Responsabilidad civil-lectora

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Con esa sentencia concluía Estrella de Diego hace unos meses un artículo sobre la tasa impuesta a los lectores que desearan sacar libros de las bibliotecas. Dicha nota fue publicada en Babelia y se las recomiendo. Pienso que esa frase me viene como anillo al dedo para apostillar este artículo.

Vivimos en una época en la que quieren convencernos de que la cultura va en declive: que ya no hay buenas obras de arte, que no hay dinero para difundir el trabajo de los artistas y que por eso es necesario decretar «ciertas» leyes. Leyes que ponen en peligro la estabilidad material de instituciones que vienen trabajando en favor de la cultura desde hace décadas o siglos como las bibliotecas. La gota que rebalsó el vaso ya casi desbordado fue el Real Decreto 624/2014 lanzado en España hace unos meses a través del cual

He pasado por todos los estados frente a esta noticia. Y posiblemente no tenga la autoridad para escribir estas líneas; no obstante, pienso que reflexionar es lo mejor que podemos hacer los seres humanos. Entonces, pienso y los invito a meditar en torno a tres cuestiones que me dispara este decreto: las obligaciones del Estado, la cuestión de la cultura gratuita para todos y la responsabilidad civil. Sí, a simple vista puede parecer que no son temas relacionados con la literatura pero, se asombrarían de lo mucho que se encuentran vinculados con esta disciplina y con nuestro derecho a leer, enriquecernos y compartir este bello arte con el resto de las personas.

Las obligaciones del Estado

No creo en la democracia; fue poco el tiempo en el que me aferré a ella. Así como los demócratas dicen que el socialismo ‘fue una brillante pero utópica idea‘, lo mismo ocurre con la doctrina política que se caracteriza por poner en palabras y en actos la voluntad del pueblo: es una utopía rotunda que por alguna razón la mayoría de los ciudadanos se resiste en asumir como tal. Pienso que resulta una utopía cómoda en la que con votar a nuestros representantes ya nos sentimos tranquilos y podemos dedicarnos a nuestras ególatras vidas, pero las consecuencias de esta pasividad pueden ser atroces. Y en la práctica, no hay cómo evadirlas.

Al margen de nuestra ideología política, vivimos en una sociedad teóricamente democrática y debemos aprender a distinguir entre las responsabilidades del Estado y las que tiene cada uno de nosotros como ciudadano. Va siendo hora que despertemos, que dejemos de llorar como hermanos menores y trabajemos entre todos por sostener a esas instituciones que son de todos. Si cada ciudadano lo hiciera podríamos conseguir algo; mientras sigamos pensando que todos los grandes cambios tienen que venir sustentados por un sistema político (sea cual sea) me temo que los resultados seguirán siendo los mismos, y las bibliotecas y los teatros volverán a ponerse en peligro pasado el auge de eso a lo que muchos llaman «revoluciones populares» y que ni siquiera deberían llevar este nombre.

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La cultura gratis

Vivimos en una época en la que creemos que todo debería ser gratis. Vamos a una lectura poética y pretendemos no pagar por ello; no nos detenemos a pensar que detrás hay un grupo de personas que organizó el evento y un o unos poetas que vienen trabajando duro sus versos y que deben aceptar a leer de forma gratuita o no mostrarse. Por lo único que aceptamos pagar es por ir al teatro o al cine, y aún así esperamos a «la fiesta del cine» para pagar menos: pretendemos disfrutar del arte de forma gratuita , lo consideramos un derecho como ciudadanos.

Durante años nos han acostumbrado a que debemos tener todo gratis, que es nuestro derecho. ¡Mentira! Va siendo hora de que despertemos. ¿Por qué pagamos sin chistar al adquirir un pantalón o al comprar pan o galletas en el supermercado pero nos resistimos a pagar por disfrutar de cualquier bien cultural?

Creo que parte del despertarnos es comprender que los artistas también viven en este mundo, con sus alquileres, sus impuestos, sus gastos y que cuando van a hacer la compra no reciben un ‘Llévese lo que quiera, si trabaja gratis para nosotros, entonces nosotros también lo haremos para usted’ (si así fuera, no me habría sentado a escribir esta nota).

