La revolución estética de Vladimir Mayakovski

Si hubiera nacido antes. Bastante antes, cuando el proletariado se alzó en aquel país inmenso y deseado (tan deseante) yo también habría sido revolucionaria. Porque no existe en la historia de la humanidad una fuerza más grande que la que revolvió las entrañas de las clases en los años veinte. Como César Vallejo, habría viajado y me habría quedado adorando las bondades del socialismo soviético. Nacer después, cuando el sueño ya había caído, cuando los líderes habían dejado en evidencia sus miserias, después de la poesía de Mayakovski, sin duda, ha sido el gran castigo de mi existencia. Sobre él y su poesía escribo hoy, aquí, mucho después de la gran revolución, de la violencia que vino después. Esa poesía gigante que no termina nunca, como Siberia, es la que vengo a desearles aquí.

Mayakovski y la revolución

Vladímir Mayakovski nació el 19 de julio de 1893 y es mayormente conocido por sus poemas revolucionarios y sociales. No obstante, tampoco hay que olvidarse que su forma de enfrentarse al lenguaje fue innovador y que se lo considera uno de los fundadores del futurismo ruso. De hecho, en una época en la que el lirismo adquiría una estructura llena de ornamentos y de detalles, él se decantó por un lenguaje coloquial y encaramó una revolución estético-literaria que se apoyaba en un lenguaje directo y estructuras libres.

Los comienzos de Mayakovski ya lo postulaban a convertirse en un poeta del extrarradio; comenzó publicando en una revista de izquierdas llamada «Poriv», pero al poco tiempo fue detenido y llevado a la cárcel por realizar actividades ilegales contra el régimen zarista. Mayakovski continuó escribiendo en la cárcel. Y cuando sale tiene un cuaderno de poesías que fue la semilla del que sería su primer libro: «Bofetada al gusto del público», un manifiesto futurista que compuso junto a otros importantes autores, tales como David Burliuk y Velimir Jlébnikov. De esa época surgen fragmentos contundentes, que servirán para darle a su obra una claridad y una dirección irrevocable. Fragmentos como este:

Después vendría una potente obra en la que encontramos una mirada a la clase trabajadora, a sus sueños, a sus búsquedas, y al futuro de la humanidad, con esa visión de los que soñaron con que otro mundo era posible, aunque no supieron verlo. Un futuro que los llevó a quitarse la vida o a desaparecer de una forma u otra.

Pero tendría que pasar mucho tiempo para que eso llegara. Mientras tanto, convencido de sus ideas Mayakovski escribía y transformaba el mundo. En su poesía se nota una gran inquietud por los orígenes, de la existencia, de las clases sociales, de la pobreza. Al leerlo podemos captar la gran hondura de sus poemas, en un mundo que necesitaba aquella revolución para reconstruirse.

El amor y el dolor en Mayakovksi

En la poesía de Mayakovski encontramos una mirada filosófica sobre la existencia, tanto cuando escribe sobre el movimiento socialista como cuando se decanta por poemas amorosos o reflexivos. La mayor parte de su obra es un canto a los objetivos de la revolución y a la clase obrera. De ellos se desprende esa ilusión presente en la mayoría de los participantes del movimiento, ese fervor y confianza en el futuro. Es importante señalar que Mayakovski fue uno de los autores que supo llevar la revolución fuera de Rusia, su poesía atravesó las fronteras y conquistó el corazón de personas de muchos otros países.

Hay otra poesía de Mayakovski mucho más lírica e intimista que tampoco debemos pasar por alto. Poemas que dedicó a su gran amor Lilí Brik, con quien pasó los últimos años de su corta vida, y otros en los que plasmó su búsqueda existencial. en los que se perfila una mirada cariñosa y romántica. Esa pasión la ,mantuvo hasta el final, cuando decidió quitarse la vida. Dos días antes había escrito una carta de despedida pidiendo perdón y asegurando que no existe para él otra salida, otro posible final.

Según el testimonio de Lilí, Mayakovski era un hombre muy atormentado por la idea de envejecer; a tal punto llegaba su obsesión con la vejez que le había confesado que se quitaría la vida antes de los 35. En ese miedo radica su intención de quitarse la vida y aunque no consideraba (y lo dejó escrito) que fuera esta una buena forma de acabar la existencia, sentía que para él no existía un método mejor. La vida lo fue consumiendo más y mas, hasta que decidió poner en práctica esa idea. Fue el 14 de abril de 1930.

Con Mayakovski tenemos a un poeta que fue capaz de revolucionar el sentido de la poesía, y aunque desde nuestro presente podemos no estar de acuerdo con muchas de sus ideas, leerlo puede servirnos para captar esa ilusión y ese fervor de un tiempo en el que ser era hacer políticamente, construir un país en el que se confiaba. Eso es lo que nos dejó la Revolución Rusa, a la que debemos volver indefectiblemente para entender qué nos ha pasado para convertirnos en criaturas tan tibias.



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