «escondido» en Tandil, olvidado por la mayoría de los intelectuales argentinos; todas sus publicaciones se encontraban censuradas y una profunda tristeza se había apoderado de su alma al ser consciente de la cantidad de personas que desaparecían cada día y de la gran desazón que se vivía entre el pueblo.

Además, se le había bloqueado su correspondencia con el exterior, perdiendo contacto con algunos de sus amigos más queridos. Entonces se refugió en la filosofía yoga, leyendo vorazmente con el deseo de escapar de esta realidad que le dañaba tan salvajemente:



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