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La responsabilidad civil-lectora

Vivimos en una época en la que tratan de convencernos de que se terminarán las bibliotecas, las salas de teatro, las estaciones de arte; ¿y qué tal si les digo que es nuestra responsabilidad que eso no suceda? Creo que es un buen momento para tomar cartas en el asunto, para volvernos necesariamente útiles y responsables de nuestro patrimonio.

En lo que respecta al decreto me dispara dos ideas que aunque a simple vista pueden resultar contradictorias, en la práctica no lo son. Estoy de acuerdo con que los autores sean remunerados por el uso de sus libros en las bibliotecas, a menos que como dije antes se ayude a estos artistas con otro tipo de subvenciones. Lo que no me parece razonable es que los usuarios deban pagar por los préstamos obligatoriamente.

Lo ideal, (quizás, utópico) sería poner en marcha campañas de donación a las bibliotecas para poder mantenerlas entre los ciudadanos; para que cada uno aporte lo que podemos. Pero ¿no sería impracticable esto en un mundo en el que la cultura debería ser gratis? Llegado a este punto supongo que este decreto es anacrónico, habría que cambiar primero el pensamiento de las personas para asegurarnos de que esta decisión no terminará afectando a los ciudadanos que más necesitan de las bibliotecas; que son, irónicamente, la razón por la cual estas instituciones existen.

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El gran revuelo que se ha armado en torno al pago de las bibliotecas me parece mal enfocado. El problema no es que los autores reciban un rédito pos sus libros, sino que cada lector deba pagar un precio establecido; el problema tampoco reside en que las bibliotecas tengan que pagar, sino en que los ayuntamientos no les otorguen una cuota acorde con sus gastos; el problema tampoco es que los ciudadanos tengamos que pagar, sino que tengamos que hacerlos todos por igual. Muchas personas necesitan de las bibliotecas y deberíamos colaborar con que éstas sigan llevando a cabo su labor que es llevar cultura a los sectores más necesitados.

En este punto se hace evidente otra de las trampas de la democracia: creemos que con pagar los impuestos es suficiente y que el Estado debe encargarse de todo. Queremos justicia y bienestar pero pretendemos que otros se encarguen de conseguirlos para todos. No podemos asumir nuestra responsabilidad civil porque ni siquiera sabemos en qué consiste y, acaso, preferimos no saberlo.

Vivimos en una época en la que marcamos con una cruz en la declaración de la renta para donar nuestro dinero a instituciones corruptas pero no estamos dispuestos a colaborar por sostener esos espacios donde realmente está en juego el futuro de la infancia, como las bibliotecas. En esta época vivimos y de nosotros depende creer que son malos tiempos para la cultura.

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Comentarios2

  • Rapsodico

    Vaya artículo! Lo literario y lo político unido de la mano. Lo primero es felicitarte porque no es sencillo hablar de temas tan incómodos para gran parte de la sociedad.
    Estoy prácticamente de acuerdo en todo lo que planteas. Creo que la sociedad es excesivamente pasiva y está adoctrinada por el pensamiento del poder durante siglos. Al poder nunca le ha interesado que el pueblo tenga acceso a la cultura. De haber podido acceder, seguramente no hubiera permitido las fechorías que han venido haciendo a lo largo de la historia.
    Lo gente tiene equivocada la idea de lo que es el arte y el trabajo que hay detrás de cada palabra, dibujo, melodía... Y por ello, le resulta difícil pagar por asistir a un recital. Por el contrario, asumen tener que pagar por sacar un préstamo de la biblioteca. Es lo que quiere el poder y en esa estamos.
    Esperemos que seamos capaces de reaccionar y evitar un deterioro aún mayor que lo que ya tenemos.
    Un abrazo, Tes.

    • Tes Nehuén

      ¡¡Muchas gracias, Rapsódico!! Me alegro de que te haya gustado. A decir verdad es un texto que me andaba dando vueltas desde hacía tiempo y que se ha empeñado en salir hoy, jejeje.
      Un abrazo enorme. Da gusto tener lectores como tú.

    • Luis Alvarez

      Grande, grande es ese artículo. ¿Podríamos agregar otra utopía? Solicitar a los autores que renuncien a ese pago por la consulta en bibluiotecas, para, así, colaborar con la cultura popular. Gracias.



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