«Poeta en Granada. Paseos con Federico García Lorca», de Ian Gibson —Ediciones B—

«Poeta en Granada», de Ian Gibson —Ediciones B—Lorca fue un poeta más árabe que andaluz. Esta es la gran premisa que se desprende de la última obra del inmenso Ian Gibson, “Poeta en Granada. Paseos con Federico García Lorca” (Ediciones B). Un libro construido con muy buen gusto que nos lleva a través de los lugares emblemáticos por los que pasó-sufrió-amó el poeta más deslumbrante de todos los tiempos.

A grandes rasgos podría decirse que se trata de un libro de viajes extremadamente poético, en el que vamos disfrutando del paisaje mientras leemos lo que la voz misteriosa de Federico sintió en ellos. Una lectura obligatoria para cualquier amante del universo lorquiano y para aquéllos que deseen conocer a fondo esta asombrosa ciudad andaluza.

Paseos tras los pasos de Lorca

“Noches en los jardines de España” es una de las composiciones de Manuel de Falla más impresionantes. Imposible habría sido dicha obra sin la Alhambra, el Albaycín, el Generalife y tantos rincones mágicos de Granada. Esta pieza se estrenó en el Palacio Carlos V en 1916. Falla tocaba el piano y, posiblemente, Lorca se hallaba entre el público. ¿Por qué Granada para dar vida a estos dos magos; por qué para permitir la creación de obras inolvidables? Parece esta la pregunta que se hace Ian Gibson y cuya respuesta encuentra en la escritura de este interesante libro.

“Poeta en Granada” se encuentra dividido en nueve paseos. El viaje comienza en La Alhambra y el Generalife, sin duda los responsables de que esta ciudad provoque suspiros en personas tan diversas. La Colina Roja, el edificio de Puerta Real, la calle Mesones, la Acera del Darro, la Gran Vía, el Arco de Elvira, la Catedral y la Iglesia de San Miguel Alto, son los lugares que iremos recorriendo a lo largo de la lectura. El último paseo se corresponde con el calvario de Federico, su último viaje, y aunque es absolutamente desgarrador ofrece esa luz que sólo puede dar la poesía.

Pasaremos también por los emblemáticos barrios de Sacromonte y Albaycín, la Huerta de San Vicente y los lugares del interior de la provincia donde Federico pasó sus primeros años: Fuente Vaqueros, Valderrubia y Alfacar. Lugares que el poeta compartió con sus colegas y amigos: Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí, Daniel Vázquez Díaz, Miguel Pizarro, Ángel Ganivet, Luis Rosales, Salvador Cobos Ruedas, Clotilde García Picossi… y la lista sigue y sigue, porque todos sabemos lo extrovertido y sociable que podía ser Federico y los muchos amigos que cosechó a lo largo de su vida.

«Poeta en Granada», de Ian Gibson —Ediciones B—

Poeta de otro tiempo

Lorca era un poeta más árabe que andaluz, dice Gibson. Y es una frase que hay que saber descifrar: abrir como si fuese la fruta color escarlata para saborear su verdadero significado. Como buen artista revolucionario Federico fue un hombre muy afectado por el entorno en el que nació pero con una visión de temporalidad muy despegada de los parámetros reales. Un joven sediento de libertad, de aventura y de poesía y consciente de que la única forma de poder apreciar la vida en su sentido más amplio era desde el cruce cultural-racial. Esta idea lo llevó a enamorarse profundamente de aquella perdida Granada del siglo XV, construida en base al intercambio pacífico entre cristianos, judíos y musulmanes.

Aquí podemos vislumbrar el primer gran desapego de Federico con su época pero también la gran llaga de su vida: la imposibilidad de sentirse feliz en el mundo que le había tocado y la añoranza constante de una vida que jamás se haría realidad. En estas dos ideas gira gran parte de su obra, que se va construyendo en figuras exorbitantes, amores imposibles y vidas destrozadas a causa de la incomprensión experimentada con el entorno, y también en ellas se centra Gibson para construir la peculiar relación de Lorca con su ciudad. Es evidente que aunque vivía en la Granada de principios de 1900, la suya era la Granada que Boabdil no supo defender lo suficiente; de la ciudad de su tiempo, Lorca escribió que poseía:

Gibson nos muestra la melancolía desoladora que caracterizó la relación del poeta con la ciudad, presente en toda la obra del poeta, y se pregunta si acaso esa sensación de extrañeza y misterio que coquetea con la muerte en sus escritos no sería la consecuencia de un sentimiento mucho más profundo de pérdida, quizás proveniente de sus primeros años (de los que todavía no sabemos demasiado).

«Poeta en Granada», de Ian Gibson —Ediciones B—

El último paseo de Federico

Siempre me he imaginado a Federico como un hombre muy simpático, al que se podía querer enseguida; intuyo que algo difícil de llevar, dada su extrema sensibilidad, también. Pero siempre lo he visto rodeado de personas. Por eso su muerte me sigue impactando extremadamente; porque ¿cómo es que habiendo tanta gente que lo quería-admiraba nadie supo socorrerle-salvarle de la muerte?¿Cómo se puede estar tan solo-abandonado? Esa es quizá la intriga que a muchos nos surge al leerle: Lorca era un hombre solitario; su mirada apasionada y su inmensa capacidad para conectarse con el mundo de lo sensible le alejaban de la realidad. Es posible que, en esa dicotomía en la que vivía inmerso, quizás, no supiera golpear la puerta adecuada. La lectura de este libro puede ser una interesante forma de indagar más en esa pregunta y de conocer nuevos detalles sobre la personalidad y también sobre la muerte de Federico.

Dos capítulos dedica Gibson para reconstruir ese largo calvario que vivió Lorca, desde que se marchó de la Huerta de San Vicente para alojarse en casa de su amigo Rosales, donde era imposible que le buscaran los del Movimiento Nacional, hasta que lo llevaron al Gobierno Civil y de allí al sitio en que lo asesinaron, aunque se desconoce dónde está exactamente. Sobre esta muerte vergonzosa de la historia española se sabe todavía poco; todavía hay mucho miedo de enfrentar ese pasado tan doloroso y de poner en palabras y nombres lo acontecido durante la Guerra Civil.

En estos paseos dolorosos, Gibson nos ofrece las diferentes líneas de investigación que existen en torno al sitio donde debería hallarse el cuerpo de Federico, siendo la suya la que se inclina a creer que el asesinato tuvo lugar en Fuente Grande, otro sitio conocido por Federico y que tiene en árabe un nombre muy bonito, Ainadamar, que podría traducirse como “la Fuente de las Lágrimas”. Lorca era un poeta árabe y que lo fusilaran allí no fue casualidad. Esta última parte del libro es absolutamente reveladora, pero también imposible de leer de corrido: podemos sentir su angustia en esos momentos cruciales, descubrir la soledad y la crueldad que le rodea, ¡es una experiencia realmente sobrecogedora!

Decía que todo el libro nos ofrece una mirada a los rincones que marcaron la vida de Federico, y es muy interesante la forma detallada en la que Gibson nos presenta la ciudad. No sólo en el texto encontramos una guía definitiva sobre qué ver y cómo acceder a los sitios amados por Lorca, sino que cada paseo viene acompañado de su propio mapa, y hay también algunas fotografías. Por otro lado, posee un anexo completísimo con información turística relevante relacionada con los horarios de visita de ciertos lugares y la forma en la que se puede solicitar la entrada. Sin duda sería perfecto ir tras los pasos de Federico, recorriendo sus calles, con este libro en la mano, para no perdernos absolutamente nada.

«Poeta en Granada», de Ian Gibson —Ediciones B—

Pasear de la mano de Gibson

“Poeta en Granada” es un libro lleno de cualidades. Principalmente pienso que lleva el espíritu de Gibson, esa lucha apasionada e irreverente que le convierte desde mi punto de vista en uno de los investigadores que mejor han sabido comprender a Lorca.

No sólo fue el primero que se atrevió a hablar de la homosexualidad de Federico, sino que además supo explicar muchísimos de los símbolos que había en su poesía, cuyo significado había sido tergiversado por la crítica para contribuir a la idealización de un poeta andaluz que poco tiene que ver con lo que Lorca quiso ser y fue. Pero lo más fascinante de Gibson es su pasión: consigue que te enamores de Federico (y si ya lo estabas, ¡imagínense!).

«Poeta en Granada», de Ian Gibson —Ediciones B—

Dice Gibson que España no termina de aceptar que aquí también hubo un holocausto, en el que murieron además de Federico miles de personas (muchísimas de ellas todavía desaparecidas, todavía no han sido ni siquiera nombradas); hay que ser valiente para decir eso.

Hay que tener una fuerza y una gran seguridad para atreverse a decir que el poeta nacional por antonomasia es gay, allá por los sesenta… y aún hoy (sólo basta rebuscar entre los textos publicados sobre Federico últimamente, donde se nota un esmerado esfuerzo por negar su sexualidad). La visión amplia de Gibson en torno a la obra de Federico me parece lúcida y apasionada, por eso creo que cualquiera que sienta atracción por Lorca debe leerlo.

Gibson, el extranjero que ama a España como pocos españoles, nos regala en este libro la oportunidad de mirar a través de los ojos del poeta. Quizá sea un buen momento para volver a Granada, Fuente Vaqueros, Asquerosa, Fuente Grande y Alfacar, libro en mano, para no perdernos absolutamente ningún detalle de la vida de Federico. ¡Es un plan turístico-lector alucinante! ¡Qué duda cabe!

¡Lean “Poeta en Granada”, vayan de la mano de Gibson tras los pasos de Lorca y déjense embriagar por el murmullo de una ciudad extrema donde corre la vida y la muerte misteriosa de uno de los poetas más fascinantes de la literatura universal!

«Poeta en Granada», de Ian Gibson  —Ediciones B—

 

POETA EN GRANADA.
PASEOS CON FEDERICO GARCÍA LORCA

Ian Gibson
Ediciones B
978-84-666-5775-4
304 páginas
20 €



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